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Enrique Ochoa conocerá las ruinas del PRI en Puebla

Este día que Enrique Ochoa Reza pise territorio poblano encontrará que el PRI está convertido en enfermo en terapia intensiva y una estructura que son puras ruinas.

Dos veces han perdido la gubernatura de Puebla (2010 y 2016), la Presidencia Municipal de Puebla (2010 y 2013), la mayoría en el Congreso del Estado y de las Presidencias Municipales.

El ex gobernador, Melquiades Morales, y su familia, son fieles operadores políticos de Rafael Moreno Valle.

El ex gobernador, Mario Marín Torres, arrastra aún el repudio social por su desastrosa administración y el escándalo de Lydia Chacho. Y ha sido pieza fundamental en las derrotas de Javier López Zavala y Blanca Alcalá Ruiz por su mala reputación.

Los principales operadores políticos que tenía el PRI hoy están bajo las órdenes de Moreno Valle.

Los diputados locales del tricolor son sumisos y hasta miedosos ante el mandatario poblano.

El PRI es una caricatura de oposición y sus perfiles y prospectos para las elecciones del 2018 no tienen un panorama mediamente positivo.

Su dirigente estatal, Jorge Estefan Chidiac, junto con la ex candidata a la gubernatura, Blanca Alcalá, se aferran por controlar el Comité Directivo Estatal del PRI pese a la desastrosa derrota de junio pasado.

Su partido en Puebla está lleno de traidores y simuladores.

No hay nada positivo dentro de su partido porque cada vez existe la certeza de que a los próximos candidatos a la gubernatura y a la Presidencia Municipal de Puebla los volverán a traicionar sus propios correligionarios.

Los aspirantes a la gubernatura de Puebla, Juan Carlos Lastiri, Enrique Doger, Javier López Zavala y Alejandro Armenta, no tiene ninguna confianza en Jorge Estefan Chidiac por su pésimo trabajo en la pasada campaña a la gubernatura de Puebla.

Blanca Alcalá ya no es una voz autoridad y con calidad moral para encabezar la reconstrucción de su partido porque no supo incluir a todos en la pasada campaña a la gubernatura.

Ese será el escenario que se encontrará Enrique Ochoa Reza en Puebla.

Un partido dividido, enfermo, sin rumbo y en plena agonía.

Hoy conocerá las ruinas en las que está convertido su partido en la entidad.

Y Enrique Ochoa no es precisamente un hombre respetado por sus logros dentro del propio PRI, por lo que nada bueno se puede esperar del nuevo dirigente nacional del tricolor.

El PRI va en plena picada rumbo al 2018 a nivel federal y en Puebla el panorama no es distinto.

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