El sexenio morenovallista, el adiós
Es imposible evitar comparar el gobierno morenovallista con el marinista, hablar de la imagen de la ciudad, de cómo deja el mandatario saliente el estado y cómo es que lo recibió.
Es muy sencillo.
Antes, era la Puebla revolucionaria, la que Mario Marín Torres advirtió algún día (en el Lydiagate) que no se despertara porque sus viejitos podrían armar una nueva revolución para defenderlo.
Aquella Puebla gobernada por el autonombrado Benito Juárez del nuevo siglo.
La Puebla de los coscorrones y de los poblanos preciosos.
Una Puebla abandonada, dejada de la mano de Dios.
Eso sí, una Puebla con nuevos ricos, con una clase política que gobernaba el estado a la consideración de amigos y compadres.
Esa Puebla de los escándalos y de los pocos avances muy cacareados.
El gobernador que antecedió a Rafael Moreno Valle Rosas tuvo la gran oportunidad de transformar el estado, perpetuar al PRI en el gobierno, pero prefirió llenarse las bolsas de dinero con ayuda de su grupo de amigos más cercanos.
El transporte público siguió siendo el mismo, con la misma mafia y los mismos defectos de siempre: viejo, inoperante, muy costoso e inservible para el futuro.
La obra pública se regateó y se limitó a la construcción de canchas de fútbol en distintos municipios.
El sexenio priista pasado -el marinista- fue todo un caos y un verdadero fracaso.
El PRI y Mario Marín prefirieron darle al pueblo pan y circo en lugar de impulsar un proyecto de gobierno a largo plazo, con frutos vistosos que al menos le dieran buena imagen a la ciudad capital.
El reto de superar el gobierno que le antecedió, para el gobernador Rafael Moreno Valle, quien ayer rindió su sexto y último informe de gobierno en lo que fue tal vez su magna obra, el proyecto del sexenio, Ciudad Audi, en el municipio de San José Chiapa, fue muy fácil de cumplir pero rebasó las expectativas.
Porque no hay que negar que hoy Puebla, capital, y en general el estado, son completamente otros.
La imagen que posee Puebla como un atractivo turístico no es nada comparada con la entidad que administraron otros gobiernos.
La Puebla de hoy es una Puebla moderna, de verdadero turismo, cultura, gastronomía, obra e imagen.
Los avances logrados por Rafael Moreno Valle son muchos y muy variados.
Desde luego son más los aciertos que los desaciertos, los cuales también los hubo.
Errores que incluso pudieron derivar en escándalos y manchas de sangre para el gobierno morenovallista.
El más claro fue el desalojo de los pobladores de Chalchihuapan, donde un menor de edad perdió la vida a causa de una herida en la cabeza provocada por un arma.
Otro yerro en el gobierno morenovallista fue el encarcelamiento de los opositores a las disposiciones del mandatario estatal, quienes incluso aún siguen encerrados por oponerse a algunos proyectos que se ejecutaron en el estado.
Un par más fueron, como en casi todos los gobiernos del país, el tema de la inseguridad y el ataque a la corrupción.
Sin embargo, insisto, los avances superan en mucho a los errores.
El gobierno de RMV dio un gran impulso a Puebla en distintos rubros, particularmente el turístico con la construcción de la Estrella de Puebla, el Teleférico, el cual habría sido un atractivo si hubiese sido construido de Los Fuertes de Loreto y Guadalupe al Barrio del Artista.
Empero, a pesar de ello a los poblanos les sigue gustando viajar en las cabinas del Teleférico.
Y lo mismo sucederá con el Tren Turístico, obra que está por inaugurarse.
Hoy por hoy, se diga lo que se diga, Puebla es un estado de vanguardia, con Pueblos Mágicos, con grandes obras que la hacen lucir y destacar entre muchos otros estados.
Gracias a la visión del gobierno que se va se rehabilitaron espacios públicos que antes
estaban abandonados y olvidados, tres de ellos son los estadios de fútbol, beisbol y el Auditorio de la Reforma. Además que se construyeron muchos otros como el Auditorio Metropolitano y Acropolis.
Son muchos los proyectos que podrían enumerarse y ensalzarse.
Fueron tal vez las formas para ejecutarlos las que dejaron un mal sabor de boca.
Porque Puebla sí que necesitaba de una nueva imagen para poder resaltar ante otros estados.
Vaya que el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas tiene patas para gallo en la disputa por la candidatura presidencial del PAN.
Por supuesto que está en la puja y aún no está muerto.
De entrada lleva ya cumplidas dos de sus tres grandes prioridades como político: haber sido gobernador de su estado y haberse convertido en una figura política nacional del partido que le dio cobijo, el PAN.
Ahora, a partir del primero de febrero, empezará a construir la plataforma para lograr su último y tercer objetivo: la candidatura presidencial que pudiera llevarlo a Los Pinos.
A ver si todo le sale bien como hasta ahora.
Sin duda, el sexto y último informe de gobierno de Rafael Moreno Valle fue un emotivo evento que deja atrás una nueva historia política para Puebla.
Por supuesto una historia política de éxito que, además, deja un gran legado, protagonizada por un estadista que gobernó ante la complacencia de una tibia e inexistente oposición.
En twitter: @poncharelazo
