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El perredismo ?aldeano? se vende caro

Tres enfermedades que lo ponen al borde de la muerte tienen el PRD poblano y su gris dirigente de papel, Socorro Quezada Tiempo, a quien no respeta ni el franelero que cuida los autos en los alrededores de su sede.

La primera, que el sol azteca es ya un partido muy manoseado por los falsos políticos de izquierda, quienes se han dedicado únicamente a utilizar a su partido como moneda de cambio para sacar beneficio propio, para vivir del erario y para continuar con el lucrativo negocio de simular ser de izquierda y actuar como revolucionario.

A estas alturas del partido dudo mucho que alguien se atreva a quedarse en las oficinas perredistas -para cerrarlas con llave- si es que Morena desbalija al partido, a su estructura, y se lleva a su trinchera a la mayoría de militantes.

No veo, tampoco, quién pudiera permanecer con la dirigente del sol azteca si es que en el PRD poblano hay una purga y una limpia de cara a los comicios locales que se avecinan.

Ordenada por los “Chuchos”, por supuesto, socios del gobierno local en turno.

Y es que a la dirigente parece haberle dado -otra vez- el mal de la “Chimoltrufia”.

Porque “como dice una cosa, dice otra”, y “así sustantivamente”, como dijera “Cantinflas”.

El segundo de los males del perredismo local son las disputas entre sus corrientes, la guerra infinita entre el grupo de los “Chuchos” -el de Nueva Izquierda (NI)- y el resto de las tribus que se pelean siempre por tres monedas.

Y en los últimos años, la vida del sol azteca no ha cambiado.

Ha ido de mal en peor.

Como dijera el “Perro” Bermúdez, “era suya y la dejaron ir”.

No aprovecharon la oportunidad de oro para hacer política de altura; sus militantes, quienes tienen cargos públicos, gozan de sus salarios sólo porque son parte de un acuerdo, no por su capacidad.

Aunque se aliaron al gobierno, los perredistas nunca aprendieron a ser gente, a hacer política seria.

Sólo basta recordar que fue precisamente la dirigencia perredista que entonces encabezaba el hoy líder del llamado Frente de Izquierda Progresista (FIP), Eric Cotoñeto Carmona, quien le levantó la mano al hoy gobernador Rafael Moreno Valle Rosas una vez que se alzó como el ganador de la elección local del 2010.

Esto, provocó que el resto de las corrientes a las que la actual administración estatal no convido de las mieles del poder se enfureciera y se fueran encima de la NI.

El PRD poblano, entonces, quedó desfondado, hecho trizas.

Al final del día, resultó un aliado muy incómodo para el morenovallismo por su sucio estilo de hacer política.

Siempre querían más y más poder, más y más dinero.

Fue así como empezaron a practicar el trueque político y la amenaza velada.

“O me das o te madreo”, fue su nuevo lema.

Hoy por hoy es evidente que los perredistas están sedientos de poder, de dinero y de riqueza desmedida.

Amenazan para tratar de sacar provecho en la elección a minigobernador.

Y es que precisamente la ambición es el tercer y único mal que podría llevar al PRD al ostracismo, a la perdición.

No es casual que Socorro Quezada haya soltado metralla en los últimos días, una encuesta y una declaración son parte de su ridícula venganza.

Aunque tampoco es tan brillante como para hacer las cosas por sí sola.

La dirigente perredista olvidó que tiene dueño.

Que no se manda sola.

Que las negociaciones se hacen en las alturas, donde ella no alcanza a ver.

Si alguien la ve por favor dígale que la alianza entre el PAN-morenovallista y su partido parece que va en serio.

Que le pregunte a Carlos Navarrete Ruiz, actual dirigente nacional del PRD; o a Jesús Ortega, dueño de la NI, qué tan avanzados van los acuerdos y las negociaciones con el inquilino de Casa Puebla para concretar su unión político-electoral en Puebla.

Se dice que aún hay mucho tiempo incluso para hacer cambios en las dirigencias estatales.

En Twitter: @poncharelazo