El mal del avestruz (el caso Chalchihuapan)
Es una vergüenza que los políticos de hoy, esos que presumen ser de la nueva clase política en Puebla, actúen, se muevan y respondan a las demandas de los ciudadanos conforme lo dictan sus intereses y su ambición por el poder.
Dan pena aquellos políticos a los que les da el mal del avestruz cada que les conviene.
Y es que con el polémico asunto de la mentada “Ley Bala” y el caso Chalchihuapan han salido a relucir los verdaderos intereses de quienes aspiran a alguna futura candidatura, en particular de quienes ya se postulan como aspirantes al gobierno del estado por cualquiera de los partidos.
¿Dónde carajo están Enrique Dóger Guerrero, Juan Carlos Lastiri Quirós, Blanca Alcalá Ruiz, Javier López Zavala y otros que ya se apuntaron -por el PRI- en la disputa por la candidatura al gobierno del estado?
Es un vil engaño la preocupación de estos políticos priistas por los poblanos o por el estado.
¿A quién quieren engañar, por favor?
Ya basta de demagogia y discursos baratos.
Los pobladores de San Bernardino Chalchihuapan hoy necesitan de su apoyo y a nuestros políticos les vale un comino.
Y en las mismas están nuestros flamantes diputados locales, quienes tienen el descaro de ignorar, o en el mejor de los casos defender una causa en lugar de tratar de corregir la ley para evitar más manifestaciones y desalojos sangrientos en Puebla.
No es posible que diputados, como Jorge Aguilar Chedraui y Francisco Rodríguez Álvarez, por el PAN, así como Pepe Chedraui, por el PRI, entre algunos otros, sean tan pasivos o se hagan de la vista gorda en el escándalo.
¿Qué no se han dado cuenta que un menor está al borde de la muerte?
Por favor, que alguien los despierte.
Es totalmente reprobable su actitud, igual que la de los manifestantes que no midieron la gravedad de sus actos al plantarse en un lugar donde circulan ciudadanos que habitan las comunidades cercanas, particularmente niños que entran y salen de las escuelas.
Lo mismo en el caso de las autoridades, las cuales tendrían que cortar las cabezas de aquellos quienes ordenaron dispersar la manifestación de los seguidores de la diputada federal perredista, Roxana Luna Porquillo, otra irresponsable más.
Es inevitable hacerse tonto y no utilizar los medios a nuestro alcance, en el caso de los integrantes del gremio periodístico, para condenar lo sucedido en la Vía Atlixcáyotl, el pasado 9 de julio.
Quien no lo haga es un cobarde.
Sin embargo, hay que dimensionar el evento y fincar responsabilidades, primero, a los diputados que aprobaron la referida “Ley Bala”, la cual permite utilizar toda clase de armas “no letales” para disuadir manifestantes.
Aunque el fantoche de Víctor Manuel Giorgana Jiménez, diputado priista del Congreso local, diga que la citada ley no da permiso para matar, también tiene responsabilidad en el caso por haber votado a favor de la norma.
Cada diputado de cada partido sabe qué tanta responsabilidad tiene en el caso.
Ahí está el ridículo que está haciendo el diputado, Pepe Chedraui, quien recorre la ciudad haciendo un proselitismo disimulado y abanderando un eslogan más falso que su negativa a querer ser legislador federal.
El priista, hasta el momento, no ha hecho valer su eslogan que a la letra dice: “El que ama a Puebla, se ocupa de ella”.
¿Alguien podría creerle que ama a Puebla, que se preocupa por ella?
¿Qué ha hecho por los heridos de Chalchihuapan?
Ni siquiera se ha pronunciado al respecto.
Y lo mismo sucede con otros priistas que aman, quieren, galantean y seducen a Puebla por puro vil interés.
Hoy es cuando se necesita que esos tiradores a cargos públicos ayuden al prójimo, a los afectados por las lluvias, a los desalojados violentamente por las autoridades, a los heridos de San Bernardino.
¿Y así quieren ser diputados federales, gobernadores, ediles?
Es una pena tener políticos de este calibre.
No es posible que nuestros funcionarios públicos sufran cada que les conviene el mal del avestruz. Siquiera que disimulen, no jodan.
¿Dónde está Guillermo Deloya Cobián, el redentor del PRI, de la justicia y de las causas nobles?
Ay, perdón, seguramente en el restaurante “Cuchilleros” -de donde no sale-, frente a la sede del Senado en la ciudad de México, disfrutando sus ricos tragos y promoviendo su imagen en el ámbito nacional.
¿Y Puebla, apá?
¿Y nuestros regidores?
¿Dónde están todos?
¿También se quedaron mudos?
¡Qué bárbaros!
En Twitter: @poncharelazo
