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El caso Ayotzinapa, las elecciones y la crisis político-partidista

Muy polémica sigue resultando la indagatoria, y todo el proceso ejecutado, para intentar esclarecer la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero.

El gobierno federal y el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) vaya que han tenido que batallar en torno al caso.

El país entero se les volcó encima.

Y hoy, sobre el resultado de la indagatoria, las opiniones están divididas.

Unos la creen y otros no aceptan ni una pizca.

Unos las aceptan y otros las rechazan y repudian.

Los padres de las víctimas, principalmente, siguen inconformes, incrédulos, y quién sabe qué vaya a resultar ahora que la Procuraduría General de la República (PGR) y su titular, Jesús Murillo Karam, ya dieron, prácticamente, carpetazo al asunto.

Es claro que al gobierno peñista le urgía cerrar y superar el asunto. Falta ver cuál será el costo.

Y los motivos para advertirlo son varios: la credibilidad del mandatario nacional está en juego, está en su peor momento; la aproximación de los comicios federales, la inseguridad, la crisis partidista, económica, política y social que se vive en el país.

Empero, las próximas elecciones son el motivo más fuerte, la verdadera preocupación.

Y es que el PRI y el presidente no pasan por la mejor de sus suertes.

Ya son muchos los conflictos, los yerros, las pifias y las enmiendas que se tienen que hacer al país para poder remediar su complicada situación política y social.

Ayotzinapa destapó la caja de pandora.

Abrió la cloaca de la política nacional, vomitó y puso en evidencia su verdadera esencia.

El caso le pegó con mazo al gobierno de la república; provocó un cisma en el PRD y lo desfondó.

El escándalo de los normalistas desaparecidos se disparó y repercutió en el ámbito nacional e internacional.

Hoy, según los padres afectados y el grueso de la población, no se sabe a bien qué fue lo que sucedió.

Muy mala señal para el PRI-gobierno.

Sin embargo, el cuento no para ahí.

Las malas noticias siguen pegándole al país.

Se acercan las elecciones, para renovar la cámara de diputados federal, y la crisis partidista, con el colofón de Ayotzinapa, se sigue agudizando.

Todo abona y apunta al abstencionismo. A más de lo mismo.

En el PRI no cesan los escándalos por Michoacán, por Guerrero, por Higa; en el PAN los demonios se soltaron y Gustavo Madero Muñoz, su líder nacional, sacó la guadaña para cobrarse las últimas facturas de sus viejos enemigos.

En el escenario político nacional todo es guerra, descomposición y desastre.

En el Verde ni pichan, ni cachan, ni dejan batear.

A los lidercillos del partido dizque ecologista les vale un pepino lo que le suceda al presidente Peña, a la ecología y al país.

¿Dónde está Arturo Escobar y Vega?

¿Recordará que es aliado del PRI y de Enrique Peña?

Al resto de los partidos les vale un comino el futuro de México.

Su único objetivo son las prerrogativas del proceso federal que ya camina.

Y como dicen que “a río revuelto, ganancia de pescadores”, Morena y Andrés Manuel López Obrador siguen avanzando.

Sus principales víctimas son los perredistas, degollar y sacrificar a EPN.

En Puebla, las cosas no cambian.

Al PRI le cuesta trabajo organizarse y cicatrizar sus heridas. Siguen peleadas sus tribus.

El PAN está controlado y rebasado por el morenovallismo, el grupo que lo controla.

El PRD está en la lona y Morena se crece.

Habrá que recordar quién ganó la última elección federal en el estado para tener claro un posible escenario político-electoral.

Uy, perdón, es cierto, en aquel entonces el ganón fue Morena.

En Twitter: @poncharelazo