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Soliloquio

El aspirante fugaz

Aunque no es un hecho consumado, la muy posible postulación del senador Luis Miguel Barbosa como candidato de Morena a la gubernatura de Puebla ha concitado múltiples comentarios, la mayoría en señal de reprobación.

La coincidencia en tono adverso proviene no sólo de analistas políticos y columnistas de diversos medios locales y algunos de cobertura nacional, sino también de militantes y ciudadanos comunes que han percibido al partido que comanda Andrés Manuel López Obrador como una real opción para los comicios del 2018.

En esa coyuntura hay quienes se han preguntado qué tan confiable puede ser la encuesta que la dirigencia nacional de Morena aplicó en Puebla para seleccionar a su virtual candidato a la gubernatura de la entidad.

Otros más suspicaces creen que dicho estudio no fue determinante, y lo que en verdad inclinó la balanza fue la decisión del propio Andrés Manuel, en correspondencia al inesperado gesto del senador Barbosa de abandonar el PRD para sumarse a su causa.

A la sombra de tales cuestionamientos está el académico Enrique Cárdenas, cuya súbita inclusión al movimiento morenista hace un par de meses logró despertar una enorme expectación.

En efecto, cuando el exrector de la Universidad de las Américas anunció su incursión a la política para participar en el proceso interno de selección de candidato por Morena, se pensó que no tendría rival.

Si bien estaba lejos de asumir el rol de un candidato adiestrado en el fragor de una campaña, su perfil ciudadano y prestigio profesional parecían buenos argumentos para que sobradamente pudiera dar la pelea por la gubernatura, auspiciado además por la inercia que concita el incuestionable liderazgo político de López Obrador.

El tema ha dado pie a para muchos comentarios.

Habrá ahora quien diga, con sobrada razón, que los partidos políticos son absolutamente autónomos para decidir el procedimiento para la selección de sus candidatos.

No hay, que se sepa, un método perfecto que deje satisfecho tanto a eventuales aspirantes, como a militantes y a potenciales electores.

En el caso de Morena, la dirigencia ha optado por realizar estudios de opinión en los que, básicamente, se pondera el nivel de conocimiento y la percepción general de los aspirantes.

Mediante ese método fue como se decidió en la ciudad de México la postulación de Claudia Sheinbaum, lo que dejó al margen nada menos que a Ricardo Monreal, uno de los hombres más cercanos y fieles de AMLO, quien con mucho de rencor y fustración ahora amaga aliarse al frente partidista que están conformando el PAN y el PRD.

Para la mayoría de críticos y observadores, Morena se equivocó en la capital del país. Y, a su juicio, cometió el mismo error en Puebla.

Lo cierto es que en el caso local, la carrera fugaz de Enrique Cárdenas dejó un mal sabor de boca, sobre todo a quienes le veían tamaños para competir.

El académico ha dicho que en su breve caminar propuso un gobierno decente y honesto, que a la vez fuera eficaz. “Un gobierno que colocara a la gente en el centro de la acción pública, especialmente a los más vulnerables y necesitados”.

Y ante su exclusión, consideró que desde Morena “se perdió la oportunidad de dar voz a los ciudadanos en la elección de 2018”.

Habrá que esperar si otros acontecimientos que habrán de derivarse durante las siguientes semanas, incluso meses, le dan la razón.

Falta mucho para el 1 de julio de 2018.

Queda por ahora y como colofón, la advertencia del propio Cárdenas tras su tránsito efímero entre los lodos de la política nacional: “Los partidos políticos no son, por ahora, los mejores instrumentos para organizar el poder en México. Su distancia de la sociedad impide un gobierno honesto, eficaz, y sobre todo, centrado en la gente”.