Descomposición priista en Puebla
Si en el PRI no logran entender que es urgente ya una purga entre sus filas y entre sus liderazgos, así como una limpia que eche al escusado las corrientes que ya no le sirven y que sólo le hacen daño con sus chantajes, el partido está destinado a la derrota.
Así de frío y de tajante.
Si los priistas no logran purificarse, limpiarse y reinventarse en los próximos meses y años de nada servirá todo el esfuerzo que pudieran realizar de cara al 2018.
Si los priistas siguen chantajeando, traicionando y abusando de las siglas de su partido van a terminar en una situación como la que vive en Puebla el PRD, un partido muerto en vida.
Tal parece que los priistas no han podido deducir, ni asimilar, todos los yerros que provocaron su derrota en el pasado proceso electoral, en el que se eligió a Tony Gali como el nuevo gobernador de Puebla.
Apenas terminó el proceso electoral local y los priistas de siempre, los que quieren ser todo, ya están buscando perfilarse como los candidatos idóneos para dizque erigirse como los salvadores de su partido.
Me parece que hoy por hoy en el PRI no tendría que estarse discutiendo quién es el mejor posible candidato a gobernador para 2018 sino más bien quién es el menos peorcito de todos sus tiradores.
Y en ese sentido, habría que subrayar que algo que nunca han hecho los priistas pero que deberían aplicar cuanto antes, antes de elegir a sus próximos candidatos, es pensar, analizar, estudiar e indagar todo el historial político, económico, personal y profesional de sus perfiles para después decidir quién los va a representar en los comicios siguientes.
Y es que resulta que por aquí nombran a su candidato o candidatos y, de inmediato, a estos les sale una larga cola, una fortuna económica inexplicable, propiedades, inversiones, negocios y una riqueza desmedida que es utilizada por la oposición para despedazarlos.
En ese sentido, mucho tienen que pensar los priistas que van a elegir a los candidatos a ediles, diputados y al próximo abanderado a gobernador.
Porque quién sabe hasta donde les pueda convenir que su juego de cartas sólo se limite a dos figuras: a Enrique Doger Guerrero y a Juan Carlos Lastiri Quiroz.
Me parece que se está sobrevalorando el capital de ambos priistas, quienes no mostraron apoyo alguno a su candidata Blanca Alcalá Ruiz (BAR) en la pasada contienda electoral.
Aún falta mucho para el 2018 y aún, también, es muy temprano para decidir si sólo Lastiri y Doger son los mejores gallos.
De entrada, ambos van a tener que brincar las acusaciones que les hace la propia Blanca Alcalá por traidores a su causa en el CEN priista.
Y es que el equipo de trabajo de ambos, hay que decirlo, poco o nada hizo por apoyar e impulsar a su candidata.
Si Doger o Lastiri quieren ser candidatos primero tendrían que explicarse cómo pintar de rojo la capital poblana, la cual es propiedad del morenovallismo.
Eso sí, si el PRI se enterca en seguir con los mismos, peor aún, con el gober precioso, Mario Marín Torres, como bandera de lucha, dudo mucho que vayan a cambiar las cosas en la próxima elección.
Los priistas están obligados a desterrar de una vez por todas al marinismo si es que quieren convertirse en una opción real de gobierno en Puebla.
Si BAR y su corriente retoman el mando del PRI en Puebla, entonces tendrán que reconstruir -piedra por piedra- un partido hecho trizas.
Tienen que volver a integrar una estructura, a crear grupos de apoyo, ciudadanos, a dejar atrás el clientelismo, el compadrazgo y el dedazo.
En el PRI hace falta un golpe timón para que pueda reaccionar y volver a ser el partido competitivo de antes.
El PRI no necesita de un proceso de reconciliación sino más bien de un laxante que eche de sus entrañas a todos quienes le han hecho mal satisfaciendo sus intereses personales y no los de su partido.
Porque tras la derrota del pasado 5 de junio bien se pueden preguntar los priistas:
¿De qué les sirvió Javier López Zavala y su supuesta estructura fantasma que sólo es una realidad en su mente?
¿Ayudó en algo José Chedraui Budib, el flamante dirigente priista en la capital?
¿Y su supuesta estructura dónde quedó, o también es puro engaño?
¿Y el capital de Alberto Jiménez Merino, ese con el que pretendía ganar si se convertía en el candidato?
¿Y Doger?
¿Y Lastiri?
¿Y Leobardo Soto Martínez, líder de la CTM?
¿Y Guillermo Deloya Cobián, quien se la pasó en los palenques de la feria en lugar de hacer campaña a favor de BAR?
¿Dónde quedaron todos los miles de votos que prometió el marinismo?
¿Y así quiere Marín el Senado?
“Pero que asquerosidad es esto”, dijera el clásico.
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