Constitución respetada
Más allá de toda filiación, debería ser leído con escrúpulo el mensaje que el pasado domingo pronunció el Presidente Enrique Peña Nieto en Querétaro, durante la conmemoración del centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En el recinto histórico del Teatro de República, el mandatario hizo un vigoroso llamado a la unidad nacional, no alrededor de una persona —incluida desde luego la figura presidencial—, ni tampoco a favor de un gobierno, sino en torno a los valores de la Constitución: soberanía, libertad, justicia, democracia e igualdad.
La convocatoria cobra realce en medio de lo que Peña Nieto llamó “una coyuntura difícil”, en la que paradigmas sociales, económicos y políticos a nivel internacional, están cambiando aceleradamente, y donde “los sentimientos de frustración, temor e incertidumbre se han extendido y agudizado en todos los continentes, ante un contexto cada vez más volátil y más complejo”.
Este ambiente de desencanto y de preocupación, dijo, es también un llamado de atención para nuestro país.
“Hoy nuestra Nación, como pocas veces en su historia reciente, está a prueba. Vivimos momentos cruciales en que se han conjuntado desafíos del exterior, con retos del interior”.
Por eso, insistió, “son tiempos de decisiones que no sólo van a determinar nuestro presente, sino también el futuro de nuestros hijos y el de las próximas generaciones”.
“Son tiempos que llaman a la unidad: unidad en lo esencial, unidad como sociedad y como nación; unidad para encontrar juntos soluciones a las exigencias de nuestro tiempo”.
“De la claridad y firmeza con que actuemos, y de la unidad que preservemos, dependerá el bienestar de México”, enfatizó.
El marco para tal exposición, que por explicita no requirió de alusiones, era el propicio.
Y la convocatoria, sin dobleces, se revaloró al referir a los Constituyentes del 17 —insurgentes, liberales y revolucionarios— de quienes, dijo, “deberíamos aprender porque supieron anteponer sus intereses en un ánimo de reconciliación”.
“Honremos la obra de los Constituyentes y escribamos juntos una página que sea recordada, como nosotros recordamos la de ellos; una página de unidad y orgullo nacional, una página de valor y dignidad”, concluyó.
Al oído
Con motivo de los cien años de la Constitución se desataron los más diversos y contrapuestos comentarios.
Analistas y jurisconsultos por igual se preguntan qué tanto ha evolucionado nuestro marco jurídico al paso de los años, si las múltiples modificaciones han obedecido en verdad a la realidad social o lo fueron de mera coyuntura, y hasta si acaso el espíritu del texto original se ha deteriorado tanto, hasta perder su esencia al paso de los años.
Cada quien tiene su propia visión y su respuesta.
Lo cierto es que por tantas adiciones, la extensión del texto de 1917 es hoy cuatro veces más amplia, es decir, se ha cuadriplicado.
Durante 100 años, se han introducido a la Carta Magna un total de 699 reformas, de las cuales, 344 se aplicaron sólo en los últimos 20 años.
La estadística indica que Enrique Peña Nieto es el Presidente que ha impulsado más reformas, con 147 en lo que va de su administración; le sigue Felipe Calderón, con 110 modificaciones, Ernesto Zedillo con 77, Miguel de la Madrid 66 y Carlos Salinas 55.
El artículo 73, que se refiere a las facultades del Congreso, es el que más modificaciones ha tenido, con un total de 77.
¿Es relevante cuantificar los ajustes en el texto constitucional?
¿Responde nuestra Constitución a las necesidades actuales?
¿Contiene preceptos prácticos para la mejor convivencia o ellos sólo son aspiracionales?
¿Después de tanto “parche”, de plano valdría la pena abocarse a una renovación integral, una nueva Constitución?
Entre esas y otras preguntas de mera visión ciudadana, me quedo con la reflexión de que hay quienes creen que los mexicanos seríamos más felices con una Constitución renovada, mientras otros, y me sumo, que seríamos más felices con una Constitución verdaderamente respetada.
