¡Basta ya!
Describo hechos recientes, de la pasada semana.
En Montana, Estados Unidos, molesto por una pregunta que le incomodó, un candidato republicano al Congreso sujetó del cuello y luego tiró al piso a un reportero del diario The Guardian.
El acto fue condenado por el Comité para la Protección de Periodistas, con sede en Nueva York y por su lado, el Instituto Poynter, que promueve un centro de estudios periodísticos de Florida, dijo que este tipo de agresiones empezaron antes de Trump, pero él definitivamente los ha exacerbado.
Los reporteros son sujetos de abusos todo el tiempo, la mayoría son verbales, pero no es difícil imaginar que se conviertan en físicos cuando el Presidente llama a los periodistas “escoria, malas personas, gente diabólica o enemigos del pueblo”, añade el organismo académico.
Aquí en México, el periodista José Cárdenas tuvo un duro roce con el presidente de Morena Andrés Manuel López Obrador, cuando lo entrevistaba para un programa noticioso en radio.
Al cuestionarlo sobre su presunta alianza con Elba Esther Gordillo- evidente por el apoyo de la lideresa a favor de la candidata de Morena en el Estado de México-, el dirigente partidista se encolerizó y le pidió al periodista decir la verdad y no calumniarlo.
José Cárdenas se sintió ofendido y dio por terminada la conversación.
Estos hechos demuestran en buena medida la cotidiana dificultad que durante el ejercicio de su función afrontan los periodistas en todas las latitudes, y aunque esas conductas son inadmisibles y generan un ambiente de tensión, hay otros sucesos que sí ameritan la atención.
Y es que ojala que las cosas llegaran sólo a eso, y no pasaran de una mera intransigencia.
En el caso de México, por desgracia, la situación es mucho más grave.
La violencia física es un hecho, y proviene, en la gran mayoría de las veces, de la delincuencia organizada.
Tan solo en lo que va de este año han sido asesinados cinco comunicadores, entre ellos, Miroslava Breach y Javier Valdez, conocidos por sus trabajos de investigación de grupos delictivos dedicados al narcotráfico.
El par de casos engrosan una larga lista.
Según el Informe Estadístico de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, desde el año dos mil ya van 104 periodistas asesinados, siendo Chihuahua (16), Veracruz (16) y Tamaulipas (13), los estados más afectados.
También se tienen registrados 25 reporteros desaparecidos con Veracruz, Tamaulipas y Michoacán encabezando la lista, cuatro cada uno.
A la fecha, suman 106 periodistas asesinados en lo que va del siglo XXI.
Esta escalada de violencia derivó en un desplegado que al menos 39 medios mexicanos y extranjeros publicaron hace una semana, en el que bajo el título de “¡Basta ya!”, denunciaron la “ofensiva asesina” contra profesionales de la información.
En un texto del inédito se exige al Estado que garantice el derecho a la información y la seguridad de los comunicadores, en tanto que los medios se comprometen a realizar foros para acordar medidas ante las amenazas y ataques que sufren los periodistas.
“Hoy en México la impunidad, la corrupción y, en especial, el crimen organizado, han puesto en riesgo una labor fundamental para la sociedad”, añade el comunicado suscrito por los grupos periodísticos más importantes del país, además de otros extranjeros muy acreditados, como El País de España, O Globo de Brasil, El Tiempo de Colombia, El Nacional de Venezuela, El Comercio de Perú y el Mercurio, de Chile entre otros.
Es más que oportuna y pertinente la exigencia de seguridad para los periodistas, para permitir que la garantía constitucional del derecho a la información sea posible, sin dejar de reconocer que en general el clima de violencia en el país se ha enrarecido por todas partes y afecta a todos los sectores por igual.
Aun así, la reincidencia de periodistas agredidos debe contenerse pronto por el rol social que juegan los medios de comunicación.
Bien lo describe el periodista colombiano Javier Darío Restrepo, autor del Consultorio Ético de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) Gabriel García Márquez, quien afirma que “México está pasando por una situación de excepción, en la cual está comprometido el bien público de manera grave e intensa” y ofrece “grandes peligros” para los comunicadores.
Ante ello, advierte que es toda la sociedad la que tiene que actuar mancomunadamente, “porque es toda la sociedad la que está amenazada”, y es necesario que los medios mexicanos se solidaricen entre ellos, “para que los criminales sepan que cuando se ofende a uno se les ofende a todos”.
El connotado periodista, que vivió épocas de terror en su país durante el apogeo del narcotráfico, también hace sugerencias y refiere, además de la exigencia gremial para una mayor protección, que en su función cotidiana los medios aprendan a trabajar en equipo para, por ejemplo, discutir el abordaje que se va a dar a determinadas coberturas, o en su caso no publicar las amenazas de la delincuencia organizada”.
Al respecto, señala que en su libro El miedo es el mensaje, Javier Contreras dice que a falta de un examen crítico, los medios de comunicación se convierten en idiotas útiles al servicio de los delincuentes, por eso es muy importante analizarlo, no sólo por el periodista que cubre ni por el periódico que va a publicar, sino que debe haber una unión entre los periódicos donde se estudien estos casos para beneficio de todos.
AL OÍDO
Lobos Buap gana el título de la división de ascenso jugando sólo con jugadores mexicanos, y el pasado domingo las Chivas de Guadalajara hicieron lo propio en el máximo circuito al derrotar a Tigres de la Universidad de Nuevo León.
Un mensaje de múltiples lecturas.
