Basave, ¿el salvador de la izquierda?
Vaya reto, desafío, pelea o como se le quiera llamar, tiene enfrente el académico, periodista y político Agustín Basave Benítez, como nuevo dirigente nacional del PRD, en sustitución de Carlos Navarrete Ruiz, el fallido alfil de “Los Chuchos” y la Nueva Izquierda (NI).
Tratar de gobernar y hasta organizar al partido del sol azteca no es una tarea nada fácil.
Muy al contrario, el partido “más grande” de la izquierda mexicana parece que nunca podrá volver a ser el mismo.
Ni con la ayuda de Basave, ni con un milagro de los dioses aztecas, el PRD, estoy seguro, volverá a ser una opción real de gobierno, un partido confiable o un proyecto político en el que crea y por el que se incline la gente.
El PRD de hoy sólo es una franquicia partidista que tendría, necesariamente, que morir y extinguirse para poder volver a nacer convertido en una nueva opción, con otro régimen, con nuevos principios, con personajes fiables, confiables, honestos y sensatos.
Si Agustín Basave, hombre recto y además creyente del colosismo, piensa que transformar el PRD de un plumazo es algo sencillo está muy equivocado.
El Partido de la Revolución Democrática adolece de muchos males, y él bien lo sabe.
En el PRD la guerra interna entre sus tribus no va a terminar si no se acaban los intereses particulares, si no extermina la corrupción, si no se desaparece la negociación por debajo de la mesa, si no se aniquilan los abusos políticos y económicos.
La NI y “Los Chuchos” son el mejor ejemplo de lo que es el PRD.
La sucesión de Carlos Navarrete se dio precisamente por el desgaste y lo sucio que representa la corriente mayoritaria en el sol azteca.
Dudo mucho que un solo hombre pueda transformar de la noche a la mañana al partido que abandonaron otros destacados “demócratas revolucionarios” como Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y/o Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quienes no pudieron con la putrefacción política enquistada en las entrañas perredistas.
Ambos, hay que subrayarlo, prefirieron huir y abandonar al PRD a su suerte que morir junto al partidazo.
La izquierda mexicana adolece de partidos, organismos o instituciones que profesen una verdadera ideología revolucionaria, socialista y democrática.
En el PRD, entre su militancia, corrientes y liderazgos, vale más lo que se gane para uno que lo que se obtenga para todos.
Me pregunto, por ejemplo, ¿por qué el senador Luis Miguel Barbosa Huerta, ya apostado en la Cámara Alta del Congreso de la Unión se desmarcó de Los Chuchos, la corriente donde se hizo?
¿Por qué hoy pretende emplazar a Agustín Basave, para decir NO a las alianzas, cuando en el pasado él operó muchas otras entre la izquierda -su franquicia en Puebla- y la ultraderecha?
El mejor ejemplo de aquella coalición se dio en el 2010, en el estado.
Si el PRD continúa con la simulación, con el “gatopardismo”, con el engaño, la mentira, la diatriba, la calumnia y el juego sucio, aunque la dirigencia cambie mil veces el pensamiento y el alma putrefacta del partido seguirán allí, lo mismo que sus oscuras negociaciones.
Quién sabe cuánto tiempo, dinero y esfuerzo esté dispuesto a dejar el nuevo dirigente perredista por transformar el PRD.
Quién sabe, también, cuánto esté dispuesto a arriesgar para transformar al sol azteca.
Debe estar consciente, además, que no se necesita sólo maquillar al PRD para que éste parezca otro, sino se requiere de un verdadero cambio para refundarlo, algo muy pero muy profundo, más allá de los discursos y las buenas intenciones.
Tampoco puede ser el sol azteca una nueva sucursal de Morena, el partido de AMLO.
¿Qué caso tendría entonces haber renovado la dirigencia nacional?
Porque ni siquiera Morena parece un partido social-demócrata.
Los poblanos vivimos en carne propia la enfermedad perredista, los males de un partido en decadencia, sin futuro, sin visión, sin mayor interés que el económico.
Para transformar al PRD poblano en un partido decente tendría, Agustín Basave, primero que matarlo.
No veo de qué forma podría unificar, en el estado, por ejemplo, a la NI, a la corriente de Miguel Barbosa, el Frente de Izquierda Progresista (FIP), encabezado por Eric Cotoñeto Carmona; a la corriente de Roxana Luna Porquillo, Alternativa Democrática Nacional (ADN); o a la de Jorge Méndez Spínola, Izquierda Democrática Nacional (IDN).
¿Alguien cree que sus líderes se van a sentar juntos en la misma mesa sin mentarse la madre?
Yo, lo dudo.
Que corran las apuestas.
En Twitter: @poncharelazo
