Aires de esperanza
Pese a la incertidumbre y el desaliento que irremediablemente prevalecen, el año 2018 empieza con aires de esperanza.
Las cosas pueden cambiar, si esa es la propuesta colectiva.
No basta con buenos deseos.
La participación social será, quizá hoy como nunca antes, definitiva.
El año que se fue deja heridas abiertas.
Son muchos los agravios.
Muchos más los males que reclaman pronta cura.
En el recuento, laceran los índices de violencia, que parece incontrolable.
2017 terminó con 10 mil ejecuciones, casi el doble registrado en el 2015.
A ello se añade el delito común, ya cotidiano, del que todos somos víctimas: robo de autos o de partes, asalto a casa habitación, despojos en la vía pública a cualquier hora y en cualquier lugar.
Al parejo y como hiedra venenosa, la corrupción penetra en todos los estratos.
Y con ella, la impunidad que tanto duele.
Además, la economía se percibe poco estable; inflación a la alza, bajos salarios, amenaza de fracturas en el Tratado de Libre Comercio.
Y a todo ello, este año se sumó la tragedia del 19 de septiembre que, no obstante, nos hizo ver de qué somos capaces cuando hay reacciones solidarias, hermanadas, propósitos comunes.
Esa debiera ser la premisa.
Iniciamos un año que será conmemorativo al movimiento social más significativo de la historia moderna.
La matanza del 68 en Tlatelolco cumplirá 50 años.
De ese suceso emanaron nuevos tiempos y ello fue posible por una participación social activa que supo y pudo remover inercias y actitudes.
Fueron aquellos tiempos frescos; el país se renovó en todos los sentidos.
Este referente puede ser de nuevo útil, necesario.
En 2018 ocurrirá la elección más grande de la historia.
Lo que decidamos, perfilará la nueva Nación que se reclama.
Y si bien el ambiente electoral se ha empañado por las disputas partidistas, cada vez más extremas y pragmáticas, siempre hay una opción que valga.
Hagamos valer nuestra calidad ciudadana.
El 1 de julio marquemos el destino del país con un voto informado y razonado.
Aquí no caben filias ni fobias.
Que nos confundan los discursos en tono de rencor o de utopías.
La oportunidad será histórica.
Habría que asumirla con visión.
Con esperanza.
