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Violencia de género: el relato de una sobreviviente que hoy pide justicia y no ser relegada

Esmeralda es una mujer a quien su pareja sentimental, con quien tuvo 2 hijos y duró casi una década, le roció ácido

Violencia de género: el relato de una sobreviviente que hoy pide justicia y no ser relegada
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Una noche antes de rociarle ácido en el cuerpo, Fidel todavía le dijo a Esmeralda que la amaba y que la dejaría en paz, pero a cambio, ella debía darle “un último abrazo”.

La joven, de ahora 25 años, ya había padecido demasiado al lado de Fidel, quien fue su pareja sentimental por casi una década y con quien tuvo 2 hijos. Parecía que todo iba bien los primeros años: discutían y él llegaba a reconciliarse con flores, prometiendo que todo cambiaría. Ella le creía. Después los golpes, y tras ellos, más disculpas y más “amor”.

Un día, el hijo de ambos defendió a su mamá ante el agresivo padre y eso la hizo reaccionar. Ya no quería más violencia en su hogar.

Fidel, originario de Cuautlancingo y a quien Esmeralda conoció por unos familiares, se empecinó en que ella y sus hijos volvieran con él, pero al ver que la joven ya no deseaba volver a la vida de maltrato, él intentó varias veces, llevarla a su casa de vuelta, acosándola por teléfono y personalmente.

El 1 de diciembre de 2018, Fidel fue a casa de la madre de Esmeralda -donde ella vivía con sus 2 niños- y le dijo que ahora sí la dejaría libre. Insistentemente, le pidió el itinerario que tendría al día siguiente.

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Nadie ayuda; hospitales no están preparados para estos ataques

El 2 de diciembre del 2018, Esmeralda y su madre se dirigían al baño de vapor, previo a una fiesta que habría en la tarde. A las 6:30 horas salieron del Fraccionamiento Misiones de San Francisco, abrazadas, como les gusta caminar.

Tres hombres de apariencia sospechosa se acercaron a ellas, pero no las agredieron, hasta que detrás de un tráiler estacionado salió un cuarto hombre, quien llevaba -igual que el resto- la boca y la cabeza cubiertas.

Esmeralda y Fidel se quedaron viendo a los ojos y enseguida, él le roció ácido en el cuerpo, que le tocó también a su madre y a él mismo -hechos registrados en la carpeta de investigación 18457/2018/ZC en poder de la Fiscalía General del Estado (FGE)-, aunque en menor proporción.

Cuando el agresor recibió el ácido en su cara, al forcejear con Esmeralda, huyó del lugar con sus secuaces y ella y su madre pidieron ayuda, que nunca llegó. Su ojo derecho, su cara, su cuello, su seno derecho, el cuerpo que algún día ella compartió con su amado, ahora era despreciado y maltratado, ardía y quemaba.

La familia llegó antes que los vecinos, antes que la policía o que alguna ambulancia. Su tía la trasladó al Hospital General del Sur, mientras otros familiares iban a la casa de Fidel, donde estaba su póliza del Seguro Popular, que era vital para recibir atención.

Ella sabía que lo que acababa de pasar iba a cambiar su vida. Después quedó inconsciente, la atendieron, la salvaron. Eso, mientras su agresor todavía respondía las llamadas telefónicas de la familia de Esmeralda, diciéndoles que lo atacaron en la calle, casualmente, también con ácido.

En el hospital no sabían qué hacer, no estaban preparados para atender un caso así. La familia pasó horas de preocupación y creían que la joven moriría. Después, fue trasladada a la Unidad de Quemados del Hospital de Traumatología Rafael Moreno Valle.

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Detuvieron al agresor, pero no lo han sentenciado

Cuando Esmeralda despertó, pudo decir que Fidel fue quien la atacó. Él puso el ácido en su cuerpo; él también le había pedido un “último abrazo”.

La familia de la mujer fue a la FGE a denunciarlo. Los familiares hicieron el trabajo de investigación para saber dónde estaba siendo atendido -ya que él también recibió ácido en la cara- y lograron que lo aprehendieran.

En lo que respecta a la FGE, hasta ahora, no han detectado qué sustancia recibió Esmeralda. Tampoco se ha emitido sentencia contra el presunto agresor.

Estuvo hospitalizada 2 meses. Ha pasado por miedo, depresión, discriminación, incertidumbre y amenazas de la familia del presunto culpable. No encuentra trabajo y está latente el riesgo de que su agresor salga de prisión. Incluso, nunca se procedió contra los 3 cómplices que actuaron para cercarla a ella y a su madre el día de los hechos.

Ella se pregunta si entonces una mujer debe permitir abusos hasta que el agresor se canse. Es evidente que no. Ella solo quería liberarse de una vida violenta.

Lo que le ocurrió le lleva a la reflexión de que las mujeres no deben permitir ningún tipo de abuso y alejarse a tiempo de personas como Fidel. No imaginaba que “el amor de su vida” podría quitarle la esperanza.

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Agresor, puede estar más de 13 años en prisión

El caso de Esmeralda no es único en Puebla, pues mediante una solicitud de información hecha por Reto Diario, la FGE dijo que, de enero de 2016 a enero del 2020, hubo 3 denuncias de mujeres agredidas con ácidos (agentes químicos o sustancias corrosivas).

En el Código Penal de la Ciudad de México ya se fijaron hasta 12 años de prisión para quien rocíe ácido, como forma de agresión y cause daños irreparables a las víctimas. En Oaxaca, el Congreso local pretende hacer lo mismo, aunque se proponen hasta 40 años de prisión.

En Oaxaca, la saxofonista María Elena Ríos fue rociada con ácido con ácido sulfúrico. Aunque hay 2 detenidos por el hecho, el acusado como presunto responsable, el diputado Juan Antonio N., permanece prófugo y con un amparo provisional.

El Código Penal del Estado de Puebla, en su artículo 308 fracción IV, establece una pena de hasta 8 años de prisión a quien provoque o infiera una lesión de lo que resulte “la inutilización completa o pérdida de un ojo, de una mano, de un brazo, de una pierna, o de un pie”.

El artículo 309 del mismo Código Penal habla de aumentar hasta dos terceras partes de la pena máxima cuando la víctima sea mujer o el agravio haya sido hacia una persona con la que se tuvo una relación sentimental, lo que ampliaría la pena hasta a más de 13 años.

Tentativa de feminicidio es otra agravante de delitos como del que fue víctima Esmeralda, al ser rociada con ácido, pues dijo que su expareja se despidió de ella, lo que constituyó una amenaza.

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Busca empleo, protección y apoyo

Esmeralda Millán empezó a vivir con Fidel desde antes de los 16 años. No estudió la secundaria. Sin embargo, dice que tiene la meta de aprender, estudiar y trabajar en algún sitio donde no esté expuesta a exceso de calor (por las quemaduras).

Quiere ser estilista o tener un trabajo donde no se le discrimine por su apariencia y en donde pueda garantizar estabilidad para sus 2 hijos.

A las autoridades poblanas les pide ayuda o becas para sus hijos y a la FGE o a la Policía Estatal, seguridad, pues la familia de Fidel la ha buscado insistentemente, por lo que tiene temor.

Ahora, es atendida fuera de  Puebla con apoyo de diversos colectivos.

Llama a la sociedad, a los empresarios, a las autoridades, a ayudarla a ella y a todas las víctimas de violencia, pues el miedo les impide actuar. También pide ejercer justicia para que estos casos no se repliquen ni haya más crímenes contra las mujeres.