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	<title>Ian Poot Franco | Reto Diario</title>
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	<description>Reto Diario es una nueva forma de hacer periodismo. Una forma mas agil, oportuna, veraz, concreta, directa y estrategica.</description>
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	<title>Ian Poot Franco | Reto Diario</title>
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		<title>Candil de calle, oscuridad de casa</title>
		<link>https://retodiario.com/columna/candil-de-calle-oscuridad-de-casa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Poot Franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 May 2026 12:30:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ajolotización]]></category>
		<category><![CDATA[ciudad de México]]></category>
		<category><![CDATA[metro hidalgo]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial 2026]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esa es la gran especialidad de la izquierda capitalina tras más de treinta años gobernando la ciudad: maquillar el abandono con espectáculo visual</p>
<p>El cargo <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com/columna/candil-de-calle-oscuridad-de-casa/">Candil de calle, oscuridad de casa</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com">Reto Diario</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Ya vieron los candelabros que pusieron en <strong>Metro Hidalgo</strong>?</p>
<p>Porque justamente eso resume a la perfección el momento que vive esta ciudad y este país: una obsesión enfermiza por la escenografía mientras todo lo importante se cae a pedazos. Luces, adornos, pintura temática y propaganda estética para intentar disfrazar décadas de abandono institucional y urbano.</p>
<p>Candil de calle, oscuridad de casa.</p>
<p>Durante años nos vendieron la idea de que gobernar era muy sencillo: repartir dinero y repetir eslóganes. Que bastaba con llenar el país de <strong>“programas del bienestar”</strong> para sustituir instituciones, infraestructura, cultura, salud, prevención y desarrollo económico. Como si una beca pudiera tapar un bache, reconstruir una ciudad o surtir una farmacia.</p>
<p>Y mientras el gobierno presume transferencias sociales como si fueran el único indicador de bienestar, <strong>el país se cae a pedazos</strong> en todo lo demás.</p>
<p>Porque <strong>regalar dinero no genera necesariamente desarrollo</strong>, muchas veces solo genera dependencia. Es el barril sin fondo perfecto para construir clientelas políticas: <strong>ciudadanos convertidos en electores cautivos</strong>. Y mientras eso ocurre, la deuda pública crece de manera brutal, hipotecando el futuro para financiar el presente. El problema es que <strong>el dinero regalado se acaba rápido</strong>, pero la deuda se queda durante décadas.</p>
<p>La tragedia es que mucha gente no nota el deterioro hasta que le toca personalmente.</p>
<p>No importa que falten <strong>medicinas</strong>… hasta que el enfermo eres tú.<br />
No importa que desaparezca el <strong>Fonden</strong>… hasta que el huracán se lleva tu casa.<br />
No importa que maten al <strong>Inadem</strong>… hasta que quieres emprender y descubres que ya no existe apoyo para pequeñas empresas.<br />
No importa que desaparezca el <strong>Consejo de Promoción Turística</strong>… hasta que el turismo deja de crecer y miles de empleos empiezan a resentirse.<br />
No importa que destruyan al <strong>INAI</strong>… hasta que necesitas información pública y descubres que el gobierno ahora se vigila a sí mismo.</p>
<p>Se fue el mantenimiento.<br />
Se fue la inversión cultural.<br />
Se fueron los apoyos a emprendedores.<br />
Se fueron los créditos para las pymes.<br />
Se fue el Fonden.<br />
Se fue el Inadem.<br />
Se fue el Consejo de Promoción Turística.<br />
Se fue el INAI.<br />
Se fue la transparencia.<br />
Se fue la visión de largo plazo.<br />
Se fue prácticamente todo lo que funcionaba.</p>
<p>Y <strong>lo reemplazaron con propaganda</strong>.</p>
<p>Ajolotes gigantes.<br />
Pintura morada.<br />
Campañas visuales.<br />
Candelabros en Metro Hidalgo.</p>
<p>Porque <strong>es más fácil decorar una ciudad que gobernarla</strong>.</p>
<p>Esa es la gran especialidad de esta administración y de la izquierda capitalina tras más de treinta años gobernando la ciudad: <strong>maquillar el abandono con espectáculo visual</strong>. Crear escenarios para la foto mientras debajo de la decoración la infraestructura se pudre.</p>
<p>La capital del país, a semanas de un Mundial, <strong>sigue improvisando</strong>. Obras eternas, movilidad colapsada, zonas abandonadas y una sensación general de deterioro urbano que ya ni siquiera intentan ocultar. Pero eso sí: ponen candelabros, iluminan fachadas y llenan todo de adornos para aparentar modernidad.</p>
<p>Candil de calle, oscuridad de casa.</p>
<p>Y quizá lo más preocupante es el nivel de resignación social. Una sociedad que tolera hospitales vacíos, calles destruidas y opacidad gubernamental, pero que solo parece despertar cuando el problema toca el fútbol o el entretenimiento. Ahí sí hay indignación nacional. Ahí sí aparecen las preguntas incómodas: “¿cómo vamos a recibir al mundo?”</p>
<p>La respuesta es simple: con maquillaje.</p>
<p>Porque este gobierno entendió algo muy peligroso: mientras exista suficiente dinero repartido para contener el enojo inmediato, muchos aceptarán el deterioro silencioso de las instituciones. <strong>Cambiaron ciudadanía por subsidio</strong>. Derechos por dádivas. Desarrollo por dependencia.</p>
<p>Y hay algo profundamente triste en eso.</p>
<p>Durante décadas se acusó a los traidores históricos de “vender la patria”. Hoy muchos están dispuestos a entregar el futuro del país por una transferencia mensual. No porque sean malas personas, sino porque se acostumbró a toda una generación a pensar en sobrevivir el mes, no en construir el mañana.</p>
<p>Pero <strong>ningún país prospera destruyendo sus instituciones</strong> para financiar popularidad. Ninguna ciudad se vuelve moderna a base de pintura temática, propaganda estética y candelabros decorativos. Y ningún gobierno puede esconder eternamente el abandono detrás de ajolotes monumentales y escenografía para Instagram.</p>
<p>Porque tarde o temprano, la oscuridad de la casa termina apagando también el farol de la calle.</p>
<p>El cargo <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com/columna/candil-de-calle-oscuridad-de-casa/">Candil de calle, oscuridad de casa</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com">Reto Diario</a>.</p>
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		<item>
		<title>Ni bárbaros ni santos: el espejo que Ayuso no quiso mirar</title>
		<link>https://retodiario.com/columna/ni-barbaros-ni-santos-el-espejo-que-ayuso-no-quiso-mirar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Poot Franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 May 2026 13:15:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[alhóndiga de granaditas]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[huei tzompantli]]></category>
		<category><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso]]></category>
		<category><![CDATA[Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Mexicas]]></category>
		<category><![CDATA[sacrificios humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Inquisición]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La presidenta de la Comunidad de Madrid no discute la historia: la usa; selecciona el tzompantli mexica y borra el de la alhóndiga; selecciona a Cortés y borra a los pueblos arrasados</p>
<p>El cargo <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com/columna/ni-barbaros-ni-santos-el-espejo-que-ayuso-no-quiso-mirar/">Ni bárbaros ni santos: el espejo que Ayuso no quiso mirar</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com">Reto Diario</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La visita de <strong>Isabel Díaz Ayuso</strong> a México terminó antes de tiempo y, ya de vuelta en Madrid, la presidenta de la Comunidad reabrió la herida desde la tribuna de la Asamblea. Insistió en que “México no existió hasta que llegaron los españoles” e interpeló directamente a <strong>Claudia Sheinbaum</strong> sobre qué hay bajo tierra en la calle Guatemala 24, en alusión al <strong>Huei Tzompantli</strong>, el muro de cráneos mexica hallado a pocos metros del <strong>Templo Mayor</strong>. La jugada retórica es vieja, pero conviene desmontarla porque se ha vuelto bandera de un cierto revisionismo conservador que confunde patriotismo con amnesia selectiva.</p>
<p>Empecemos por lo que efectivamente había bajo esa calle. Los arqueólogos del INAH hallaron una estructura ceremonial mexica donde se exhibían cráneos de personas sacrificadas, fechada entre 1486 y 1521, y hasta la fecha se han contabilizado alrededor de <strong>650 cráneos en el sitio</strong>, aproximadamente un 25% pertenecientes a mujeres y niños. El dato es duro, sí. Pero el argumento de <strong>Ayuso</strong> –que ese hallazgo “justifica” la Conquista o demuestra que México vivía en la barbarie hasta que llegó la espada española– se cae por dos lados.</p>
<p>El primero es aritmético y arqueológico. Durante siglos circuló la cifra de que los mexicas sacrificaban a 160 mil personas en ceremonias masivas, número heredado de las crónicas españolas con evidente afán propagandístico para legitimar la empresa colonial. La realidad material es otra: 650 cráneos documentados en el principal <strong>tzompantli de Tenochtitlán</strong>, acumulados a lo largo de décadas. Sacrificar a un ser humano con un cuchillo de obsidiana es un acto técnicamente costoso, lento, ritualizado. El siglo XX nos enseñó, a un coste atroz, que matar de manera sistemática y a gran escala requiere tecnología industrial –ferrocarriles, cámaras de gas, burocracia–. Atribuir hecatombes industriales a una sociedad mesoamericana es, en el fondo, no haberla entendido nunca.</p>
<p>El segundo lado es el del espejo. Si vamos a pesar civilizaciones por su cuota de muertos rituales, la balanza europea no aguanta el examen. La <strong>Santa Inquisición</strong> operó durante más de tres siglos desde un edificio que aún hoy, en pleno centro de la <strong>Ciudad de México</strong> –a unas cuadras del propio Tzompantli, conviene recordarlo–, impresiona por su tamaño. El <strong>Coliseo romano</strong> se construyó para que decenas de miles murieran a la vista del pueblo como espectáculo. Las guerras de religión europeas, las hogueras, las matanzas de cátaros, los autos de fe. Nadie con un mínimo de seriedad concluye de ahí que “los romanos eran salvajes” o que “los españoles eran salvajes”. La conclusión correcta es otra, mucho más incómoda para los relatos identitarios: toda sociedad humana compleja ha sido, al mismo tiempo, sofisticada y brutal. Avanzada en astronomía y salvaje en sus rituales. Capaz de catedrales góticas y de quemar mujeres acusadas de brujería.</p>
<p>Y ya que hablamos de <strong>tzompantlis</strong>, conviene recordar que los españoles también montaron el suyo, y mucho más cerca de nuestro tiempo. En <strong>octubre de 1811</strong>, las autoridades virreinales mandaron decapitar a <strong>Miguel Hidalgo</strong>, <strong>Ignacio Allende</strong>, <strong>Juan Aldama</strong> y <strong>Mariano Jiménez</strong> tras fusilarlos en Chihuahua. Pasearon sus cabezas en cajones con sal por Zacatecas, Lagos, León y Guadalajara, y finalmente las colgaron dentro de jaulas de hierro en las cuatro esquinas de la <strong>Alhóndiga de Granaditas</strong>, donde permanecieron expuestas durante casi diez años, hasta 1821, como “castigo ejemplar” para escarmentar a quien pensara en sumarse a la insurgencia. Cabezas empaladas, exhibidas en plaza pública, para infundir terror religioso y político. Si eso no es un <strong>tzompantli colonial</strong>, que alguien me explique qué es. La diferencia no estaba en la práctica –exhibir cráneos del enemigo vencido–, sino en la justificación: unos lo hacían en nombre de Huitzilopochtli, los otros en nombre del rey y de Dios.</p>
<p>Ahí es donde el discurso de <strong>Ayuso</strong> revela su trampa. No discute la historia: la usa. Selecciona el <strong>tzompantli mexica</strong> y borra el de la <strong>Alhóndiga</strong>. Selecciona a Cortés y borra a los pueblos arrasados. Cuando <strong>Sheinbaum</strong>, en respuesta, difundió documentos del propio <strong>Carlos I</strong> que acusaban a <strong>Cortés</strong> de abusos contra los indígenas, la réplica no fue histórica sino política: hablar de “comunismo”, de “mentira”, de “agravio”. Es decir, mover el debate del terreno de la evidencia al de la trinchera ideológica, porque en el terreno de la evidencia el relato no se sostiene.</p>
<p>Lo grave es que, al hacerlo, <strong>Ayuso</strong> empobrece dos legados a la vez. Empobrece el <strong>mexica</strong>, al reducirlo a su dimensión más oscura ignorando la cosmovisión, los calendarios de precisión asombrosa, la herbolaria que sigue informando la farmacología moderna, la limpieza urbana de una Tenochtitlán que dejó atónitos a los propios conquistadores. Y empobrece también el <strong>español</strong>, al reducirlo a una épica de carabela y crucifijo, olvidando que ese mundo ibérico aportó metalurgia, navegación oceánica, imprenta, derecho, una lengua que hoy hablan más de 600 millones de personas. Reivindicar de verdad a <strong>España</strong> no consiste en negar sus sombras: consiste en asumirlas y, aun así, defender lo que aportó. Lo otro es propaganda.</p>
<p>La paradoja final es que quien se presenta como cruzada contra el “revisionismo” practica el revisionismo más burdo: el que recorta la historia hasta que solo queden los muertos del otro. <strong>México</strong> no necesita que Madrid le explique su pasado prehispánico –el INAH lleva décadas publicándolo, el Tzompantli está documentado en webs oficiales del Gobierno mexicano–, y <strong>España</strong> no necesita que su Comunidad más visible salga al mundo a embarrar un debate que ya estaba dado en términos mucho más maduros. Lo que sí necesitamos, a ambos lados del Atlántico, es dejar de usar a los muertos de hace cinco siglos como munición electoral del presente.</p>
<p>Porque al final, la pregunta no es si los mexicas eran bárbaros o los españoles eran santos. La pregunta es por qué, en 2026, seguimos necesitando que uno de los dos lo sea para sentirnos cómodos con nosotros mismos.</p>
<p>El cargo <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com/columna/ni-barbaros-ni-santos-el-espejo-que-ayuso-no-quiso-mirar/">Ni bárbaros ni santos: el espejo que Ayuso no quiso mirar</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com">Reto Diario</a>.</p>
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		<item>
		<title>¿Y si Peña Nieto no era tan pendejo?</title>
		<link>https://retodiario.com/columna/y-si-pena-nieto-no-era-tan-pendejo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Poot Franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Mar 2026 12:45:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[AMLO]]></category>
		<category><![CDATA[Andrés Manuel López Obrador]]></category>
		<category><![CDATA[Derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Peña Nieto]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Calderón Hinojosa]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[Morena]]></category>
		<category><![CDATA[PAN]]></category>
		<category><![CDATA[PRI]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La izquierda entendió algo muy importante: el poder real no solo está en gobernar, sino en definir qué error importa, cuánto dura y quién tiene permiso de indignarse</p>
<p>El cargo <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com/columna/y-si-pena-nieto-no-era-tan-pendejo/">¿Y si Peña Nieto no era tan pendejo?</a> apareció primero en <a rel="nofollow" href="https://retodiario.com">Reto Diario</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A <strong>México</strong> no lo engañaron con una gran mentira.</p>
<p>Lo engañaron con una edición bien hecha.</p>
<p>Durante años nos vendieron que el gran drama nacional era que <strong>Peña Nieto</strong> estaba menso, que <strong>Calderón</strong> estaba borracho y que, básicamente, el país estaba gobernado por una combinación entre un borracho y un estúpido.</p>
<p>Y sí, ambos cometieron errores. Muchos. Gravísimos algunos. No se trata de santificarlos.</p>
<p>Pero una cosa es criticarlos y otra muy distinta es lo que realmente pasó en este país:</p>
<p>Se montó toda una industria para maximizar cada tropiezo, volverlo identidad pública y convertirlo en propaganda emocional permanente.</p>
<p>No era análisis.</p>
<p>No era periodismo.</p>
<p>No era activismo.</p>
<p>Era una operación de percepción.</p>
<p>Y funcionó.</p>
<p>Porque al final millones de personas no recuerdan reformas, indicadores, crisis, decisiones o estructuras de poder.</p>
<p>No.</p>
<p>Recuerdan que Peña no sabía qué libro había leído y que Calderón “seguramente venía tomado”.</p>
<p>Ese fue el nivel al que se redujo el debate público de un país de 130 millones de personas.</p>
<h2><strong>La oposición perfecta: dos memes con banda presidencial</strong></h2>
<p>A <strong>Enrique Peña Nieto</strong> no le construyeron solo una mala reputación.</p>
<p>Le construyeron un personaje.</p>
<p>El personaje era perfecto: guapo, hueco, superficial, torpe, ridículo, incapaz de hilar dos ideas y útil como piñata nacional.</p>
<p>Cada error era oro.</p>
<p>Cada desliz era portada.</p>
<p>Cada frase mal dicha era un carnaval de columnas, caricaturas, hilos, chistes, memes, monólogos, editoriales y “análisis” que, casualmente, siempre concluían lo mismo:</p>
<p>“Miren nada más qué imbécil es el presidente”.</p>
<p>Y ojo: no digo que no se equivocara. Claro que sí.</p>
<p>Digo que hubo una decisión colectiva de inflar el tropiezo hasta volverlo categoría política total.</p>
<p>Si a Peña se le caía el pastel, era casi crisis constitucional.</p>
<p>Si confundía un dato, era “la prueba final del colapso intelectual del régimen”.</p>
<p>Si decía una tontería, se activaba todo el ecosistema: periodistas, caricaturistas, comentaristas, tuiteros, opinólogos, “intelectuales” y activistas profesionales.</p>
<p>Era una coreografía perfecta.</p>
<p>No importaba si había temas más profundos.</p>
<p>Lo importante era que el público saliera con la misma idea tatuada en la cabeza:</p>
<p>“Peña está pendejo”.</p>
<p>Y con Calderón pasó algo similar, pero con otro disfraz narrativo.</p>
<h2><strong>Calderón: del debate sobre seguridad al meme del “borracho”</strong></h2>
<p><strong>Felipe Calderón</strong> tenía demasiados flancos reales por los cuales ser criticado.</p>
<p>La estrategia de seguridad, la militarización, el desastre humano, el país incendiado, los costos de una guerra mal planteada. Había material de sobra para discutirlo con seriedad.</p>
<p>Pero no.</p>
<p>México decidió –o más bien, le ayudaron a decidir– que era más cómodo resumir todo en una sola palabra:</p>
<p>“borracho”.</p>
<p>Y así, de pronto, la discusión pública de un sexenio entero podía resolverse con un apodo.</p>
<p>Sin evidencia concluyente.</p>
<p>Sin rigor.</p>
<p>Sin prueba seria.</p>
<p>Sin necesidad de pensar demasiado.</p>
<p>Porque eso es lo maravilloso de la propaganda disfrazada de conversación pública:</p>
<p>te ahorra el esfuerzo de analizar.</p>
<p>Te entrega una caricatura lista para consumir.</p>
<p>Ya no tienes que entender el diseño institucional del Estado mexicano.</p>
<p>Ya no tienes que discutir incentivos perversos, redes de corrupción, captura regulatoria, fiscalías, fuerzas armadas o el fracaso histórico de la seguridad pública.</p>
<p>No, hombre.</p>
<p>Mucho más fácil decir:</p>
<p>—“Es que Calderón estaba pedo”.</p>
<p>Y listo.</p>
<p>País explicado.</p>
<h2><strong>La izquierda entendió algo que la derecha nunca quiso entender</strong></h2>
<p>La <strong>derecha mexicana</strong>, sobre todo la panista y la priista tardía, creyó durante años que la política todavía se ganaba con boletines, entrevistas, spots institucionales y uno que otro editorial comprado.</p>
<p>La <strong>izquierda</strong> entendió antes algo muchísimo más importante:</p>
<p>el poder real no solo está en gobernar, sino en definir qué error importa, cuánto dura y quién tiene permiso de indignarse.</p>
<p>Ahí estuvo la verdadera genialidad.</p>
<p>No bastaba con criticar al gobierno.</p>
<p>Había que ridiculizarlo, desmoralizarlo, volverlo culturalmente indefendible.</p>
<p>Y eso se hizo con una eficacia brutal.</p>
<p>No fue espontáneo.</p>
<p>No fue “la gente solita”.</p>
<p>No fue simplemente “las redes sociales”.</p>
<p>Hubo operadores.</p>
<p>Hubo narradores.</p>
<p>Hubo repetidores.</p>
<p>Hubo oportunistas.</p>
<p>Hubo periodistas que entendieron rapidísimo hacia dónde se movía el viento ideológico y decidieron que era mucho más rentable ser moralmente furiosos contra el poder… mientras no fueran ellos el poder.</p>
<p>Muchos descubrieron que ser “crítico del sistema” daba prestigio, audiencia, seguidores, contratos, invitaciones, foros, becas, columnas, documentales, conferencias y hasta superioridad moral prefabricada.</p>
<p>Criticar al PRI y al PAN daba puntos.</p>
<p>Criticar a la izquierda, cuando llegó la izquierda, ya no daba tantos.</p>
<p>A veces incluso costaba.</p>
<p>Y ahí se les cayó la máscara.</p>
<h2><strong>El verdadero negocio nunca fue la verdad: fue la indignación</strong></h2>
<p>Lo que se vendió durante años no fue información.</p>
<p>Fue indignación curada.</p>
<p>Una indignación con edición, con casting, con <em>timing</em>, con patrocinio ideológico y con un detalle muy importante:</p>
<p>era selectiva.</p>
<p>Ese es el truco más viejo y más efectivo de todos.</p>
<p>No necesitas mentir todo el tiempo.</p>
<p>A veces basta con algo mucho más útil:</p>
<p>exagerar lo pequeño,</p>
<p>simplificar lo complejo,</p>
<p>repetir lo ridículo,</p>
<p>y callar cuando lo verdaderamente grave ya no le conviene a tu bando.</p>
<p>Eso fue exactamente lo que pasó.</p>
<p>Durante años, si un gobierno anterior respiraba feo, tenías mesa de análisis, caricatura, columna, <em>hashtag</em>, editorial, activistas, documental y media academia llorando por la República.</p>
<p>Hoy pasan cosas objetivamente más escandalosas, más absurdas o más graves, y el volumen moral desapareció.</p>
<p>Y eso no es casualidad.</p>
<p>Eso se llama alineación de intereses.</p>
<p>Antes, un tropiezo era “escándalo de Estado”; hoy, una tragedia es “contexto”.</p>
<p>Ese es el verdadero punto.</p>
<p>Antes, si Peña Nieto decía una estupidez, el país se comportaba como si hubiera chocado el avión presidencial contra Bellas Artes.</p>
<p>Hoy, funcionarios, presidentes, voceros y figuras del régimen dicen barbaridades, se contradicen, manipulan cifras, inventan narrativas, minimizan tragedias, improvisan explicaciones y muchas veces la reacción del ecosistema oficialista es más o menos esta:</p>
<p>—Bueno, pero hay que entender el contexto…</p>
<p>¡Ah, caray!</p>
<p>¿Ahora sí hay contexto?</p>
<p>Porque en otros sexenios no había contexto.</p>
<p>Había ejecución pública.</p>
<p>Antes no se analizaba: se trituraba.</p>
<p>Si el gobierno anterior se equivocaba en una cifra, era “la prueba del colapso institucional”.</p>
<p>Si hoy se equivocan, “fue un error humano”.</p>
<p>Si antes había una tragedia, “era el rostro criminal del Estado”.</p>
<p>Si hoy hay una tragedia, “no hay que politizar”.</p>
<p>Qué conveniente.</p>
<p>Qué práctico.</p>
<p>Qué asquerosamente eficiente.</p>
<h2><strong>Ayotzinapa fue dolor real… y también combustible político</strong></h2>
<p>Aquí es donde a muchos les va a incomodar, pero ni modo.</p>
<p>El caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa fue –y sigue siendo– una herida brutal para México.</p>
<p>Fue un crimen espantoso, una muestra de podredumbre institucional y una vergüenza histórica.</p>
<p>Pero además de eso, también fue usado como combustible político de alto octanaje.</p>
<p>Sirvió para incendiar la legitimidad del régimen anterior, para movilizar la indignación nacional e internacional, para colocar la idea de un Estado podrido hasta la médula y para convertir a ciertos actores en guardianes permanentes de la moral pública.</p>
<p>Y la pregunta incómoda es esta:</p>
<p>si esa indignación era tan auténtica, tan ética y tan profunda… ¿por qué hoy hay tanto silencio frente a tragedias iguales o peores?</p>
<p>¿Por qué hoy tantos desaparecidos ya no producen la misma furia?</p>
<p>¿Por qué hoy tantos muertos ya no llenan plazas, portadas, caricaturas y monólogos morales?</p>
<p>¿Por qué hoy tantos activistas, opinadores y comentaristas parecen haber extraviado el megáfono?</p>
<p>La respuesta es incómoda porque es demasiado obvia:</p>
<p>porque ya no conviene.</p>
<p>Y cuando la indignación depende de quién gobierna, entonces nunca fue ética.</p>
<p>Fue utilidad política con filtro sepia.</p>
<h2><strong>El activismo de utilería y los caricaturistas domesticados</strong></h2>
<p>Tal vez lo más decepcionante no fueron los políticos.</p>
<p>De los políticos uno ya sabe qué esperar.</p>
<p>Lo verdaderamente triste fue ver cómo muchos que se vendieron como irreverentes, críticos, incómodos, libres y contestatarios, en cuanto su bando llegó al poder, se volvieron funcionarios emocionales del régimen.</p>
<p>Algunos cambiaron la crítica por contratos.</p>
<p>Otros por acceso.</p>
<p>Otros por <em>likes</em>.</p>
<p>Otros por protección.</p>
<p>Otros simplemente por tribu.</p>
<p>Y entonces pasó lo más mexicano de todo:</p>
<p>los que antes “le pegaban al poder” descubrieron que en realidad no les gustaba pegarle al poder.</p>
<p>Les gustaba pegarle a ese poder.</p>
<p>Al otro.</p>
<p>Al que no les daba mesa, hueso, validación o cercanía ideológica.</p>
<p>Porque cuando el poder se volvió propio, dejaron de ser críticos y se volvieron curadores de daño reputacional.</p>
<p>Ya no cuestionan: administran.</p>
<p>Ya no denuncian: matizan.</p>
<p>Ya no confrontan: encuadran.</p>
<p>Ya no exhiben: justifican.</p>
<p>Y así, de pronto, los grandes insolentes del sexenio pasado se transformaron en una mezcla entre defensores de oficio, voceros no oficiales y terapeutas del desastre.</p>
<h2><strong>La gran estafa: nos hicieron creer que el problema era la torpeza, no la estructura</strong></h2>
<p>Lo más brillante de toda esta operación fue que nos entretuvieron con lo superficial mientras lo estructural seguía intacto.</p>
<p>Nos enseñaron a burlarnos del presidente que pronunciaba mal una palabra, pero no a entender:</p>
<p>cómo funciona la captura del Estado,</p>
<p>cómo se reciclan élites políticas,</p>
<p>cómo se negocia la impunidad,</p>
<p>cómo se administra la violencia,</p>
<p>cómo se coloniza mediáticamente la opinión pública,</p>
<p>y cómo se compra el silencio con presupuesto, acceso, favores o cercanía.</p>
<p>Nos hicieron pensar que el gran problema de México era que un presidente parecía tonto frente a cámara.</p>
<p>Y no.</p>
<p>El problema de México no era que un presidente pareciera tonto.</p>
<p>El problema de México es que hay demasiada gente muy lista viviendo de que el ciudadano siga pensando en tonterías.</p>
<p><strong>Peña Nieto</strong> no era tan pendejo. <strong>El público sí</strong> fue muy manipulado.</p>
<p>Y ahí está la provocación de fondo.</p>
<p>No, <strong>Peña Nieto</strong> no era un genio.</p>
<p>No, <strong>Calderón</strong> no fue un héroe incomprendido.</p>
<p>No, esto no es una defensa nostálgica del viejo régimen.</p>
<p>Esto es algo más incómodo:</p>
<p><strong>nos fabricaron una escala de escándalos a conveniencia</strong>.</p>
<p>Nos enseñaron cuándo reírnos.</p>
<p>Cuándo indignarnos.</p>
<p>Cuándo compartir.</p>
<p>Cuándo cancelar.</p>
<p>Cuándo llorar.</p>
<p>Y, sobre todo, cuándo callarnos.</p>
<p>Ese fue el verdadero triunfo.</p>
<p>No sólo ganar elecciones.</p>
<p>No sólo conquistar Palacio.</p>
<p>No sólo poner a “los suyos” en el gobierno.</p>
<p>El verdadero triunfo fue conquistar algo más importante:</p>
<p><strong>la administración moral de lo escandaloso</strong>.</p>
<p>Hoy ya no importa tanto qué tan grave sea lo que pasa.</p>
<p>Importa si la maquinaria decide que debe importar.</p>
<p>Si lo decide, te incendian una semana completa por una tontería.</p>
<p>Si no lo decide, pueden pasar barbaridades y aquí no pasa nada.</p>
<p>Y entonces uno voltea hacia atrás, ve la intensidad con la que despedazaron a <strong>Peña</strong> por cada tontería, y entiende algo muy simple:</p>
<p>tal vez <strong>Peña</strong> no era tan pendejo.</p>
<p>Tal vez hubo demasiada gente muy viva trabajando tiempo completo para que pareciera que sí.</p>
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		<title>El silencio ante México, la voz para Cuba</title>
		<link>https://retodiario.com/columna/el-silencio-ante-mexico-la-voz-para-cuba/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Poot Franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Mar 2026 12:45:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[AMLO]]></category>
		<category><![CDATA[Andrés Manuel López Obrador]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[violencia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://retodiario.com/?post_type=columna&#038;p=533334</guid>

					<description><![CDATA[<p>El silencio de López Obrador frente a las tragedias nacionales contrasta brutalmente con la urgencia para defender causas externas</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras otros expresidentes mexicanos han optado por retirarse a su vida privada –unos dando conferencias, otros dedicados a la academia, otros simplemente disfrutando del retiro–, el regreso público de <strong>Andrés Manuel López Obrador</strong> ha sido tan revelador como perturbador.</p>
<p>No volvió para reflexionar sobre el país que dejó. No volvió para hablar de la violencia que convirtió a su sexenio en <strong>el más sangriento de la historia reciente</strong>. No apareció cuando ardían regiones enteras del país, cuando las tragedias golpeaban a comunidades enteras o cuando México enfrentaba crisis que aún hoy siguen abiertas.</p>
<p><strong>Reapareció para pedir dinero</strong>.</p>
<p>Después de seis años de aeropuertos que apenas despegan, trenes que aún buscan su destino, refinerías que siguen sin refinar y una economía que nunca logró despegar como se prometió, el expresidente rompió su retiro para convocar a los mexicanos a financiar apoyo para <strong>Cuba</strong>.</p>
<p>El gesto, más que solidaridad internacional, revela una prioridad política profundamente inquietante: la lealtad ideológica antes que la responsabilidad con el propio país. Mientras el modelo político que durante décadas defendió –el socialismo latinoamericano del siglo XXI– muestra señales evidentes de agotamiento, <strong>López Obrador</strong> insiste en apuntalarlo simbólicamente, incluso desde el retiro.</p>
<p>Es difícil no verlo como lo que es: un acto político cargado de simbolismo. No se trata simplemente de ayuda humanitaria. Es la reafirmación de una narrativa ideológica que, incluso después de haber gobernado México durante seis años, sigue colocando las causas de otros regímenes por encima de las heridas abiertas del propio país.</p>
<p>Y por eso resulta tan aberrante.</p>
<p>Porque el silencio frente a las tragedias nacionales contrasta brutalmente con la urgencia para defender causas externas. Y porque el regreso público de quien prometió retirarse de la vida política no vino acompañado de autocrítica, de reflexión o de responsabilidad histórica.</p>
<p>Vino, simplemente, a pedir más.</p>
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		<title>Influencers desechables en la fábrica del algoritmo</title>
		<link>https://retodiario.com/columna/influencers-desechables-en-la-fabrica-del-algoritmo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Poot Franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Feb 2026 12:30:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[algoritmos]]></category>
		<category><![CDATA[Influencers]]></category>
		<category><![CDATA[Instagram]]></category>
		<category><![CDATA[plataformas digitales]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Tiktok]]></category>
		<category><![CDATA[YouTube]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poco se habla del enorme compromiso –y del enorme tiempo gratuito– que millones de personas están entregando a las plataformas digitales</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Es muy común escuchar hoy que “los jóvenes ya no quieren trabajar ocho horas” o que “no quieren comprometerse con las empresas”. Esta frase se repite en conferencias, en sobremesas familiares y en debates empresariales como si fuera una verdad absoluta. Sin embargo, esa percepción está completamente alejada de la realidad.</p>
<p>Los jóvenes <strong>sí están trabajando</strong>. Y muchas veces <strong>están trabajando gratis</strong>.</p>
<p>El problema no es la falta de compromiso; el problema es que <strong>el modelo tradicional de compromiso dejó de existir</strong>. Hoy ya no hay prestaciones sólidas, no hay antigüedad real, no hay estabilidad laboral, no hay pensión ni jubilación garantizada. <strong>Las empresas también dejaron de comprometerse primero</strong>, y como consecuencia natural, las nuevas generaciones dejaron de creer en ese pacto.</p>
<p>Pero mientras se critica a los jóvenes por no comprometerse con empresas tradicionales, poco se habla del enorme compromiso –y del enorme tiempo gratuito– que millones de personas están entregando a las <strong>plataformas digitales</strong>.</p>
<p>Empresas, emprendedores y creadores pasan horas produciendo contenido para <strong>Instagram</strong>, <strong>TikTok</strong> y <strong>YouTube</strong>: <em>reels</em>, videos, publicaciones, estrategias virales, <em>storytelling</em>, tendencias. Todo con la esperanza de construir comunidad.</p>
<p>Pero hay un problema estructural que casi nadie cuestiona: <strong>esa comunidad no es realmente tuya</strong>.</p>
<p>Puedes tener miles o millones de seguidores, pero si un día decides migrar de plataforma, no existe una opción real para descargar completamente esa base de datos. <strong>No puedes llevarte tu comunidad contigo</strong>. La comunidad pertenece a la plataforma.</p>
<p><strong>Estamos trabajando gratis para las redes sociales</strong>.</p>
<p>Lo mismo ocurre con <strong>WhatsApp</strong>. Creamos grupos, compartimos conocimiento, construimos redes profesionales, generamos valor colectivo… pero al final no existe un botón claro para exportar esa red hacia otro ecosistema digital. La estructura no es tuya; es de la plataforma.</p>
<p>El modelo es claro: <strong>nosotros generamos el contenido</strong>, <strong>ellos concentran el valor</strong>.</p>
<p>Mientras tanto, el discurso dominante sigue mostrando casos excepcionales de éxito, como el de <strong>Luisito Comunica</strong>, presentándolo como prueba de que cualquiera puede lograrlo. Pero casi nunca se habla del otro 99% que entregó sus mejores años intentando convertirse en <em>influencer</em> sin lograr monetizar de manera sostenible.</p>
<p>Se ha construido el mito de que la comunicación se democratizó. En realidad, <strong>se centralizó nuevamente</strong>, solo que ahora <strong>en menos manos y con algoritmos invisibles</strong>.</p>
<p>Paradójicamente, el sistema actual puede ser incluso más duro que el modelo tradicional de medios como Televisa. Antes, si un programa no tenía <em>rating</em>, al menos existía una estructura de producción con salarios. Hoy, si tu contenido no genera alcance, simplemente desapareces sin haber recibido nada a cambio.</p>
<p>Vivimos en la llamada <strong>economía de la atención</strong>.</p>
<p>En un mundo donde casi todo puede producirse en serie, donde la tecnología permite automatizar procesos y hasta generar contenido artificialmente, lo más escaso ya no es la producción: <strong>es la atención humana</strong>. Y esa atención se está pagando con escándalos, polémicas, viralidad instantánea y contenido cada vez más desechable.</p>
<p>El problema es que también <strong>las personas se han vuelto desechables</strong> dentro del sistema.</p>
<p><em>Influencers</em> que hace cinco años dominaban el algoritmo <strong>hoy han sido olvidados</strong>. Creadores que generaron tendencias completas <strong>han sido reemplazados por nuevas caras</strong> en cuestión de meses. El ciclo es rápido, agresivo y silencioso.</p>
<p>Las plataformas permanecen; los creadores rotan.</p>
<p>Por eso, más que obsesionarnos con viralizar contenido, deberíamos empezar a preguntarnos algo más profundo: ¿estamos construyendo comunidad real o solo alimentando algoritmos?</p>
<p>El verdadero reto para emprendedores, creadores y empresas ya no es generar contenido, sino <strong>construir activos propios</strong>: bases de datos reales, comunidades independientes, ecosistemas que no dependan completamente de plataformas externas.</p>
<p>Porque si no entendemos esto a tiempo, <strong>seguiremos trabajando gratis…</strong> pero ahora con mayor velocidad y con mayor ilusión.</p>
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