Las locas aventuras de un mirrey poblano
Alfonso González
Fue el pasado 17 de julio alrededor de las 10 de la noche, en “La Cantada Bar” de Plaza W, cuando los diputados locales, el falso ambientalista, Juan Carlos Natale López; y el priista, Víctor Manuel Giorgana Jiménez, celebraron, faltaba más, su supuesto triunfo electorero.
Los dos alegres legisladores festejaban -por enésima ocasión- su guajiro triunfo político-electorero sobre el morenovallismo.
Las copas, los amigos, las botellas y la fanfarronería corrieron aquella noche.
Nuestros flamantes diputados locales desbarraron de lo lindo.
Natale, ya con alcohol en las venas, vomitó a los cuatro vientos que sigue siendo dueño del Verde, de su franquicia, del Congreso y de Puebla.
Vamos, hizo gala de sus buenos modales.
Giorgana, más prudente y conocedor del juego político, del jolgorio, prefirió hablar en voz baja, permaneció sentado, tranquilo, discreto y sereno.
Sin embargo, los efectos del Dios Baco hicieron lo suyo y cargaron de adrenalina al diputado del partido del tucán.
Fue entonces cuando otro comensal de aquella taberna se le acercó a Natale para reprocharle su gris y parco trabajo legislativo por Puebla.
Palabras más, palabras menos, el comensal ya con sus copas encima se abalanzó contra Natale con una serie de ofensas como “qué lástima que el país y el estado estén representados por escorias como tú”.
El diputado local del Verde, ya caliente, como dicen en mi barrio, respondió la agresión verbal.
Acto seguido, su oponente le tocó la oreja y de inmediato el político ecologista respondió al más puro estilo de “El Piojo”, Miguel Herrera, con un cabezazo en la nariz de su alcoholizado crítico, quien no pudo ni meter las manos para defenderse y cayó al suelo.
De inmediato, intempestivamente, Víctor Giorgana se levantó de su asiento y se metió a la trifulca para medio separar, medio tranquilizar y medio defender a su compañero diputado.
La refriega legislativa del canta-bar de la Plaza W terminó en paliza, en la que participaron guaruras, diputados y comensales.
A los diputados los echaron del lugar y el parroquiano herido terminó en el hospital.
¡Esos son nuestros diputados!
De ese tamaño es el diputado del Verde.
La tolerancia, la inteligencia, la razón y la cordura se la guardaron, la olvidaron nuestros diputados.
No cabe duda que en la Puebla de los Ángeles, perdón de Progreso, abunda la fauna política de distinta especie, estirpe y clase política, tal como mi amigo Ricardo Morales, uno de los periodistas poblanos más duchos, bautizó en su momento a su interesante, ameno y entretenido noticiario ahora denominado Efekto 10.
Por cierto, que salgan de aquí 2 años de felicitaciones para todos quienes hacen posible el espacio noticioso que se produce en la 10.10 de AM, por aquello de su segundo aniversario, particularmente para el buen Richard, como todos lo conocemos.
Sin embargo, volviendo al tema de la fauna política en la entidad, hay que decir y reconocer que en el estado se pasean especímenes que dan pena.
Bien dice el dicho: “El que no tiene y llega a tener… loco se quiere volver”.
Y el mejor ejemplo de esto no es otro que el mirrey poblano del Partido Verde, Juan Carlos Natale, quien pasó de ser el suplente del suplente en el PRI para encumbrarse en la grilla poblana por obra y gracia del santo Zavala.
Dicen los que conocen bien al legislador que antes de presumir sus millones, su posición, su clase y su linaje, como él mismo lo dice, regularmente le rogaba hincado al melquiadismo y al marinismo le dieran chamba.
Fue entonces cuando gracias a Mario Marín Torres, a Javier López Zavala y a Manlio Fabio Beltrones (en este caso por recomendación del zavalismo) que Natale logró llegar al partido del tucán, donde prácticamente se hizo millonario.
Su vida y obra, políticamente hablando, todos ya la conocen: negoció su postura como dirigente del Verde en sexenios pasados, misma que le permitió llegar a la cámara baja del Congreso de la Unión y al Congreso del Estado, donde actualmente es diputado.
Gracias a las negociaciones con el morenovallismo, y a las bondades económicas que le dejó el Partido Verde, Natale se convirtió en un mirrey poblano y ahora presume que las puede todas.
Porque “aunque usted no lo crea” -de la noche a la mañana- Natale se hizo millonario, empresario y niño bien, tanto que pudo pagar una boda de 3 millones de pesos en la ex Hacienda de Chautla.
Faltaba más, ¿pues qué la simulación y falsa política ecologista no deja?
En Twitter: @poncharelazo
