“Ahí tienen para escoger”, remató.
Las palabras del presidente municipal de Puebla llegaron pronto a oídos de los miembros de la clase política y alentaron diferentes especulaciones, entre ellas una relacionada con la presunta renuncia del edil al proyecto de convertirse en candidato a gobernador, al menos en la elección de 2024.
“Si puso sobre la mesa otros nombres, es porque ya no quiere ser candidato”, concluyeron las interpretaciones, que creyeron entender la declaración del panista como una respuesta a la encuesta del Buró de Estrategias y Análisis del Poder (BEAP), de Rodolfo Rivera Pacheco, que un día antes mostró porcentajes de intención de voto desalentadores para Eduardo Rivera y para todos los aspirantes de la oposición en general.
“Lalo se bajó”, fue la aseveración que hizo este sector del círculo rojo, que ya de por sí mira con incredulidad la hipotética postulación del alcalde, por considerar que él mismo rechazará someterse al peligro de una contienda electoral que se asume perdida por anticipado.
“No se lanzará al precipicio”, insisten.
El pronunciamiento de Rivera Pérez, sin embargo, podría tener otra lectura, una que nada tiene que ver con el supuesto desistimiento del panista para adentrarse en la elección constitucional que le permita tratar de arrebatarle la gubernatura a Morena.
Esta segunda conjetura es opuesta a la primera y sostiene que, tal vez, Eduardo Rivera ha comprendido por fin que la existencia de un solo precandidato a gobernador en la alianza opositora reduce su participación en la discusión pública y merma su presencia en los medios de comunicación, con los consecuentes efectos negativos que ello provoca.
La efervescencia generada por los actores que pelean la postulación en Morena ha conseguido que este instituto político colme la agenda de los medios, que posicionan y promocionan al partido del presidente López Obrador como una consecuencia natural del ejercicio periodístico.
El PAN y sus aliados han quedado considerablemente rezagados en este terreno.
De ahí que las palabras del presidente municipal podrían tener su origen en la necesidad finalmente reconocida de ocupar espacios en la agenda pública.
Esta segunda lectura suena razonable y resulta más verosímil que la primera.
Todavía es muy pronto para que Eduardo Rivera tire la toalla.
Por tanto, es más probable que haya determinado dar un vuelco a su estrategia.
El silencio y la aparente prudencia que caracterizan el actuar político del alcalde de Puebla son buenos en algunas ocasiones, en ciertos contextos, pero tienen un límite de utilidad.
Habrá que ver si esos personajes mencionados por el panista entran al juego de la supuesta competencia interna para colarse en los temas de interés de la opinión pública o si desoyen la provocación por haber llegado esta demasiado tarde.
También habrá que mirar qué otras sorpresas trae el aspirante a gobernador, que, según aseguran en su cuarto de guerra, no es cierto que se haya bajado de la contienda.
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