Como quedó ampliamente documentado en su momento, la diputada local con licencia fue parte de una estrategia orquestada por el entonces gobernador Barbosa para hacerse del control en Morena, en la que participaron también, como piezas fundamentales de esa operación, Agustín Guerrero Castillo, Andrés Villegas Mendoza y, en primerísimo lugar, Julio Miguel Huerta Gómez.
Durante poco más de tres años, desde la elección de gobernador de 2018 hasta el mes de agosto de 2022, cuando Romero Garci Crespo rindió protesta, Barbosa batalló con dirigentes leales a la presidencia nacional que nunca le obsequiaron el mando deseado.
Las condiciones cambiaron con la renovación de dirigencias estatales del año pasado.
Barbosa tomó el control a través de sus alfiles y ordenó cerrar las puertas del partido a todo aquel personaje que no estuviese subordinado a sus intereses, comenzando, por supuesto, por Ignacio Mier Velazco, Claudia Rivera Vivanco y Alejandro Armenta Mier.
Con las instrucciones puestas sobre la mesa, Romero, Guerrero, Villegas y Huerta (desde la Secretaría de Gobernación) emprendieron una serie de reuniones regionales y municipales con la supuesta estructura del partido para hacer proselitismo a favor de Claudia Sheinbaum Pardo, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y de las entonces corcholatas del mandatario estatal: Olivia Salomón Vibaldo, José Antonio Martínez García, Melitón Lozano Pérez y Sergio Salomón Céspedes Peregrina, hoy gobernador.
Las órdenes fueron muy claras: promover a los barbosistas y excluir a los enemigos.
Esas fueron las condiciones impuestas a Romero Garci Crespo y esas las que aceptó.
De lo contrario no habría sido nombrada.
El punto es que ese escenario ya no existe y la dirigente continúa sin darles cabida a esos liderazgos que su exjefe, hoy fallecido, repudiaba.
La presidenta de Morena tendría que haberse adaptado ya a los nuevos tiempos, no solo por un compromiso idealista con los principios del partido que legalmente representa, sino por mera supervivencia personal.
Esos a los que no ha volteado a ver: otra vez Ignacio Mier, Claudia Rivera y Alejandro Armenta, encabezan las encuestas sobre preferencias electorales en la puja por la gubernatura, así que no resulta difícil anticipar qué pasará con ella en caso de que uno de los tres sea candidato y después gane la elección constitucional.
La apertura, la conciliación y, por tanto, la inclusión, tendrían que estar en su nueva agenda de prioridades. Y ahí está como mejor ejemplo de esto lo que ha hecho Céspedes Peregrina desde el poder, su nuevo jefe político, recomponiendo lo que su antecesor destruyó.
Twitter: @jorgerdzc
