Dos meses atrás, el 10 de febrero, en esta columna se dio a conocer que un día antes Marko Cortés había recibido a Eduardo Rivera para conversar detalles acerca de la eventual participación del edil en los comicios de 2024.
Esa vez ratificaron los acuerdos que ya venían preparándose de tiempo atrás, que el alcalde de Puebla será postulado a gobernador a través de la pretendida coalición opositora y que este llevará la responsabilidad de encabezar los esfuerzos del partido en el estado.
De aquel encuentro dio constancia el presidente partidista por medios de sus redes sociales.
La realidad de entonces es hoy la misma.
En el cuarto de guerra del presidente municipal se asegura que su jefe no tiene ninguna intención de buscar otro cargo de elección popular que no sea la gubernatura y en la sede nacional del partido se jura que no hay ningún interés en arropar al senador Armenta Mier, en caso de que este no sea postulado por Morena y decida brincar a otro partido para competir por la posición que busca.
Las especulaciones en torno al supuesto cambio de rumbo del panista brotaron como consecuencia de su escasa participación en actos políticos del interior del estado, las cuales se multiplicaron cuando los novatos publicistas del morenista decidieron desplegar su propaganda “editorial” en color azul, sin un solo guiño al guinda de la 4T.
Pero hoy no hay nada de eso.
Si se pregunta usted por qué entonces Eduardo Rivera no le mete más energía al trabajo político que tiene que hacer fuera del municipio de Puebla, algo así como para igualar a los rivales del partido de enfrente, que han tapizado el estado con propaganda preelectoral, la respuesta es una: no lo necesita (por ahora) y ha optado por evitar escándalos como los de Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, que fue genuinamente criticada por andar de proselitismo fuera de la capital mientras en esta ocurrían incidentes dramáticos como los del metro.
Twitter: @jorgerdzc
