Para dar muestra de ello hay dos casos ampliamente documentados en el pasado del nuevo mandatario estatal.
Nunca fue amigo ni aliado personal de Rafael Moreno Valle, pero transitó en su administración hasta ser candidato a presidente municipal de Tepeaca, en las elecciones locales del 2018, por Movimiento Ciudadano, uno de los muchos partidos políticos que estaban bajo el control del exgobernador.
Antes de eso, Céspedes Peregrina fue diputado local por Tepeaca, en el periodo 2014-2018, gracias al PRI y a la alianza 5 de Mayo, que llevó como agregado al Partido Verde.
En 2013 ganó la contienda con la camiseta tricolor y luego tuvo que coexistir con una fuerza y un grupo político adverso a él.
En esa legislatura fue presidente de la Comisión de Derechos Humanos, afianzó su amistad con el también diputado José Chedraui Budib y, muy importante de subrayar para el propósito de esta columna, construyó una relación institucional con los morenovallistas a través de sus buenos oficios con Jorge Aguilar Chedraui.
Ese tejido fino, y un elevado posicionamiento preelectoral, le permitió ser postulado a alcalde de su tierra por MC, bajo el cobijo de Moreno Valle.
Volvió a ganar los comicios, y otra vez en un contexto desfavorable, cuando el tsunami lopezobradorista logró que Morena y sus partidos aliados se hicieran prácticamente de todas las posiciones en disputa.
La elección extraordinaria de gobernador, celebrada en 2019, no obstante, jugó a su favor.
Sin tener ninguna relación con Morena, circunstancias inesperadas lo llevaron a ponerse del lado de Miguel Barbosa Huerta en la campaña de ese año.
¿Qué pasó?
Que el candidato del PAN, Enrique Cárdenas Sánchez, no le pidió ayuda, y el de Morena sí.
El resultado de esa apuesta y el trabajo político posterior lo colocaron donde está, en la oficina principal de Casa Aguayo.
Hoy, varios años y experiencias después, Salomón Céspedes ha comenzado a repetir la labor, pero esta vez con los aspirantes del partido de López Obrador a la presidencia de la república.
En un mes, Puebla pasó de ser territorio aparentemente exclusivo de Claudia Sheinbaum Pardo a ser una zona neutral, donde lo mismo puede jugar la jefa de Gobierno de la ciudad de México que Adán Augusto López Hernández, secretario de Gobernación, y Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Relaciones Exteriores.
Quién sabe si sea la naturaleza del gobernador la que le haya llamado a equilibrar fuerzas y construir buena relación con los principales suspirantes de la 4T o si haya vislumbrado detrás de los continuos desastres del metro de la CDMX la eventual caída de Sheinbaum, pero le ha abierto la puerta del estado a los tres, en una acción que expone su estilo para navegar entre aguas convulsas.
La estrategia es clara y comprensible en el contexto de su propia sucesión.
Debe saber que, en la medida de la calidad de la relación que establezca con quien resulte candidato presidencial de la 4T, ya sea hombre o mujer, serán sus posibilidades de influir en la designación del abanderado a gobernador aquí en Puebla.
Por eso ayer visitó al canciller en sus oficinas de la capital del país.
Ebrard era el que le faltaba.
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