En resumen, si Céspedes Peregrina gobernaría con el mismo equipo, que no es propio, sino heredado, o si lo haría con un bloque de colaboradores cercanos a él, lo que implicaría hacer cambios inmediatos en las posiciones de mayor relevancia.
La supervivencia de 16 de los 17 integrantes del gabinete, con excepción de Ana Lucía Hill Mayoral, llevó a pensar más en la primera ruta, percepción que se incrementó con el nombramiento de Julio Miguel Huerta Gómez como secretario de Gobernación.
Huerta Gómez fue responsable del control político del estado en los últimos dos años del gobierno de Barbosa. Operó la renovación de dirigencia en Morena y se preparaba para intervenir en la contienda electoral en función de los intereses convenientes para el grupo.
Con este personaje empoderado en Gobernación, Céspedes Peregrina parecía haber cedido el control político de su gobierno al primo del exmandatario y renunciado a su derecho constitucional de tomar el mando a través de un elemento afín.
La percepción fue equivocada.
El arribo de Javier Aquino Limón como jefe de oficina o jefe de gabinete, o las dos cosas juntas, es la muestra de que el nuevo mandatario gobernará con su gente de confianza y no trasladará los mandos del pasado al presente.
Sergio Salomón Céspedes ha sido en extremo cuidadoso de las formas.
Le ha dado su lugar a Miguel Barbosa, a quien llama “Don”, y ha respetado el lugar que dentro de ese grupo tenía la señora María del Rosario Orozco Caballero, viuda del exgobernador, a quien le brindó un homenaje en el acto público que sirvió para la unción de su esposa, Gabriela Bonilla Parada, como presidenta honoraria del DIF.
Conservar el gabinete es también un gesto de respeto a su antecesor, a quien sustituyó por circunstancias que no tuvieron nada que ver con una competencia electoral.
Sin embargo, eso no significa que en el mediano plazo vayan todos a quedarse.
Aquino Limón, un operador político nato que fue diputado local y presidente municipal de Acatzingo, es la prueba de ello. Meterá en cintura a quienes quieran cruzar la línea por haber sido más cercanos que su jefe a Miguel Barbosa hasta antes del 13 de diciembre.
Eso mismo ocurrirá en otras áreas.
Sin dañar ese “legado” barbosista que prometió resguardar, el gobernador hará relevos importantes o meterá otras cuñas para tener total control de la administración en sus manos. Será un proceso natural que llevará unos cuantos meses.
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