La inseguridad, el crimen organizado y la delincuencia retomaron los niveles previos al inicio de la pandemia y en muchos casos se incrementaron, para recordarnos que no habían cesado en su intensidad gracias a la eficiencia de nuestras autoridades públicas, sino al confinamiento forzado al que nos llevó, a todos, incluidos los criminales, la enfermedad mundial denominada covid-19.
En medio de toda esta problemática, por encima o a los costados de ella, como usted prefiera, estuvimos y continuaremos regidos por un gobernante, el presidente Andrés Manuel López Obrador, que promueve la discordia, el encono y la fractura entre mexicanos por conveniencia personal, a modo de estrategia política, como él mismo ha reconocido, para mantener a las masas de su lado y preservar una gobernabilidad cuestionable a base de mentiras y manipulación.
El tabasqueño libra batallas diarias en defensa de su propio discurso para tratar de pasar a la historia como el transformador que no es y, para conseguirlo, dispone del dinero público y de una vasta legión de siervos y adoradores, todos servidores públicos y representantes populares dependientes de sus designios, dispuestos a alabar y presumir un país, con tal de seguir beneficiándose del presupuesto, que no existe.
Dos hechos ocurridos en la primera semana de enero retratan bien las contradicciones de López Obrador, de su partido, Morena, y de toda la mal llamada 4T.
El presidente mexicano capturó a Ovidio Guzmán López para congratularse con su homólogo de Estados Unidos, Joe Biden, quien, debido a la posición que ocupa en la nación más capitalista del globo, es el primer representante mundial de ese neoliberalismo al que López Obrador afirma combatir y del que todos los días se queja.
Incongruencia pura entre los dichos y el hecho.
En otra pista, el nuevo accidente ocurrido en el metro de la Ciudad de México volvió a exhibir la incapacidad de un gobierno emanado de Morena para evitar catástrofes en el sistema de transporte público más concurrido de la capital del país.
Si no fuese cierto, parecería broma de muy mal gusto, pero no lo es.
La responsable del gobierno que está a cargo del metro es Claudia Sheinbaum Pardo, la jefa de gobierno que anda en precampaña por todo el país para competir, en 2024, por la silla que hoy ocupa su jefe en Palacio Nacional.
Agréguele que esa servidora pública, que ha tapizado las carreteras de México con espectaculares de promoción personal, parece ser la favorita de López Obrador para la sucesión presidencial.
Qué locura.
Puebla no ha escapado a esa realidad, en la que sobresalen la pobreza, la inseguridad, el encono y la existencia de una clase política privilegiada que vive para tratar de perpetuarse en el poder.
La sorpresiva e inesperada sustitución de gobernador, de Miguel Barbosa Huerta por Sergio Salomón Céspedes Peregrina, nos lleva, sin embargo, a formularnos el planteamiento natural de una sociedad mejorada.
Dos años es muy poco tiempo para hacer cambios de fondo, pero es suficiente para revisar y corregir todas esas áreas de la administración pública estatal que necesitan componerse, para heredar una esperanza de mejor futuro a los poblanos.
Solo así podríamos, entonces sí, en el aspecto público y social, felicitarnos por el arranque del nuevo año 2023.
P.D. En el aspecto personal no hay lugar para el pesimismo. Tengo mucho que agradecer por el año 2022 y más que esperar del 2023. Así que bienvenidos, de ida y vuelta, los abrazos y las felicitaciones. Hasta la próxima.
Twitter: @jorgerdzc
