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Mala negociación que pone en riesgo el proyecto de Mier de ser candidato a gobernador

Mala negociación que pone en riesgo el proyecto de Mier de ser candidato a gobernador
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En su camino para intentar convertirse en el candidato de la 4T a gobernador de Puebla, Ignacio Mier Velazco ha caído no en un bache, sino en una fosa profunda, por el dislate legislativo que cometió en la aprobación del llamado “Plan B” de la reforma electoral, en la cual en su calidad de coordinador legislativo de Morena dejó pasar cambios inconstitucionales para favorecer a los aliados del PT y el PVEM, buscando crear “candados” para evitar su extinción como partidos políticos nacionales.

Tal vez este despropósito no le lleve en estricto sentido a perder la nominación como abanderado de la 4T a la gubernatura de Puebla, pero si le va a crear muchas dificultades en su intento de obtener la candidatura, pues ha perdido se principal ventaja: que era presentarse como un intrépido operador legislativo a favor del proyecto obradorista.

Ahora, por el contrario, es quien convirtió el triunfo político de que se logró una reforma electoral pese al fuerte rechazo de los legisladores del “bloque conservador”, en un monumental ridículo legislativo, que deberá arreglarse esta misma semana por el Senado de la República.

Algunos legisladores morenistas apuntas que, como nunca, hubo una reacción de enojo, de molestia, de la Presidencia de la República con un resultado legislativo. Por eso el propio titular del Poder Ejecutivo federal, Andrés Manuel López Obrador, planteó la posibilidad de mandar –de manera emergente—un nuevo proyecto de reforma electoral para enmendar los yerros.

Lo grave de esta situación para Ignacio Mier, es que el mal resultado de la aprobación del “Plan B”, se lo están endosando al legislador poblano, no al conjunto de diputados de Morena.

Todo apunta a que a Ignacio Mier le ganó el protagonismo, por encima de la mesura y el cuidado que debía poner en un proyecto tan delicado, polémico e importante para la 4T, como era sacar adelante una reforma electoral con base a modificaciones de 6 leyes secundarias, luego de que se desechó la reforma constitucional en la materia, debido a que no se tuvo la mayoría calificada para ese propósito.

Con el afán de mostrarse como un operador osado que sacaba adelante la aprobación del “Plan B”, en la misma jornada en que se desechaba la reforma constitucional, Mier emprendió una mesa de negociación la tarde del martes pasado con Carlos Puente, dirigente del PVEM, y Gerardo Fernández Noroña, legislador del PT, entre otros actores.

Mientras en el pleno se debatía los argumentos en contra y a favor de la reforma constitucional, Mier y sus homólogos del PT y el PVEM emprendieron una larga y densa discusión que duró 5horas y concluyó poco antes de las 22 horas de ese martes, en la que se acordó hacer una serie de modificaciones adicionales al proyecto del “Plan B”.

Un conjunto de cambios que no siquiera alcanzaron a enterarse ese día y en la madrugada del día siguiente por el grueso de los diputados de la 4T que se quedaron a sesionar solos, ante la ausencia de los legisladores del PRI, PAN, PRD y el PMC, que no quisieron saber nada de la propuesta alternativa en materia electoral.

Si se hubiera conocido esa adición, seguramente muchos legisladores morenistas –que son conocedores del orden constitucional—hubieran saltado y rechazado el cambio incluido de última hora.

Hasta un estudiante de Derecho sabría que, si la Constitución General de la República establece que un partido político para conservar su registro como fuerza política nacional necesita el 3 por ciento de la votación nacional, no se puede desechar ese requisito en una ley secundaria.

De acuerdo con lo que se aprobó, se permitiría que un partido solamente obtenga el 3 por ciento de sufragios en comicios locales en 17 estados del país, no en una votación nacional; además de que se le pueda transferir sufragios en caso de tener candidatos comunes con otras fuerzas políticas.

¿Qué hubo atrás de ese cambio? Por un lado, fue un movimiento desesperado del PT y el PVME de “salvar el pellejo” ya que, de acuerdo a la mayor parte de los sondeos electorales recientes y los resultados en comicios estatales, apuntan a que ambos partidos no tienen muchas posibilidades de alcanzar el 3 por ciento de la votación en la elección presidencial y la legislativa de 2024.

Hasta ahora el PVEM tiene una intención del voto de entre 1.5 y 2 por ciento, mientras que el PT está entre el 2 y el 2.5 por ciento. Como consecuencia de que ambas fuerzas políticas poco o nada han hecho para crecer en su popularidad, en su acercamiento con la población. Sus dirigentes únicamente les ha interesado gozar de las prerrogativas que reciben.

Por otro lado, Mier quiso lucirse sacando la reforma electoral en el día acordado y presumiendo que logró “amarrar” los votos legislativos del PVEM y el PT.

Dañó su ventaja

De los seis aspirantes a ser el candidato de la 4T a la gubernatura de Puebla, dos de ellos parecen ir a la cabeza: el senador Alejandro Armenta Mier como el más popular e Ignacio Mier como el de mayor cercanía a la Presidencia de la República.

Mier no ha logrado crecer en su índice de popularidad, pese a su fuerte activismo en giras que realiza todos los fines de semana.

Su confianza de poder obtener la tan anhelada postulación como abanderado de la 4T, es que se ha mostrado como un disciplinado y leal operador legislativo a favor del proyecto obradorista. Ahora esa condición se encuentra tambaleando.