Último minuto
Jueves, 24 de Septiembre de 2026
Puebla 16°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

¿Qué le falta a Eduardo Rivera?

¿Qué le falta a Eduardo Rivera?

Eduardo Rivera Pérez cumple su primer año de gobierno en condiciones políticas de privilegio dentro del PAN. En 12 meses se hizo del control de la dirigencia estatal a través de Augusta Díaz de Rivera y Marcos Castro, retuvo el comité municipal por conducto de Jesús Zaldívar y se consolidó en el imaginario colectivo como precandidato único del blanquiazul a la gubernatura del estado.

El presidente municipal de Puebla es la máxima autoridad dentro del panismo.

Con excepción de algunos diputados locales y otros federales, otras, en realidad, porque son mujeres, no hay contrapesos internos ni focos de resistencia que pretendan oponerse a sus decisiones y su proyecto personal.

Donde sea que se pare, Rivera Pérez es considerado el virtual candidato del PAN, y en una de esas de casi toda la oposición, al gobierno de Puebla, para la contienda electoral de 2024.

Ocasionalmente brota alguno de sus correligionarios para levantar la mano y asegurar que competirá de lleno por la postulación, pero pronto se desinfla y vuelve a desaparecer.

Marko Cortés juega desde la dirigencia nacional a mostrar un partido abierto e incluyente, que no ha decidido perfil aún y que da cabida a todas las expresiones, pero solo para simular, para proteger al precandidato de una acometida anticipada.

Si quiere, Eduardo Rivera será candidato del PAN, y de los aliados que pueda sumar, en la sucesión de Miguel Barbosa Huerta.

Ahí radica su éxito político, a un año de haber rendido protesta como alcalde por segunda ocasión.

Pero para ser gobernador no basta con ser candidato.

Si para ser presidente municipal por segunda vez Rivera tuvo más dificultades en su partido, con Genoveva Huerta Villegas, su principal opositora, de dirigente, que en la elección constitucional, con una rival, Claudia Rivera Vivanco, de Morena, desacreditada entre la mayoría de los electores, para convertirse en sucesor de Barbosa será al revés.

El partido oficial será un duro oponente y a la distancia se mira más fuerte que la oposición, ya sea que logre presentarse coaligada o no.

Beneficiado por la campaña encubierta del presidente López Obrador, la puesta en marcha de la maquinaria del Estado y el arrastre de quien quiera que sea el abanderado presidencial que represente los intereses de la 4T, el candidato a gobernador de Morena se volverá más peligroso, para Eduardo Rivera y el PAN, que aquello que por ahora muestran las encuestas.

Diversas encuestas y sondeos de opinión coinciden en otorgarle posibilidades a Eduardo Rivera, pero sobre todo al PAN, de obtener un triunfo sobre Morena y sus partidos aliados en los comicios locales de 2024.

Incluso, en mediciones de preferencia electoral cara a cara, Rivera Pérez supera a personajes como Sergio Salomón Céspedes, Melitón Lozano, Ignacio Mier Velazco, Olivia Salomón y la propia Claudia Rivera, con excepción del senador Alejandro Armenta Mier, pero esos mismos estudios de opinión arrojan un elevado porcentaje de indecisos que podrían terminar decantándose por el partido en el poder, dadas las variables expuestas dos párrafos atrás.

Una de esas encuestas es la de la empresa Indicadores, de Elías Aguilar, presentada aquí mismo hace una semana.

Según las mediciones de esa firma, el presidente municipal de Puebla –que hoy rinde su primer informe de gobierno en el Centro de Convenciones– le gana a casi todos los aspirantes de Morena.

A quien no supera en intención de voto es al senador, pero queda cerca de él, a tres puntos porcentuales.

El problema radica en lo que falta por sumar, o restar, según sea el caso.

Por lo que se ve a nivel nacional: la falta de aspirantes competitivos en el lado de la oposición, que representen una verdadera opción de triunfo en la carrera presidencial, Eduardo Rivera, el PAN y sus aliados tendrán que hacer todo por su cuenta.

Deberán sumar simpatizantes en función de lo que puedan hacer solos, desde acá, sin la ayuda de un candidato presidencial que les aporte electores.

En Morena será distinto.

Con el presidente de México echado para adelante, la nueva ola obradorista impulsará a sus candidatos en todo el país, incluido Puebla.

Ahí está un ejemplo reciente.

La semana pasada en Sinaloa aparecieron pintas con la leyenda “Que siga López, estamos Agusto”, en un claro juego de palabras que busca promover al secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, como continuador de la supuesta transformación emprendida por el inquilino de Palacio Nacional.

Estrategias de ese tipo enfrentará Eduardo Rivera y toda la oposición.

Será complicado.

Para ganar no será suficiente tener la candidatura en la bolsa.

Eduardo Rivera parece haber trabajado en este primer año mucho más de lo que Claudia Rivera lo hizo en tres.

Eso es lo que muestran todos los actos mañaneros en los que invita a la prensa para dejar constancia de su labor.

Hasta ahí ha cumplido.

Sin embargo, superar a su antecesora no es en realidad un gran mérito.

El edil requiere entusiasmar, mover emociones, convencer a los eventuales electores, principalmente aquellos que carecen de partido político definido, que puede hacer cosas trascendentes por Puebla.

Hoy no lo ha hecho, pero tiene tiempo.

Y lo necesita.

Imagen del artículo

Twitter: @jorgerdzc