¿Conciliación o ruptura definitiva?, la ruta del CCE
Ignacio Alarcón
Cuando Ignacio Alarcón Rodríguez Pacheco asumió la presidencia del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), en septiembre de 2019, ya no pudo hacer mucho para establecer una buena relación con el recién encumbrado gobernador Miguel Barbosa Huerta, quien albergaba un resentimiento contra los representantes de la iniciativa privada por el rol político que jugaron a favor de sus oponentes, en las contiendas electorales de 2018 y de ese mismo 2019.
Los comicios de 2018 significaron para Barbosa una pelea desigual en la que se enfrentó a un aparato de Estado que llevaba como representante de los intereses de Rafael Moreno Valle a su esposa Martha Erika Alonso. El Consejo Coordinador Empresarial, entonces liderado por Carlos Montiel Solana, fue incluido por el candidato de Morena en la lista de instrumentos políticos empleados al servicio del fallecido exgobernador.
La desaparición de los Moreno Valle-Alonso del tablero político en la elección extraordinaria de 2019 no mejoró las cosas, pues sin indicaciones de por medio hubo una inclinación natural de los líderes empresariales de la derecha hacia el exrector de la UDLAP, Enrique Cárdenas Sánchez, quien fue postulado por el PAN, Movimiento Ciudadano y el PRD para hacerle frente al candidato que iba a una segunda pelea consecutiva.
El resto de los acontecimientos ya es historia: Miguel Barbosa y los dirigentes empresariales entraron en un periodo de confrontación que tuvo su punto más álgido en el cambio de presidencia de la Coparmex, en noviembre del año pasado, cuando los invitados a la toma de protesta de Rubén Furlong Martínez increparon al gobernador por la toma de la UDLAP.
Alarcón Rodríguez Pacheco no cambió esa mala relación.
Si bien el empresario trató de mantenerse ajeno al conflicto y propició un trato de respeto institucional a la figura del mandatario, no consiguió el perdón que le habría permitido a los integrantes de las cámaras acercarse a las dependencias de gobierno para gestionar muchas de sus necesidades.
Ahora que el dirigente se va y que está por llegar un nuevo representante se abrirá una posibilidad de reconciliación con Barbosa. La pregunta que se hacen en el Consejo Coordinador Empresarial es si resulta conveniente o no restaurar la comunicación para trabajar de la mano con él, cuando se aproxima un proceso de sucesión que parece haber acentuado las diferencias, con los hombres y las mujeres de negocios de un lado, más cercanos al PAN, y el gobernador del otro, en las filas de la cuatroté.
Como siempre en este tipo de asuntos, las opiniones están divididas.
Si se compone la relación, exponen quienes están a favor de conciliar intereses con Barbosa, los afiliados a las cámaras empresariales que pertenecen al CCE podrían obtener mayores contratos con el gobierno.
También podrían volver a participar en mesas de trabajo sobre seguridad pública, ser tomados en cuenta para algunas decisiones gubernamentales, ser invitados a eventos y programas, gestionar jornadas de vacunación en las empresas, lograr la agilización de trámites para la apertura de nuevos negocios y conseguir el retorno de las ventanillas rápidas de atención, entre otras cosas.
Quienes están en contra de hacerse amigos de Barbosa, si es que eso fuese posible, argumentan que les pasaría lo mismo que ocurrió con Moreno Valle, a quien tuvieron que aplaudirle en público cada una de sus decisiones, aunque estas resultasen negativas para el interés ciudadano.
Además, ya en un tono más idealista, comprometido con las causas colectivas, manifiestan que se anularía toda posibilidad de ser contrapeso del gobierno, ya que este querría controlar discursos, opiniones y hasta los eventos de los empresarios.
La respuesta a esta compleja interrogante se resolverá con la identidad del próximo dirigente.
Entre los aspirantes al cargo hay una sola mujer, Olga Méndez Juárez, quien fue presidenta de Canirac y actualmente ocupa una vicepresidencia nacional en la misma cámara.
La socia de los restaurantes La Noria y Restauro tuvo un importante desempeño como líder del gremio en la etapa más dura de la pandemia para los empresarios. En el CCE se le acusa de ser cercana al gobernador, pero se olvida que fue la encargada de organizar y encabezar protestas contra los decretos que imponían cierres tempranos y muchas otras restricciones a los restauranteros. Los “cacerolazos” nunca agradaron a Barbosa. Elegir a una mujer como líder sería un paso trascendente hacia la equidad de género en un sector tradicionalmente machista y misógino.
Entre los miembros de la cúpula empresarial se comenta que Alarcón Rodríguez Pacheco tiene un favorito y que ese es Rafael Herrera Vélez, expresidente de la Canaco, a quien tratará de hacer candidato único para impedir que los 25 representantes con derecho a voto tengan que enfrentarse en una competencia directa.
Herrera pertenece al ala dura del CCE.
Como líder de los comerciantes fue un duro crítico de Claudia Rivera Vivanco.
Si él queda, la cúpula habrá sellado su hoja de ruta para los siguientes dos años, los últimos de Barbosa en el poder.
Twitter: @jorgerdzc
