Cambio de capitán para salvar la alianza
Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI. Foto: Archivo.
Echar de la dirigencia a Alejandro Moreno Cárdenas es la única vía que le queda al PRI y a sus militantes interesados en pelear por cargos de elección popular para salvar la alianza opositora con el PAN y el PRD, pero para lograrlo tendrá que surgir un grupo de notables que, organizado, provoque una revuelta que lleve a la destitución y posterior designación de un nuevo presidente o presidenta tricolor.
¿Habrá priistas poblanos, hombres y mujeres, que cuenten con el valor, la capacidad y la determinación para emprender o sumarse a una tarea nacional de esa envergadura, con el objetivo de preservar un frente electoral competitivo que le haga contrapeso a Morena y la mal llamada cuatroté?
A juzgar por los antecedentes de los principales liderazgos tricolores, que en los últimos 12 años han optado por acomodarse a cada nueva circunstancia y cada nuevo gobernador, en vez de asumir los roles críticos naturales de la oposición, la respuesta es no.
Pero no pierda la esperanza de que el PRI remueva a su dirigente si se cuenta usted entre las personas que desean la supervivencia de la coalición tripartidista para ir a la siguiente contienda electoral.
Hace poco más de una semana, cuando la clase política del país ya tenía claro el viraje de Alejandro Moreno en los asuntos de interés nacional y la traición que ello representaba para los acuerdos pactados con el PAN y el PRD, un aspirante a la presidencia de la república que se encontraba de visita en Puebla, militante del PRI, expresaba su confianza en la celebración de la alianza para los comicios del 2024, muy a pesar de su dirigente.
Esa vez, sentado a la mesa de un restaurante del centro de la ciudad, en compañía de periodistas y directivos de medios de comunicación, el presidenciable hizo la analogía de una embarcación que se aproxima al naufragio por culpa de su capitán para expresar aquello que, desde su personal punto de vista, ocurrirá en su partido.
“Si vas en un barco que está cercano a hundirse por culpa del capitán, que no sabe navegar, pero todo lo demás funciona bien, lo que hay que hacer es cambiar de capitán para poder llegar al destino deseado”, comentó entonces.
El mensaje fue elocuente: “Alito” no es el PRI y los intereses del partido, así como los de sus militantes, son muy superiores a los de una sola persona.
Respetuoso del líder del CEN, el personaje, integrante de gabinete en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, no dijo más.
A la siguiente semana se concretó el maridaje del tricolor con Morena en el Congreso de la Unión, con la ampliación del plazo para que el Ejército continúe en las calles hasta el año 2029, y se dio por extinguida la coalición opositora.
Esto último, sin embargo, no ha sucedido aún.
En estados como Puebla los priistas tienen bien claro que, sin alianza electoral, sus posibilidades de mantenerse o regresar a posiciones de poder público se reducirán drásticamente, por lo que prenderán veladoras y cruzarán los dedos para que sobreviva.
La gran pregunta es ¿quién o quiénes de ellos harán lo necesario para conseguirlo?
Alejandro Moreno ya no es opción.
Con la soga en el cuello, el actual dirigente del PRI bailará al son que le marque el presidente López Obrador hasta el final del sexenio.
Solo será un siervo más de la cuatroté, inservible para los planes de la oposición.
Por eso se asume como un deber quitarlo del CEN.
En Puebla no parece haber condiciones para la germinación de un movimiento de esas características, en principio debido a que los pocos liderazgos hoy encumbrados en política, principalmente en cargos de representación popular, le deben el favor a su dirigente.
Que no decaiga el ánimo.
Si el aspirante presidencial confía en el relevo de capitán para llegar a buen puerto, seguro que en otros rincones del país, otros priistas, muchos de ellos influyentes en la vida interna del partido, también lo harán.
Twitter: @jorgerdzc
