El miedo como forma del control
Foto: Archivo.
Sin duda, el presidente López se la sabe de todas, todas.
Los recientes acontecimientos registrados en Irapuato, Celaya, Zapopan y Tijuana no son actos fortuitos, obedecen a una muy bien planeada estrategia por parte de su administración para infundir entre la población una herramienta fundamental para el control de las sociedades: el miedo.
El temor ha sido siempre uno de los aliados más fieles del poder, intenta que la población viva inmersa en él, y la creación artificial de esa atmósfera de miedo obliga a los ciudadanos a blindarse frente a los contextos sociales.
El miedo que se anida en el cerebro quebranta la resistencia, genera pánico y paraliza la disidencia; no hay poder en la Tierra que no haya confiado en alguna forma de terror. Tras un desastre —natural, político, económico— el miedo inicial deja paso a la ansiedad; la gente teme más los riesgos que se le imponen que los que acepta.
Todos los esfuerzos por liberar al hombre han sido en realidad impulsos por liberarlo del miedo, para crear las condiciones en que no sintiera la dependencia como una amenaza; cuanto más frío y calculador es el poder más priva al hombre de libertad porque lo que engendra es temor.
Diversos estudios sociológicos detallan que a lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en esa sensación, habitualmente desagradable, provocada por la percepción de ese peligro real o supuesto, presente, futuro o pasado.
Es muy importante entender, al miedo no solo como construcción social sino también ideológica. Como es omnipresente y está arraigado, produce desconfianza y conflicto con el “otro”, al que se atribuye la culpa de lo ocurrido o de lo que puede acontecer, y genera, por tanto, la necesidad de protegerse de él.
George Orwell, periodista y escritor británico, en su novela 1984 plantea la necesidad de los gobiernos, de tener un enemigo en común, un enemigo del pueblo, al cual la población tema y así poder desviar la atención de los asuntos que verdaderamente asustan.
Una sociedad asustada es manipulable, acepta cosas que jamás toleraría en un estado de tranquilidad. Por ejemplo: el aumento de impuestos destinados a seguridad nacional, la pérdida de privacidad, la falta de estabilidad laboral o del aumento en la edad de jubilación.
Carl Schmitt, politólogo, jurista, filósofo y uno de los fundadores ideológicos del Partido Nacional Socialista alemán, aseguró que “entre la población siempre se debe mantener una imagen enemiga, y poder así manipularla y dirigirla”. Este método para alcanzar el llamado “orden social” ha caracterizado las más oscuras etapas totalitarias de nuestro mundo, y se opone radicalmente a la concepción liberal de sociedad y Estado que se ha implantado en las sociedades democráticas.
Todos los teóricos coinciden, la mejor forma de controlar ese miedo desde las instituciones es crear un enemigo “común”: el terrorismo, el narcotráfico, los insolidarios que se saltan el confinamiento… el “otro”.
Este enemigo permite a los gobiernos y sectores de interés recortar las libertades en “beneficio” de la sociedad, legitimando, al mismo tiempo, las actitudes represivas del Estado. Al “otro” se le atribuye la culpa de lo ocurrido, de lo que puede suceder, sea real o no la amenaza, y genera, por tanto, la necesidad de protegerse de él.
El presidente López, tal y como lo he señalado en otras ocasiones, conoce y se guía de manera perfecta, por el modelo de comunicación implementado por los Nazis en Alemania.
En 1933, el nacional socialismo quemó más de mil libros en Alemania los cuales, según los seguidores de Hitler, iban en contra del espíritu alemán, esto ocurrió en Berlín y en las principales ciudades de este país.
Un año después comenzó la persecución de miles de opositores al régimen y de las minorías, principalmente de los judíos, quienes siempre pensaron que Hitler nunca se atrevería a perseguirlos, a ese episodio de la historia se le conoce como “la noche de los cuchillos largos”.
En fin, el miedo es un arma psicológica muy importante para el control de masas y es utilizada por diversos para control y mantenimiento del poder.
¿Todo esto nos suena conocido?
La campaña de don Melitón. El que anda desatado, en plena campaña, haciendo uso de la estructura de la SEP es Melitón Lozano, una de las “corcholatas” del gobernador Barbosa.
Ni tardo, ni perezoso, don Melitón reparte lo mismo playeras, que libros y que pintura en casi todo el estado, mientras los padres no pueden pagar las cuotas, no “obligatorias” que les imponen en las escuelas para inscribir a los alumnos al nuevo ciclo escolar.
En redes sociales destacan entre los regalos entregados por el titular de la SEP, unas playeras que repartió entre alumnos del Centro Escolar de Cholula, con su nombre bordado en la prenda. ¡Qué detallazo!
No estaría mal que el titular de la SEP transparente sus gastos, ¿a cargo de quien corrió la elaboración de estas playeras, al propio o al de la SEP?
A lo mejor es necesario, por medio de transparencia, tener acceso a esta información. En fin, cada una de las “corcholatas” del gobernador hace su luchita para alcanzar la gloria en el 2024.
Foto: Efekto10.
Foto: Efekto10.
Twitter: @riva_leo


