La verdad es que ninguna.
Relaciones Exteriores no es materia de la inconformidad del mandatario, sino el personaje, quien desde el año 2018 se convirtió en uno de los principales operadores políticos, si no es que el principal, de Fernando Manzanilla Prieto.
Aquí radica el punto que ha llevado a Barbosa a expresar públicamente, desde una de sus conferencias mañaneras, el veto al político expriista, que comenzó su carrera en el sexenio de Mario Marín y fue dirigente estatal del Partido Encuentro Solidario hasta antes de su desaparición en el año 2021.
Antes fue subsecretario en la Secretaría General de Gobierno, donde ocurrieron los acontecimientos que terminaron por desterrarlo de Puebla… hasta ahora.
Ramos Montaño fue un personaje central en las historias de supuesta deslealtad que le contaron al gobernador con relación a Manzanilla.
Las narraciones que empezaron a desgastar la relación del ahora gobernador con su exsecretario de Gobernación comenzaron en 2019, cuando este fue secretario General de Gobierno en el interinato de Guillermo Pacheco Pulido y el eventual delegado de la SRE –a ver si llega—despachaba en la subsecretaría de asuntos políticos.
En la última parte del interinato de Pacheco Pulido Barbosa fue informado de presuntas historias de traición que tuvieron como protagonista a Manzanilla.
Las “revelaciones” sobre deslealtad continuaron durante los primeros meses de su gobierno.
Dentro de todas esas narraciones hubo dos que fueron recurrentes.
Una afirmaba que el titular de la Secretaría General de Gobierno se asumía más capaz que él y que sus colaboradores habían regado la especie de que el mandatario empeoraría de salud e incluso, si llegaba a fallecer, Manzanilla arribaría al poder para convertirse en el gobernante que el estado necesitaba.
La otra aseguraba que el entonces secretario tenía en marcha una estrategia para buscar a políticos de partidos opositores a Morena, principalmente del PAN, con el fin de crear un bloque opositor al gobierno de Barbosa.
Ramos Montaño fue relevante en ambas historias, para mal.
De la primera se decía que era quien más entusiasta se mostraba a la hora de manifestar las expectativas depositadas en el futuro de su jefe, Manzanilla.
“Es él quien gobierna en realidad y lo hará formalmente cuando Barbosa ya no esté”, se contaba.
De la segunda, lo mismo.
Al gobernador le comentaron que el encargado de operar la estrategia para sumar personajes opositores a su gobierno era el subsecretario.
Por eso, a la primera oportunidad que tuvo, Barbosa lo echó del gobierno, mucho antes de que Manzanilla renunciara en enero del 2020.
Con estos antecedentes se entiende bien porqué del veto.
Para Barbosa, Ramos es Manzanilla, con todo y que ahora parezca contar con el respaldo de Juan Carlos Natale y, por tanto, de Marcelo Ebrard.
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