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La virulencia de twitter no empató con la realidad

Marcha AntiAMLO

Marcha AntiAMLO

¿Qué pasará cuando simpatizantes y detractores del presidente López Obrador se encuentren en las calles, cara a cara, este domingo, en las marchas previstas para manifestarse a favor y en contra de la consulta de revocación de mandato, que se llevará a cabo el próximo 10 de abril?

¿Se harán de palabras?

¿Se llenarán de insultos?

¿Pasarán, en un eventual episodio de penoso comportamiento social, de las agresiones verbales a los golpes?

El ambiente de confrontación que el mismo presidente ha alimentado desde Palacio Nacional permitía esperar algo fuerte para este domingo 3 de abril en la ciudad de Puebla, en caso de que la cordura no imperara, principalmente entre los líderes de cada uno de los grupos opositores.

“Chairos” y “fifís”, como etiqueta el lenguaje doctrinario, se verían de frente.

Y se vieron.

Alrededor del mediodía, los contingentes se encontraron cara a cara en la esquina que forman las calles 16 de Septiembre y Avenida Reforma.

Unos, los de Morena y la cuatroté, liderados por el dirigente estatal de ese partido, con arengas y pancartas que promovían a votar el 10 de abril bajo una consigna común: “El pueblo pone, el pueblo quita”.

Otros, los de Frena, con idénticas herramientas pero distintas frases: “No votes el 10 de abril”, “#terminasytevas”, “#urnasvacías”.

Por fortuna, y esto es algo que pocas veces se detienen a pensar los miles de rijosos que cohabitan en twitter, la realidad no empata con las redes sociales.

Menos con twitter.

Tras unos segundos de desconcierto al mirarse de frente, seguidores y detractores acordaron entre sí no realizar ni alentar ningún tipo de confrontación.

Los de Morena, que triplicaban a los detractores del mandatario en número, usaron los altavoces para invitar a sus compañeros de marcha a no generar ni caer en provocaciones.

Lo que ocurrió después fue que los promotores de la participación de los poblanos en la presunta consulta popular se quedaron en el zócalo y los impulsores de la inasistencia dieron media vuelta para regresarse al Paseo Bravo, de donde habían partido.

Los supuestos enemigos se cruzaron, como se pronosticaba, pero no pelearon.

Ni mentadas hubo.

¿Qué significa eso?

Que la beligerancia empleada por López Obrador a partir de la división del país en dos grupos sociales, económicos y políticos es un recurso que utiliza el presidente para preservar una imagen pública a conveniencia, la de un hombre que gobierna para los pobres (y que deja la vida por ellos) en medio del bombardeo sistemático del sector pudiente que lo ataca por el terror a la pérdida de sus privilegios.

López Obrador ha pintado un país en blanco y negro, sin grises. Sin matices que ayuden a los mexicanos a comprender mejor la realidad en la que viven y a tratar, en consecuencia, de resolver de fondo y a largo plazo sus problemas.

La confrontación social es la herramienta más efectiva de gobierno del presidente.

Al usarla tendrá siempre un ente malvado al que echarle la culpa y evadirá la responsabilidad para la que ha jurado trabajar durante seis años.

Por eso cobra relevancia lo que sucedió este domingo en el centro, a unos metros de los portales.

Sin darse cuenta, unos y otros le plantaron cara a López Obrador, anteponiendo la razón frente a la insistencia discursiva del choque.

Los pocos poblanos que marcharon ayer en torno a la consulta de revocación de mandato mostraron que se puede ser rival en política, mas no enemigo a muerte.

Y eso, en las condiciones actuales, es muy valioso.

Que la pelea se quede contenida en el mundo virtual.

Twitter: @jorgerdzc