Vuelve la inseguridad
Policías
¿Qué ocurre en el área metropolitana de Puebla que ha vuelto a incrementarse la percepción de inseguridad entre los habitantes de los municipios que conforman esa zona con base en la observación recurrente de diversos hechos delictivos?
Hay que esperar al próximo reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública para saber con exactitud si esos sentimientos de pesadumbre empatan con la realidad o si obedecen únicamente al bombardeo informativo de un periodo temporal específico.
Sin embargo, las condiciones delictivas existentes hasta el año 2019 y el final de las restricciones sociales que imperaban por culpa de una pandemia que parece (solo parece) extinguirse permiten anticipar que habrá coincidencia de los números con la percepción social.
La inseguridad ya era alarmante hasta antes de la llegada de la pandemia por coronavirus, que obligó al confinamiento de todos aquellos que pudieron permitirse quedarse en casa sin perder los ingresos económicos necesarios para vivir (y en muchos casos sobrevivir).
Sin movilidad social la incidencia delictiva cayó de manera drástica en 2020 y un poco menos en 2021. Los gobiernos de entonces lo presumieron como un logro, pero la verdad es que era al coronavirus al que había que agradecer. Sin gente en las calles no había a quién robar, a quién extorsionar, a quién violar o a quién matar. Incluso los delincuentes, humanos al fin y al cabo, tomaron sus precauciones para tratar de no morir intubados.
Ese escudo circunstancial que obsequió la pandemia terminó.
No debe ser casual que los delitos del fuero común hayan comenzado a dispararse al mismo tiempo que el flujo social recupera su vieja normalidad.
¿Qué mejor ejemplo de este regreso que el retorno de las clases presenciales al 100 por ciento anunciado apenas el viernes por el gobernador Miguel Barbosa?
Antes de ese anuncio las plazas comerciales ya lucían otra vez repletas de compradores compulsivos y en las calles el tráfico vehicular había vuelto a ser insoportable.
En el descanso de semana santa no cabrá un alfiler en playas y balnearios.
La inseguridad ha retornado y esta vez podría irse a niveles más preocupantes que en 2019 porque el desempleo es mayor.
La emergencia sanitaria dejó a miles de personas sin trabajo.
Quienes consiguieron otro lo hicieron en la informalidad, sin acceso a prestaciones sociales ni servicios de salud.
El problema demanda no solo la activación, sino la coordinación de los cuerpos de seguridad de distintos gobiernos, como el estatal de Puebla y los municipales de Puebla, Coronango, Cuautlancingo, San Pedro y San Andrés Cholula y en una de esas hasta el de Tlaxcala y el de San Pablo del Monte.
Es real.
La central de abasto, un foco rojo de violencia e inseguridad, requiere la suma de esfuerzos de Puebla y Tlaxcala por encontrarse en la colindancia entre ambos estados y tener vías de comunicación (de escape) hacia otros puntos.
Ahora es cuando los poblanos requieren ver ese declarado espíritu de camaradería y colaboración de sus gobernantes concretado en acciones eficientes de seguridad.
Daniel Iván Cruz Luna, secretario de Seguridad Pública del gobierno del estado, tendría que ser pieza principal en esto, lo mismo que María del Consuelo Cruz Galindo, secretaria de Seguridad Ciudadana de Eduardo Rivera Pérez en la capital.
Coordinen al resto de los responsables de la seguridad en los municipios de la zona metropolitana y devuelvan la mediana paz que, aparentemente, ha comenzado a irse de nuevo.
Twitter: @jorgerdzc
