Genoveva Huerta habla mucho de Eduardo Rivera, pero oculta sus acuerdos con los Valencia y Saturnino López Ponce
Genoveva Huerta
Genoveva Huerta Villegas ha pasado la mayor parte de su campaña electoral por la presidencia del PAN cuestionando a Eduardo Rivera Pérez, el edil de la ciudad de Puebla, pero se niega a hablar de dos temas fundamentales y oscuros: que son los acuerdos secretos que tiene con la familia Valencia Ávila y el exedil de Tecamachalco, Saturnino López Ponce.
Dos acuerdos muy graves, si se toma en cuenta que una parte de la familia Valencia Ávila son prófugos de la justicia y que López Ponce fue condenado por violencia política de género por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) cuando era edil de Tecamachalco.
Según los últimos sondeos que se han realizado entre la militancia albiazul, Genoveva Huerta Villegas perdería la elección –si es que no hay fraude—en una proporción de 4 a 6 frente a sus rivales Augusta Díaz de Rivera y Marcos Castro Martínez, quienes son los candidatos del grupo político de Eduardo Rivera.
Esa popularidad de sus oponentes se debe del todo al carisma de los aspirantes, sino al imán que ejerce Rivera Pérez, quien aunque no tiene una relación cercana con muchos grupos panistas del estado, es bien valorado por el triunfo electoral del pasado 6 de junio en la capital.
Rivera es visto como un líder que no solamente tiene capital político, sino como alguien que puede hacer que el PAN recupere su democracia interna y la identidad ideológica que tenía antes del morenovallismo.
Por esa razón, la apuesta de Genoveva Huerta se ha centrado en querer exhibir a un Eduardo Rivera que no cumple acuerdos o que no es congruente con su militancia panista. Es decir, le quiere pegar cuestionando su ética y lealtad al Partido Acción Nacional.
Sin embargo, esos ataques lejos de penetrar en la militancia, ha generado un contrasentido debido a que han surgido muchos cuestionamientos contra Huerta Villegas por sus nexos con los Valencia y Saturnino López Ponce, sin que la panista muestre disposición a aclarar tales asuntos.
De esos dos asuntos, el más cuestionado es el de los hermanos Valencia.
Los hermanos Rafael, Vicente y Jorge Valencia Ávila, gobernaron Venustiano Carranza –un municipio en la frontera norte de Puebla con Veracruz—entre los años 2008 y 2020, primero bajo la protección del priista Mario Marín Torres y posteriormente con el respaldo de los ex gobernadores panistas, Rafael Moreno Valle Rosas y Martha Érika Alonso Hidalgo, junto con el compadrazgo que entablaron con el ex mandatario José Antonio Gali Fayad.
La familia estableció un cacicazgo muy peculiar, por un lado, hacían obras públicas y religiosas con sus propios recursos económicas, además de ayudar a la población necesitada con dinero, pero por otro imponían castigos violentos a los vecinos del municipio que no les mostraban lealtad.
Lo grave de esta familia es que durante su control de Venustiano Carranza el robo de combustible creció desorbitadamente, pues de acuerdo a Petróleos Mexicanos en un plazo de seis años se encontraron poco más de 115 tomas clandestinas de ordeña de gasolina en los ductos de la paraestatal.
Las autoridades han vinculado a los Valencia con el cártel de los Zetas y otras organizaciones delictivas de Michoacán, estado de donde es originaria esta familia.
Para nadie es un secreto que durante el morenovallismo el poder y la influencia de los Valencia se debía a que financiaban no solamente las campañas electorales del PAN en Venustiano Carranza, sino en la mayor parte de la Sierra Norte de Puebla.
En junio de 2020, Vicente Valencia Ávila que gobernaba por segunda vez el municipio de Venustiano Carranza dejó abruptamente la alcaldía y emprendió la huida ente el temor de ser detenido por su presunta vinculación con el crimen organizado.
Lo que en condiciones normales hubiera significado la caída total de la familia Valencia Ávila, no ocurrió así porque se sabe que sigue teniendo influencia en el PAN por la intervención de Genoveva Huerta, quien abogó para que Patricia Valencia Ávila –otra hermana de ese clan– se convirtiera en diputada local.
Ahora muchos se preguntan: ¿Qué negociaron los Valencia para que Genoveva Huerta no les quitara el apoyo del PAN? y ¿si los hermanos en cuestión siguen financiando actividades panistas en la Sierra Norte de Puebla?
Otro tema oscuro en la campaña de la presidente del PAN con licencia, que busca su reelección, es la presencia de Saturnino López Ponce en su campaña electoral.
López Ponce siendo edil de Tecamachalco –por el padrinazgo de Rafael Moreno Valle Rosas—si hizo famoso por su misoginia, que llegó al extremo de que el TEPJF lo obligó a reconocer los derechos de sus regidoras, entre ellas María Ruth Zárate Domínguez, quien sufrió una ola de violencia por parte del entonces alcalde.
Hace unos meses, a López Ponce le negaron en el PAN la candidatura a edil de Tecamachalco por sus antecedentes de violencia política de género. Por eso el ex edil logró la postulación de los partidos Social de Integración y Compromiso por Puebla.
Pese a ser visto como una persona non grata en el PAN, ahora está en la campaña de Genoveva Huerta sin que la candidata a la dirigencia albiazul aclare ¿a cambio de qué?
