Sobre Liz Vilchis (¡Paren Prensas, Señoras!)
Foto: Archivo.
No tengo conflicto alguno con Liz Vilchis pese a que me dijo cosas horribles vía Twitter y terminó por bloquearme antes de que los 15 minutos de fama tocaran a su puerta.
No me cae nada mal.
Incluso podría decir que me simpatiza.
El tema es otro.
Tampoco tengo problemas con el Quién es Quién en la
Información Falsa o las Noticias Fake.
Incluso me parece que era una sección muy necesaria en el espacio de opinión pública más importante del país: La Mañanera.
El problema, como lo dije líneas atrás, es otro.
Digamos que es un asunto de urbanidad elemental.
Todos sabemos que la educación en México es un fracaso.
(No de ahora. Una vez desaparecido el verdadero Vasconcelos —un falso Vasconcelos se mutó en pronazi— , el romance entre los estudiantes y la educación pública se fue al carajo).
A partir de entonces, una buena parte de los egresados de las universidades son francamente analfabetos.
Conozco ingenieros que no saben escribir una lista del mandado decentemente.
Ése tampoco es una gran problema, pues el ingeniero en cuestión jamás aparecerá en La Mañanera conduciendo el Quién es Quién.
El tema, pues, es que Liz Vilchis, en su papel de conductora estrella, sinceramente tiene más problemas de lectura que un ingeniero haciendo la lista del mandado.
Y es un problema porque somos millones quienes padecemos pena ajena cuando dice una costra porosa o una cosa por otra.
Se oye mal.
Muy mal.
Y hace que la pena ajena recorra todos los hogares.
¿Qué necesidad tenemos de que la pena ajena se vuelva un asunto nacional?
No lo merecen Jesús Ramírez ni Jenaro Villamil —los autores del mal leído guión—, ni Lord Molécula, la Rubia Química o el Falso Pirata.
Ella tampoco lo merece.
Una modesta proposición: ¿Qué tal un curso de lectura lenta?
Una lectura real, ajena a las lecturas rápidas que tanto daño han hecho.
Digo.
No sé.
Tendría lógica.
