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Crónica de una Remoción Épica (Adiós al Poder / Adiós a los lujos)

Crónica de una Remoción Épica (Adiós al Poder / Adiós a los lujos)
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Si Julio Scherer Ibarra sigue siendo consejero jurídico de la Presidencia de México hace falta algo más que la puntualización de Jesús Ramírez, vocero formal del presidente López Obrador.
Hacen falta subtítulos.
Iban saliendo el presidente y Beatriz Gutiérrez Müeller del salón donde el primero rindió su tercer informe, cuando ella le dijo “¡Julio!” a Julio con una sonrisa abierta.
Éste volteó a verla desde su lugar en la última fila con una mirada brutalmente triste.
(Una de esas miradas ovejeras que denotan abandono, defenestración, olvido).
Quiso sonreír, pero le salió una mueca.
Ella, rápidamente, señaló su oreja en algo que los hipoacúsicos podrían traducir como “¿escuchaste?”.
Scherer, con ese sonambulismo de quien no sabe si todavía vive, respondió con un titubeante movimiento afirmativo de cabeza.
Ella se despidió de él haciéndole una señal de “a todo dar” con la mano derecha.
Y tomó camino con su esposo.
Scherer se quedó seguramente tratando de entender qué era eso de “a todo dar” cuando su situación indicaba todo lo contrario.
Todo el martes fue sinuoso para el exhombre fuerte de Palacio Nacional.
Rumores que balan como borregos empezaron a circular en Twitter desde temprano.
Y es que hubo un mensaje del presidente lo que se dice brutal.
Palabras más, palabras menos, dijo que la Consejería Jurídica se incorporaría al organigrama del recientemente nombrado secretario de Gobernación: Adán Augusto.
Así.
A secas.
Más tarde, Pascal Beltrán del Río anunció que habría una reunión de gabinete en Palacio y que ahí se ventilaría la renuncia de Scherer Ibarra.
Como comentario del tuit de Pascal, Jenaro Villamil, vocero informal del presidente, puso unas líneas que confirmaban la especie.
Todo mundo empezó a dar por hecho la remoción.
Y nadie la desmintió en las siguientes horas.
Hasta los comunicadores cercanos al presidente la confirmaron.
Así llegaron las cosas hasta que este miércoles, metido en un impensable bajo perfil, Scherer ocupó una solitaria silla en la última fila del informe.
Su rostro lo decía todo.
También sus aplausos desganados.
Incluso ese diálogo sin palabras que cruzó con Beatriz Gutiérrez Müeller.
Ése del “¿Oíste, Julio? A todo dar”.
La política mexicana como en sus mejores tiempos.
Nota Bene: Queda otra opción.
Que Scherer siga siendo consejero jurídico —a las órdenes de Adán Augusto— y sin la interlocución con los ministros de la Corte, los magistrados del Tribunal Electoral y los gobernadores.
Ah…
Y sin el mobiliario que hay en su lujosa oficina: 383 sillones, 32 ventiladores, 20 sofás, 15 credenzas y 13 refrigeradores.
Ufff.
La pena de vivir así no vale la pena.