Augusta Díaz de Rivera sería el plan b para la dirigencia del PAN
Ante el escenario de que Genoveva Huerta Villegas logre sortear todos los obstáculos en su camino a la reelección como presidente estatal del PAN poblano, se dice que sus opositores han empezado a analizar un posible “plan B”, que consistiría en postular a Augusta Valentina Díaz de Rivera, actual regidora en la capital, como eventual aspirante a secretaria general, con la intención de producir un contrapeso dentro del Comité Directivo Estatal (CDE) del blanquiazul.
Algo similar a lo que pasó hace unos meses en que los opositores a Huerta Villegas lograron colocar a Francisco Fraile García, mejor conocido como “el Pastor”, en el cargo de secretario general del CDE y de esa manera se evitó que la corriente morenovallista –encabezada por la presidente del partido—impusiera su voluntad en las decisiones de dicha fuerza política.
Una medida que fue de mediano alcance, ya que durante varios meses Fraile supo ejercer un contrapeso en el CDE, pero al final acabó siendo seducido políticamente hablando por la dirigente del blanquiazul que lo hizo enrolarse en la empresa fallida de buscar ser candidato del PAN a edil de San Andrés Cholula.
El llamado “Pastor” dejó la secretaría general –rompiéndose con el contrapeso que ejercía—y literalmente fue a hacer el ridículo a San Andrés Cholula, ya que nunca logró penetrar una milésima en el ánimo de la militancia panista, que desde siempre estuvo comprometida con el liderazgo de Edmundo Tlatehui Persino, quien logró ganar de calle la contienda sanandreseña.
Pese a lo limitado que fue esa experiencia con Fraile, los opositores a Huerta Villegas le estarían apostando a repetir una posibilidad similar, pero con una mujer: Augusta Valentina Díaz de Rivera, de quien se ignora si estaría dispuesta a enrolarse en dicha intención.
<cab> Los dos planes
En el frente de los opositores a Genoveva Huerta Villegas, sus opositores estarían sopesando el alcance de dos tipos de planes.
El “plan A” de los opositores al CDE panista, está planteado en dos rutas:
La primera es echar abajo el resolutivo del Comité Ejecutivo Nacional del PAN que determinó que la próxima dirigencia del partido debe ser encabezada por una mujer, bajo un principio de equidad de género.
Si se anula esa disposición, se abriría el camino a dos candidatos fuertes: Marcos Castro y Rafael Micalco Méndez, quienes gozan de una muy alta popularidad en la militancia albiazul y cualquiera de los dos puede derrotar a la presidente del CDE.
La segunda es que se seleccione una candidata fuerte para hacer frente a Genoveva Huerta, lo cual implica que debe tener el respaldo de las corrientes del edil electo de Puebla, Eduardo Rivera Pérez; la de Rafael Micalco Méndez y de facciones regionales de Atlixco, San Andrés Cholula, Tehuacán y San Martín Texmelucan, que coinciden en la necesidad de cerrarle el paso al grupo morenovallista en el control del PAN.
El problema es que la mayoría de los cuadros femeninos que tendrían el potencial de ser candidatas fuertes a la dirigencia estatal panista, en su mayoría están enroladas en el próximo gobierno capitalino de Eduardo Rivera Pérez o en alguna diputación local o federal.
A eso se debe que se esté contemplando un tentativo “plan B”, que sería buscar colocar un contrapeso en la secretearía general del CDE, en caso de que no se pueda frenar la marcha de Genoveva Huerta de repetir un segundo periodo consecutivo al frente del partido de derecha.
La idea que se tiene con este segundo plan alternativo sería la siguiente:
Si Huerta Villegas logra un segundo mandato, habrá una peculiaridad, consistente en que la panista al mismo tiempo debe ocupar una curul de diputada federal en San Lázaro, lo cual le restaría presencia en el CDE panista.
A diferencia de que en su actual periodo únicamente se dedicó a dirigir el Comité Directivo Estatal del PAN.
Ahora con ese esquema de que, Genoveva Huerta debe ser diputada federal y posible dirigente al mismo tiempo, abre la posibilidad de que quien llegue la secretaría general ocuparía el espacio de control interno del partido.
Y eso generaría un contrapeso para evitar que el grupo morenovallista, que es minoría en el PAN, siga imponiendo sus decisiones en la conducción de este instituto político.
