Rebelión de la estructura electoral del PRI contra Néstor Camarillo; les debe 60% de sus pagos
La intención de Néstor Camarillo Medina de reelegirse al frente del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI se podría ver frustrada o por lo menos ensombrecida por el fuerte ánimo de rebeldía que hay en su contra de parte de la mayoría de los 52 integrantes de la estructura electoral del partido, que están cansados de su mal trato y falta de cumplimiento de compromisos, que incluye el que no les liquidó dos terceras partes del pago acordado para armar el ejército de representantes de casillas que actuaron en los comicios del pasado 6 de junio.
Sin contar que a muchos líderes priistas les molesta, o mejor dicho les agravia, que Néstor Camarillo, para justificar su intento de mantenerse al frente del CDE del PRI los próximos cuatro años –tal como lo anunció el pasado 11 de agosto—diga que su mejor carta de presentación es el buen resultado obtenido por el tricolor en los comicios del 6 de junio, cuando ocurrió todo lo contrario, el partido ha perdido más del 60 por ciento de su votación histórica.
Tres plazos vencidos para pagar
La estructura electoral del PRI se formó por 52 integrantes que se dividieron en coordinadores regionales, distritales y locales o de zona, que tuvieron como propósito el armar un enorme ejército de representantes del partido en las 7 mil 805 casillas que se instalaron para los comicios del pasado 6 de junio.
Una labor complicada porque el tricolor ha perdido miles de militantes que apenas hace unos años peleaban por representar a esta fuerza política durante una jornada electoral y ahora, son escasos los priistas que aceptan estar en esa responsabilidad.
A los 52 coordinadores se les ofreció un pago de 35 mil pesos a cada uno de ellos, además de cubrirles gastos de llamadas telefónicas, compra de gasolina y uso de vehículos. Por lo menos en el caso de la primera cantidad, se acordó que se cubriría semanas antes de las votaciones.
De manera sorpresiva surgió un primer pago de 15 mil pesos para cada uno de los integrantes de la estructura electoral, un mes antes de las votaciones. Una situación que dejó inquietos a muchos de los participantes, pues estimaron que se trataba de un engaño, de darles una suma inferior para que después pasaran los comicios y no les liquidaran el adeudo. Tenían mucha razón en pensar así.
Faltando un mes para la elección, se empezó a generar un ambiente enrarecido, ríspido, entre los miembros de la estructura electoral y el CDE del PRI, porque no se les había cubierto el pago completo y aparte de ello, tampoco había apoyo para viáticos, como era cubrir las notas de consumo de gasolina.
Para calmar los ánimos, Néstor Camarillo se reunió con los inconformes en un almuerzo realizado en el desayunador del hotel Lastra, ubicado en la calzada de Los Fuertes, muy cerca de Casa Puebla.
Ese día el dirigente priista llegó con un ánimo conciliador. Les dijo que el PRI atraviesa por una difícil situación financiera y que había atraso en la llegada de los fondos comprometidos por el Comité Ejecutivo Nacional del tricolor con el CDE de Puebla, pero que les acabaría pagando lo ofrecido.
Llegó al extremo de decirles que estaba dispuesto a vender alguna de sus camionetas de su propiedad, es decir a poner dinero propio, para cubrirles lo que se les debía.
A algunos les gustó esa promesa.
A otro, les pareció una burla. El valor de una camioneta no cubre el monto del faltante global de dinero que había con los responsables de la estructura electoral.
De manera sorpresiva, ese ánimo conciliador de Camarillo se perdió unos días adelante, al cambiar súbitamente de actitud.
En platicas con algunos coordinadores, se quejó que la estructura electoral estaba fingiendo, que ya los había descubierto. Que en la mayoría del estado no estaba listo el ejército de representantes de casillas. Que querían timar al partido.
Por tanto, mandó el mensaje de que se les iba a pagar con base a resultados de eficiencia. Que consistiría que únicamente se les iba a cubrir el adeudo a los coordinadores que entregaran todas las actas de escrutinio de votos, de las casillas que les fueron asignadas.
Ahí no terminó todo, pues previo al 6 de junio, se supo que la estructura electoral que se había armado para la contienda federal no había funcionado y entonces, los de la estructura electoral para los comicios locales, se tenía que hacer cargo de los representantes para los dos tipos de elección.
Finalmente pasaron las votaciones del 6 de junio y no se sabía nada de los pagos pendientes, que incluía ya los viáticos del día de los comicios.
Entonces surgió un amago de tomar la sede del CDE del PRI, lo que provocó una reacción de la dirigencia, que entonces ofreció pagar los 20 mil pesos restantes –de los fondos comprometidos—en dos etapas: la primera el 28 de julio y la segunda el 28 de agosto.
La primera fecha ya pasó y no hubo pago.
Se acerca la segunda fecha, pero los coordinadores priistas ya no están dispuestos a sufrir otro incumplimiento. Dicen que van a actuar contra el presidente del partido, que por cierto ya no les toma las llamadas telefónicas. Pronto habrá noticias.
