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El Notario que Hostigaba y Amedrentaba

Foto: Expansión

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Como una lluvia en Tepeaca empezaron a caer toda clase de quejas en contra del notorio Paulo Rodríguez Cantellano, notario suspendido de la Notaría 1 con sede, precisamente, en Tepeaca.

Tres mujeres me hablaron del hostigamiento del que fueron víctimas.
Otras más me relataron los despojos inmobiliarios de los que han sido objeto.
Paso a narrar algunas de estas historias, en tanto que nuestro personaje se halla —¿refugiado?— en Coatzacoalcos, Veracruz, al tiempo que su gente cercana le busca un abogado.
¿Pues qué se comió?, se preguntará el hipócrita lector.
La respuesta es predecible:
Se comió un guajolote, tres pozoles y dos docenas de tacos de cabeza.
Una de las mujeres que me narró las suciedades de Rodríguez Cantellano pidió la gracia del anonimato.
Ella, me dijo, conoció al notorio en un programa de radio por internet.
Al ver su auto —un Chevy—, él le dijo que se merecía una camioneta.
“Tengo una guardada. Te la mando”.
No, gracias, respondió ella.
En otro momento, muy quitado de la pena —muy sincero—, le confesó que le gustaba y que quería todo con ella.
No, gracias, volvió a responder.
Los WhatsApps abundaron.
Las invitaciones.
Los ofrecimientos.
No, gracias, siguió respondiendo ella.
Ante tanta negativa, el notorio se enojó y movió sus influencias en la Fiscalía y en el Poder Judicial.
Una tarde, un enviado de él le dijo que había una orden de aprehensión en su contra.
“Cuídate, amiga”, le recomendó.
Ella sintió miedo por primera vez.
El notorio le ofreció respaldo.
Con el paso del tiempo ella supo que la estrategia tenía un solo fin: que él la salvara de una crisis judicial.
He ahí la argucia chicharronera.
Y así como lo hizo con ella lo hizo con otras.
Las historias son casi idénticas igual que los ofrecimientos:
Una camioneta, una declaración de amor, una cadena de hostigamientos, una denuncia judicial, una orden de aprehensión.
Y una propuesta inevitable:
“Yo te ayudo, amiga”.
Todo un aparato de por medio a cambio del auxilio del notorio.
Así ha movido todo en estos años.
Otra Historia de Despojo. Varios periódicos publicaron en abril pasado la misma historia.
También lo hizo en su columna el ya desaparecido Alfonso Ponce de León.
He aquí lo que publicó:
¿Cuántos abogados y empresarios se han quedado con propiedades mediante amañados juicios, donde participan tanto las notarías como el Instituto Registral y Catastral?
Solo hace falta que vean alguna propiedad que se les hace abandonada o les gusta para poder obtenerla, primero con informes falsificados y luego avalados por notarías como la de Tepeaca.
Lo que aquí le comento le ocurrió a la empresaria poblana Paola Yactayo, por poquito se queda sin un terrenito que es propiedad de su familia desde hace 30 años y que se ubica en la zona de Las Ánimas, al Sur de la ciudad de Puebla.
Por suerte se enteró que su propiedad ya era reclamada por grupos que se dedican a apoderarse de terrenos que ven o piensan que están abandonados y de inmediato se defendió y tuvo que hacer frente con sus abogados a este tipo de mafias.
Y es que, a través de la Notaría Pública Número Uno, de la ciudad de Tepeaca, la que está a nombre de Paulo Javier Rodríguez Cantellano, estaban alterando documentos para que la propiedad que le comento pasará a ser propiedad de otros.
Para tal fin, la notaría debió haber tenido el contubernio del Instituto Registral y Catastral, de quien también existe muchas dudas de su forma de operar.
Y no es la primera vez que una notaría se ve envuelta en este tipo de prácticas deshonestas, principalmente la de Tepeaca, la Número Uno, que ha acumulado varias quejas ante el Gobierno de Puebla, además del Colegio de Notarios.
Ufff.
Lourdes Mendoza sigue escribiendo de oídas. Luego del escándalo en el que la involucró Emilio Lozoya Austin con sus declaraciones ministeriales, la columnista de El Financiero incrementó su fobia en contra del presidente López Obrador.
Ahora, metida en ese saquito de rencores que es su columna, se volvió a ir en contra del gobernador Miguel Barbosa, a quien ya había descalificado con los mismos argumentos de hace tiempo.
De hecho, su columna es casi una calca de lo que publicó el año pasado.
Vaya: hasta la pésima redacción es idéntica.
Y sólo uno que otro despistado le sigue el juego.
Faltaba menos.