La fratricida lucha a muerte en el PAN poblano
PAN
Al interior del panismo poblano se vive una lucha a muerte entre hermanos, la cual amenaza con dividir de manera definitiva a este partido político, ante la pasividad de su líder nacional, Marko Cortés, al cual solo parece importarle el reelegirse.
Cortés debe de voltear los ojos hacia Puebla y ver el nivel de polarización que ya existe entre los dos grupos en pugna, el morenovallista y el yunquista, cuyas cabezas visibles son la actual dirigente estatal, Genoveva Huerta Villegas, y el presidente municipal electo, Eduardo Rivera Pérez.
La confrontación entre ambos bandos está a punto de llegar al no retorno, Huerta representa a los últimos resabios del morenovallismo, la corriente hegemónica que gobernó por cerca de una década a Puebla, hasta que sus principales líderes, Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, fallecieran en un accidente de helicóptero el 24 de diciembre del 2018.
Para que el morenovallismo pudiera encumbrarse al interior del PAN, tuvo que desplazar al que fuera el anterior grupo hegemónico, el yunque, quien, durante mucho tiempo, manejó a su antojo a este instituto político, hasta que en el 2010, Moreno Valle ganó la gubernatura de Puebla y despojó a este grupo de la presidencia estatal del PAN.
De hecho, los últimos dos presidentes que se opusieron a que Moreno Valle tomará al más puro estilo priista, el control de este partido fueron Juan Carlos Mondragón Quintana y Rafael Micalco Méndez, quienes fueron obligados bajo amenazas a dejar este instituto político, para ser sustituidos por Jesús Giles Carmona, pero quien realmente llevaba las riendas de Acción Nacional en Puebla, era la esposa de Moreno Valle, la ex gobernadora, Martha Erika Alonso.
Alonso dejó la secretaría general del PAN en Puebla para convertirse en la candidata a la gubernatura, tras su triunfo, Genoveva Huerta, fue designada como nueva dirigente estatal, ya que el elegido, Jorge Aguilar Chedraui, optó por no aceptar esta posición.
A la muerte de Martha y Rafael, un vacío de poder se apoderó el panismo poblano, Genoveva Huerta, traicionó la memoria de sus antiguos jefes y permitió que Acción Nacional fuera despojado de la gubernatura de Puebla, la cual habían ganado en las urnas, al permitir junto con el entonces coordinador de los diputados del PAN en el Congreso local, Marcelo García, que un priista, Guillermo Pacheco Pulido, fuera quien cubriera el interinato, lo cual le abrió el camino del triunfo al hoy gobernador emanado de Morena, Miguel Barbosa.
Huerta sumó una traición más a la memoria de quienes fueran sus jefes políticos, al aliarse con el entonces, secretario de Gobernación, Fernando Manzanilla, quien había sido el hombre más cercano a Rafael, incluso se casó con su hermana Gabriela, pero que terminó distanciado de este grupo y se sumó a las filas del movimiento de López Obrador, apoyando inicialmente a Enrique Cárdenas, como candidato a la gubernatura por Morena y luego a Miguel Barbosa.
El fruto de la alianza entre Huerta y Manzanilla fue la llegada de “Rasputín” Alcántara, como el “asesor estrella” de Genoveva. “Raspu” era uno de los hombres fuertes de Fernando al interior de gobernación con Pacheco e incluso a inicios de la administración de Barbosa.
Por su parte, tras la muerte de Martha y Rafael, el yunque poblano se reagrupo en torno a Eduardo Rivera Pérez, quien había sido presidente municipal de Puebla del 2011 al 2014 y quien tuvo múltiples enfrentamientos con Moreno Valle, lo cual le costó ser perseguido por el entonces gobernador, quien buscó a toda costa inhabilitarlo a través del Congreso local y la Auditoría Superior.
Rivera resistió estoicamente y finalmente derrotó en los tribunales a Rafael, a tal grado que Moreno Valle, tuvo que admitir que Eduardo estuviera de nueva cuenta en la boleta en el 2018, al lado de su esposa Martha, aunque finalmente lo traicionó y apoyo a través de Tony Gali a la actual edil capitalina, Claudia Rivera Vivanco.
De todo mundo es sabido que Huerta trató a toda costa de bloquear la candidatura de Eduardo Rivera a la presidencia municipal de Puebla, así como de Edmundo Tlatehui, a la alcaldía de San Andrés Cholula, quienes irónicamente terminaron imponiéndose a Genoveva y ganaron también la contienda constitucional, paradójicamente, los dos principales triunfos de los cuales se busca colgar la dirigente estatal del PAN, para tratar de justificar su reelección.
Es obvio que, al interior del panismo poblano, hay una gran repudió en contra de Genoveva Huerta, quien prácticamente, desmanteló al panismo y lo redujo a votaciones que este partido alcanzaba a inicios de los años noventa.
De hecho, Acción Nacional consiguió en el pasado proceso electoral tan solo 445 mil 523 votos en el estado, casi 200 mil votos menos a los que obtuvo en el 2018 y también 200 mil votos menos de los que obtuvo en el 2004, el entonces candidato del PAN a la gubernatura, Francisco Fraile García.
De estos 445 mil votos, 220 mil le corresponden a Eduardo Rivera Pérez, quien con un total de 318 mil votos ganó con 21 puntos de ventaja la alcaldía de Puebla, cobijado por cuatro fuerzas políticas más.
En pocas palabras, Marko Cortés seguramente se reelegirá caminando como presidente nacional del PAN, pero como se dice coloquialmente, en Puebla le debe de ir “midiéndole el agua a los camotes”, si es que quiere mantener la unidad del panismo poblano, junto con un aliado como Eduardo Rivera, quien en unos meses comenzará a gobernar la cuarta ciudad más importante del país.
Twitter: @riva_leo
