Toledo se defendía diciendo que los demás líderes parlamentarios tienen más propiedades que él
A principios de mayo pasado, Mauricio Toledo Gutiérrez se decía “perseguido político”, pero seguro de que no procedería en su contra la petición de desafuero, ya que todos los líderes parlamentarios y de diferentes partidos le habían manifestado que era “ridículo” el patrimonio que se le imputaba como prueba de que había incurrido en el delito de enriquecimiento inexplicable, pues cada uno de ellos tenía una fortuna mucho mayor a la de él.
Su principal argumento era: “Me deben muchos favores en la 4T” y con ese argumento decía que iba a salvar los procesos legales en su contra. Se equivocó, porque ahora está escondido en Chile de la acción de la justicia mexicana.
Cuando faltaba un mes para que concluyeran las pasadas campañas electorales, este columnista conversó con Mauricio Toledo, en un restaurante de Palmas Plaza, en donde ataviado de un chaleco color marrón –con los logotipos de Morena y del PT– que utilizaba para hacer proselitismo en el distrito de San Martín Texmelucan y buscar su reelección como diputado federal, decía estar confiado que nada la iba a pasar en torno a la solicitud de quitarle el fuero constitucional para que respondiera a diversas acusaciones penales.
“Tu situación parece muy difícil, te rechazan los líderes de Morena en el distrito de San Martín Texmelucan, tienes un juicio de procedencia en contra, la prensa ha documentado las propiedades que sustentan la acusación de enriquecimiento inexplicable”, observó en una platica informal este tecleador.
A lo que el político de la Ciudad de México, de padres chilenos, respondió de tajo, palabras más, palabras menos: “Si mi nombre no lo hubieran palomeado en Palacio Nacional para ser candidato, sí estaría preocupado”.
“¿Qué hiciste para que desde la presidencia de la República te dejaran ser candidato de Morena y el PT?”, le preguntó insistentemente el autor de esta columna, a lo que Toledo esgrimiendo una leve sonrisa, solo se limitó a decir: “Cuando pase la campaña, te lo platico”.
Sólo argumentó que como legislador ayudó a construir acuerdos parlamentarios a favor de proyectos legislativos que interesaban a la Presidencia de la República, como la creación de la Guardia Nacional.
Según su versión “la persecución” en su contra era consecuencia de que en 2018 derrotó bajó las siglas del PRD a Morena en la alcaldía de Coyoacán y era una afrenta que no le perdonó Claudia Sheinbaum, quien ese año ganó la titularidad del gobierno de la Ciudad de México.
“Pero los señalamientos hacia ti no solo provienen de Morena, tienes una muy mala imagen en la prensa”, le dijo el columnista.
“Sólo me critican los medios afines a Claudia Sheinbaum”, más o menos respondió.
“Yo no veo que el periódico Reforma sea un medio que lleve una buena relación con Claudia Sheinbaum y es de los más duros en tu contra”, reparó el reportero.
Dijo que lo de Reforma era distinto. Que cuando era alcalde de Coyoacán, en la época de Miguel Ángel Mancera como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, mandó a clausurar un importante desarrollo inmobiliario –de unos 500 departamentos– que resultó ser propiedad del director de ese medio de comunicación y que en revancha había una campaña en su contra en dicho rotativo.
El columnista le insistió que tenía una situación complicada porque se había documentado que tenía dos departamentos de lujo y una finca valuada en más de 16 millones de pesos, que en su conjunto tenían un valor superior a los ingresos económicos que había reportado.
En lugar de explicar el origen de sus recursos económicos, dijo que era objeto de burlas de todos los líderes parlamentarios y de diferentes partidos que le decían que tenía pocos bienes para ser enjuiciado por enriquecimiento ilícito.
Y se puso a narrar:
Dijo que alguna vez Mario Delgado, el presidente nacional de Morena, le habría dicho que él tiene más bienes y que nadie le ha iniciado un proceso legal en su contra por sus propiedades.
Que el senador Enrique Ochoa, quien fue presidente nacional del PRI, es famoso porque es dueño de una flotilla de más de mil 200 taxis. “Lo mío no se compara con lo que él tiene”, habría dicho.
“Oye, pero en un país de pobres como México tener dos departamentos de 5 millones de pesos y una finca de 16 millones de pesos no es poca cosa”, le cuestionó por enésima vez el tecleador de esta columna.
“No es mucho”, dijo soltando una sonrisa, poco antes de acabar la platica frente a dos tazas de té.
