Retrato de Fumador con 4 Inútiles al Lado
Foto: Archivo.
Manuel Bartlett buscaba ser senador de la República a través del Partido del Trabajo.
De entrada, abrió su casa de campaña en la zona del Centro Histórico de Puebla.
A petición de Julia Abdala, su pareja sentimental, aceptó integrar al sobrino de ésta: Rodrigo Abdala.
Mientras Bartlett recorría el estado, Rodrigo hacía dos cosas: fumaba y esperaba sentado.
Siempre al interior de la casa de campaña.
A veces fumaba afuera y ponía un pie sobre la pared.
Primero uno, luego el otro.
Apagaba el cigarro.
Encendía uno nuevo.
Y así se llevaba todo el día.
Todos los días.
Cuando don Manuel regresaba y calaba el frío, Rodrigo le ponía una frazada en las piernas y le daba una botella de agua.
La campaña terminó, y Bartlett se fue a dormir el día de la elección con la certeza de que había ganado.
Pero en la madrugada se cayó el sistema y cuando amaneció ya había perdido.
Gritó que le habían hecho fraude electoral, pero nadie le creyó.
Pese a todo, ingresó al Senado.
Rodrigo, en tanto, fue llevado de la mano de su tío político ante Andrés Manuel López Obrador, quien lo hizo diputado federal en 2015.
Ignacio Mier Velazco aparecía en el lugar 3 de la lista plurinominal de la Cuarta Circunscripción, pero fue hecho a un lado para favorecer a Abdala.
Ya en San Lázaro, y con la posterior creación de Morena como partido político, fue designado secretario de Organización del comité estatal en Puebla por el entonces poderoso Gabriel García.
Su labor —que nunca la hizo— era la de crear comités en todo el estado.
Un día, en 2017, surgió una orden: la de convertirlo en candidato a la gubernatura de Puebla por Morena.
El plan se echó a andar, pero hubo un repudio generalizado.
Nadie lo conocía, y los que lo conocían tenían la peor impresión de él.
A su abulia natural sumaba una holgazanería brutal y cierto aire pedantesco que lo alejaba de las bases de Morena.
Lo único que sabía hacer era cobrar su dieta y fumar.
Fumaba todo el día.
Un día se cayó su candidatura y fue llamado a mostrar los resultados de su labor como secretario de Organización.
Fue una sesión terrible para él.
Y es que el virtual candidato López Obrador lo regañó en público y pidió refuerzos.
Ya con AMLO en la Presidencia, Abdala fue nombrado súper delegado.
¿Qué hizo?
Encender un cigarro, fumar y poner un pie en la pared.
La Súper Delegación se vino abajo y se convirtió en lo que es actualmente: una nube de burócratas manejada por sus cuatro Buenos Para Nada: César Addi, José Manuel Vera, Iztac Hernández Quiterio y Joshué Uriel Figueroa.
La suerte cambió para ellos, pues, por ejemplo, de despachar gasolina, Vera pasó a vivir en Lomas de Angelópolis, igual que los otros tres inútiles.
Esos mismos personajes hicieron una chicanada en la más reciente elección: renunciaron a sus cargos en la Súper Delegación, operaron —terriblemente mal— para Claudia Rivera Vivanco, y volvieron a sus cargos en la burocracia dorada.
Hoy la suerte de Abdala está en un tris.
Sobre todo tras la caída de Gabriel García de la Coordinación de Programas para el Desarrollo.
Y es que éste había sido uno de los principales apoyos del sobrino político de Bartlett, quien está francamente decepcionado de él.
Cuentan que es tal su lejanía que varias veces, en las reuniones familiares, el hoy sobrino incómodo ha intentado hablar con el director de la Comisión Federal de Electricidad sobre política y temas de la administración federal.
La respuesta de Bartlett ha sido contundente:
“¡A estas reuniones no vengo a hablar de eso!”.
¿Qué pasará con Abdala?
Es un enigma.
Lo único cierto es que cuando el hipócrita lector esté leyendo estas líneas Rodrigo Abdala estará fumando un cigarro con un pie recargado en alguna pared de Puebla.
