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El Pegasus de Moreno Valle quedó en manos privadas

El Pegasus de Moreno Valle quedó en manos privadas

Durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa se compraron unos 800 equipos Pegasus de espionaje, de la empresa israelí NSO, los cuales en su mayoría acabaron “extraviados”, lo que significaba que dejaron de ser operados desde el gobierno y acabaron en manos particulares o utilizados para fines privados. Es decir, se usaban para propósitos ajenos a la defensa de la seguridad y la soberanía nacional. Uno de esos instrumentales era el que adquirió el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, del cual se sabe que, en la actualidad, seguiría funcionando y no se tiene noción de quién lo controla o se beneficia del mismo.

Quien descubrió esa situación elaboró un informe detallado y lo reportó a las altas esferas de gobierno federal sobre el uso faccioso de esos equipos de espionaje fue el poblano Alberto Amador Leal, por un encargo personal de Manuel Mondragón y Kalb, quien era consejero de Seguridad Nacional de Enrique Peña Nieto, cuando este último fue presidente de México entre los años 2012 y 2018.

Se estima que un 60 por ciento de esos equipos los seguía controlando Genaro García Luna, pese a que ya no era funcionario público luego de haber sido secretario de Seguridad Pública con Felipe Calderón.

Y el otro 40 por ciento, lo manejaban particulares de los que poco se sabía quiénes eran esos operadores. Entre ellos se ubicaba el equipo que compró la administración morenovallista –en el año 2011– con la anuencia de la gestión calderonista.

El informe de Amador Leal era claro y contundente, pues indicaba que lo grave del manejo de esa red de equipos sofisticados que “siembran” un software en equipos electrónicos que permiten grabar audios, videos y mensajes escritos, no era solamente el manejo ilegal de bienes públicos en manos privadas, sino que Pegasus se estaba utilizando para extorsionar, beneficiar a ciertas facciones del crimen organizado y para el espionaje político.

Ese testimonio escrito, según relató el propio Alberto Amador Leal a este columnista, impactó a los funcionarios de alto nivel que lo leyeron. Pero al final, se guardó en un cajón y hubo una actitud permisiva a que todo siguiera funcionando bajo ese esquema de ilegalidad y clandestinidad. Ya que al final el gobierno de Enrique Peña Nieto acabó espiando todavía más que sus antecesores en la silla presidencial.

Son 15 mil los números telefónicos, entre ellos muchos de Puebla, que se espiaron durante el calderonismo, el peñismo y el morenovallismo, situación que es una parte esencial de un enorme escándalo mundial que ha surgido a raíz de la reciente investigación conjunta de 80 periodistas de diferentes naciones –bajo la coordinación de Amnistía Internacional y Forbidden Stories—que han desnudado como los servicios de NSO fueron empleados para la persecución de políticos opositores, periodistas, líderes sociales e importantes empresarios.

“Me van a matar por lo que sé”

A mediados de diciembre de 2020, este columnista se sentó a desayunar con Alberto Amador Leal, una fría mañana de sábado en el Café Aguirre de la 31 oriente. Los tres comensales que ese día estuvieron en la misma mesa no se imaginaban que sería la última conversación con el político poblano, en ese entonces jefe de la Oficina del gobernar Marco Mena de Tlaxcala y quien días más tarde moría a causa de un contagio de Covid-19.

Amador Leal narró que cuando tuvo en la mano la lista de todos los equipos de espionaje Pegasus, se puso a investigar uno por uno para descubrir, de manera sorpresiva, que casi todos tenían el reporte de “extraviado” o “abandonado”. Como si fueran objetos sin valor que no tuviera nada de grave no saber su paradero.

Luego de mucho presionar, descubrió que en la Policía Federal si sé sabía donde estaban los sistemas de espionaje, instalados en casas privadas o en habitaciones de hoteles, pero todo mundo advertía que era imposible el intentar recuperar dichos instrumentos o dejarlos fuera de funcionamiento.

Al final, relató Alberto Amador, se percató que era un asunto peligroso, que tocaba intereses oscuros del poder político y de la relación con el crimen organizado al más alto nivel.

Por esa razón, luego de advertir que nada iba a cambiar, el camino que siguió es que un día se presentó ante Manuel Mondragón y Kalb, a quien le expresó: “Sáqueme de esta tarea, porque me van a acabar matando”.

Y efectivamente salió de esa responsabilidad.

Este columnista le insistió: ¿Y qué se sabe de esos equipos, todavía existen?

Con un estilo pausado, sereno, Amador contestó: “esos equipos ahora se dice que los siguen utilizando contra el gobierno de la 4T”.

¿Y el equipo de Moreno Valle quién lo tiene? “Se sabe que lo siguen utilizando, pero ahora contra el gobierno estatal”, habría respondido, palabras más, palabras menos.