Ascenso y caída de Gabriel Biestro
Foto: Archivo.
Teniendo como telón de fondo el fin de la LX legislatura local, también terminó el ciclo de Gabriel Biestro Medinilla como líder parlamentario, dejando un amargo sabor de boca, pues su carrera tuvo un meteórico crecimiento y al mismo tiempo una acelerada caída. Pasó de ser un personaje que prometía cambiar la forma de legislar y abrir espacios a reformas que antes parecían imposibles, a mostrar un talante conservador y autoritario, carecer de oficio político y no entender el ideario básico de la 4T. De alguna manera, pasó a ser un freno al cambio que ofreció el movimiento lopezobradorista en 2018.
Biestro en muy poco tiempo –menos de 4 años– pasó de ser un simple brigadista a dirigir Morena en el estado y luego asumir el liderazgo del Congreso, pasando por rozar la gubernatura a principios de 2019 cuando se buscaba a un interino en la titularidad del Poder Ejecutivo ante la muerte de la mandataria Martha Erika Alonso Hidalgo.
Ahora Biestro acaba sin nada. Es su patético final al concluir el ciclo de la LX legislatura local que él encabezó y que se había prometido que sería un parteaguas.
Gabriel Biestro no pudo reelegirse como diputado local ni saltar a una curul federal. Fracasó abrumadoramente en su intento de ser candidato de Morena a la presidencia municipal de Puebla. No tiene un cargo público asegurado y si le abren un espacio en el gobierno del estado, será una posición poco relevante. Y por si fuera poco, se enfrentó a los dirigentes de Morena, el partido que le permitió incursionar en la política local.
El balance más negativo es que en el Congreso su actuación y la de todos los diputados de Morena fue ir en contra de las promesas de campaña de 2018 y el ideario de la Cuarta Transformación Pública de México. Solo hay que ver este balance:
Mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador ha desechado toda forma de represión policiaca y militar para resolver conflictos sociales, incluso contra la población que se negó a acatar las medidas sanitarias para evitar la propagación del Covid-19, el flamante líder del Congreso local, es decir el señor Biestro, aprobó un protocolo de corte diazordacista o morenovallista –que ideológicamente son lo mismo—para la atención de manifestantes dentro del Poder Legislativo.
De tal forma, que todo aquel ciudadano que dentro del Congreso grite o critique a un diputado, será echado por la fuerza publica. Esta norma primitiva se inauguró con María Luisa Núñez Baroja, la dirigente del colectivo Voz de los Desaparecidos.
Uno de los pilares de Morena y la 4T, son todos aquellos colectivos, organizaciones no gubernamentales, artistas, sectores académicos y cuerpos estudiantiles de educación superior que –en 2018– reclamaron impulsar una agenda de derechos de género, de igualdad e inclusión social, de fortalecimiento de las garantías individuales.
Con Biestro eso no avanzó. En mucho porque demostró no entender en que consistían los proyectos de reformas a favor de esos derechos y que únicamente se podían aprobar con la llegada de la izquierda al control de los poderes legislativos.
Mientras en Oaxaca e Hidalgo las bancadas legislativas de Morena lograron la despenalización del aborto, en Puebla solo hizo falta una llamada de regaño del arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, para conseguir que Gabriel Biestro desechara la agenda de derechos sociales que habían impulsado las bancadas del PRI y de Morena.
Resulta sorprendente que mejor el panista Rafael Moreno Valle Rosas mostraba distancia frente a los reclamos de sectores conservadores y religiosos, que Gabriel Biestro que nunca supo defender el carácter laico y de libertades plasmado en la Constitución del estado de Puebla.
La propuesta electoral más importante que impulsó Morena en 2018, para el caso de Puebla, era echar abajo la privatización del agua potable.
En mucho, esa rabiosa denuncia que la 4T hizo contra los abusos del morenovallismo, sirvió para que Morena a nivel nacional impulsara una reforma legislativa para prohibir la privatización del servicio de agua potable en todo el país, bajo el precepto de que la distribución del líquido es un derecho humano que no se pueda mercantilizar.
Contrario a esa versión, primero Biestro mintió cuando ofreció públicamente que en diciembre de 2019 se presentaría la iniciativa para cancelar el contrato de concesión de la empresa Concesiones Integrales. Nunca cumplió con ese ofrecimiento y en contraparte, empezó a actuar a favor de dicha compañía.
Meses más tarde, Biestro impulsó una ley que legaliza los cortes del servicio de agua potable por Concesiones Integrales. Es decir, consolidó el sistema de despojo del agua como bien público que echó a andar el finado Rafael Moreno Valle Rosas en 2014, a favor de los intereses de los Cortina, una familia consentida por el gobierno neoliberal de Carlos Salinas de Gortari y que es la principal accionista de Concesiones Integrales.
La LX legislatura local barrió el récord de tener acciones de inconstitucionalidad en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Eso se debió a que el cuerpo de expertos en temas parlamentarios que tenía el Congreso local fueron echados cuando llegó Gabriel Biestro a ocupar la presidencia de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Poder Legislativo.
En su lugar, se colocó un equipo incompetente en temas legislativos y eso explica los pobres resultados de los diputados que ya se van.
