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El Impostor que se Jacta de Demócrata (y el Valet de Ebrard)

El Impostor que se Jacta de Demócrata (y el Valet de Ebrard)

Fernando Treviño fue abogado de una empresa coreana que maltrató como pudo a sus empleados.

Y pudo mucho.
Mejor dicho: pudieron la empresa y su abogado.
En efecto:
El presidente de la COPARMEX Puebla, que tanto dice defender los intereses de los empresarios y la planta productiva, fue en su momento un cómplice abierto de sus jefes: los implacables dueños y administrativos de la empresa Kukdong.
Treviño quiere pasar por puro.
No lo es.
Su biografía lo desmiente.
La excelente periodista Ruby Soriano trabajaba en Revista 105, dirigida por Sergio Mastretta en La Radiante, cuando vivió una experiencia doblemente traumática: el violento desalojo ordenado en contra de los obreros de la planta y la obscena propuesta del abogado Treviño para que guardara silencio.
Sí.
El honesto abogado patronal —el que presume civilidad y actitudes democráticas en sus mal redactados desplegados— se plantó ante una valiente reportera con aires de matón de pueblo para amedrentarla.
Qué orgullo.
Y para que el hipócrita lector no se quede con las ganas de saber lo que ocurrió en aquel 2001, lo dejo con varios fragmentos de la crónica que en su momento escribió Ruby Soriano en Poblanerías, el portal que dirige mi querido y admirado Luis Enrique Sánchez:
El reclamo era contundente: Maltrato de los coreanos a los cientos de obreros que maquilaban ropa deportiva para las firmas Nike y Reebok.
A propósito del video que circuló hace unos días en redes sociales de un coreano agrediendo a un empleado mexicano en una fábrica de Querétaro, me queda claro, que después de 11 años la realidad no cambió.
Corría el año 2001 y el movimiento de las obreras de Kukdong tomó alcances inusitados cuando quedaron al descubierto los maltratos verbales y físicos, la deplorable comida que consumían y las extenuantes jornadas de trabajo a las que eran sometidas.
Bien vale recordar este antecedente laboral poblano y mencionar los nombres de varios personajes que se vieron “involucrados” en un escándalo internacional.
La gota que derramó el vaso, fue el desalojo de las trabajadoras durante una madrugada a través de un operativo policiaco que me tocó atestiguar.
Estas obreras recibieron una doble agresión, primero de extranjeros que veían en ellas sólo la fuerza bruta de un trabajo desgastante en máquinas de coser, y por otro lado, el de sus propios gobernantes defendiendo los intereses de empresarios asiáticos que presionaron con todo.
Y es que estaban en juego desde el riesgo del escándalo internacional con el incumplimiento de códigos de ética que imponen las firmas norteamericanas, el pago de dádivas a funcionarios estatales que hicieron su agosto con el arribo de capital coreano a Puebla y la presión de los sindicatos charros como la CROC que defendían con uñas y dientes sus contratos de protección para evitar toda posibilidad de la integración de un sindicato independiente.
Dos momentos claves vienen a mente: La petición del entonces secretario de Gobernación Carlos Alberto Julián y Nácer para no difundir los gritos y llantos captados por mi grabadora la noche del desalojo, y el ofrecimiento del hoy Vicepresidente de Coparmex Puebla Fernando Treviño –entonces abogado de Kukdong- para llegar a una “negociación” con los coreanos.
La difusión se hizo y el escándalo tomó alcances internacionales que situaron a Puebla como una entidad donde se violaban constantemente los derechos de trabajadores.
Pero como en toda vorágine de realidad laboral, los años pasan, y algunos pierden la memoria y olvidan pasajes vergonzosos que para desgracia de millones de obreros se repiten en empresas principalmente coreanas, que ven en México la posibilidad de una inversión rentable ante la mano de obra barata que encuentran y la facilidad para instalarse.
El Valet de Ebrard. Penoso.
Muy penoso.
Fue como si Mauricio Garcés convocara a Luis Manuel Pelayo en el papel de Sócrates para evidenciar su músculo electoral ante la exuberante Zulma Fayad.
Esto es real:
Juan Carlos Natale, el Valet de Marcelo Ebrard, llevó acarreados a la taquiza con la que el secretario de Relaciones Exteriores manifestó sus intenciones de buscar la Presidencia de la República en 2024, pese a los 26 muertos de la Línea 12.
No sé qué fue peor:
El cinismo o los tacos ya pasados de carnitas que el Canciller ofreció a los gorrones.

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