Creciente consenso de que Marcos Castro debe ser el próximo presidente del PAN
Pese al despliegue que hay de Genoveva Huerta Villegas para buscar garantizar su reelección como presidenta estatal del PAN, entre las corrientes internas del partido se ha empezado a construir el consenso de que el próximo dirigente tiene que ser alguien que cubra dos aspectos esenciales: que regresa a esta fuerza política a la competencia electoral en todas las regiones del estado y que no sea excluyente. En ese sentido muchos están volteando a ver a Marcos Castro Martínez, el artífice de la victoria de Eduardo Rivera Pérez en la disputa por la alcaldía de la capital.
Aunque el relevo en el Comité Directivo Estatal del PAN se estima que se podría producir hasta el próximo 14 de noviembre, para que coincida con el cambio del presidente nacional del albiazul, ha empezado a generarse una fuerte efervescencia entre grupos panistas para discutir, decidir, si debe haber continuidad o un cambio de 180 grados en la conducción de la principal fuerza de oposición en el estado de Puebla.
Esa agitación en mucho se debe a dos percepciones: la primera que el resultado de los comicios del pasado 6 de junio demostró que el partido puede tener una importante vida electoral sin el control autoritario que tenía el extinto ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, quien creó la idea de que “el PAN no sabe gana sin mi”.
Y resulta que el albiazul arrasó –hace un mes– en la zona metropolitana de Puebla, que es la región más importante del estado.
La segunda percepción es que el PAN tiene una oportunidad realista de disputarle a Morena la gubernatura de Puebla dentro de tres años, en la probable figura de Eduardo Rivera Pérez, quien en 3 meses asumirá la titularidad del ayuntamiento de la capital.
El mérito de los 88 mil votos adicionales
En la segunda semana de mayo pasado, el mes de las campañas electorales, el equipo de Eduardo Rivera tenía en sus manos 14 encuestas de opinión pública.
Como resultado del análisis de todos esos sondeos, se había determinado que Rivera aventajaba a su rival de Morena, Claudia Rivera Vivanco, por apenas 8 puntos de diferencia.
Sin embargo, había mucha preocupación pues los operadores panistas calculaban que el candidato de la coalición Vamos por Puebla tenía asegurados unos 130 mil votos, pero necesita ganar unos 230 mil para tener afianzado el triunfo y no se sabía si se podría alcanzar esa cifra abultada de apoyos ciudadanos en las urnas.
El temor era que Morena como marca, al margen de los candidatos postulados por esa fuerza política, estaba bien posicionada e incluso estaba creciendo, lo que hacía suponer que podía haber un brinco final de votos hacia el movimiento de la 4T que podían alcanzar y rebasar las cifras de sufragios estimados que obtendría el albiazul.
Ese miedo estuvo fundamentado, pues efectivamente Claudia Rivera Vivanco logró una votación de 189 mil 604 sufragios, por arriba de los 150 mil que parecía tener garantizados y se creía que eran suficientes para ganar.
La sorpresa del 6 de junio fue la respuesta a la estrategia de votación del PAN, que dejó sorprendido al propio Eduardo Rivera y en general a toda la cúpula albiazul cuando las cifras de sufragios llegaron a los 318 mil 424, es decir 88 mil votos más de la marca ideal y que hasta finales de mayo se dudaba que se pudiera alcanzar.
Y esa ola azul en mucho se expandió al resto de la zona metropolitana de Puebla, que se convirtió en territorio albiazul, a excepción de San Martín Texmelucan, en donde se sospecha que hubo un fraude electoral a favor de la edil Norma Layón Aarún.
El artífice de ese resultado tiene nombre y apellidos: Marcos Castro Martínez, quien fue el coordinador de la estrategia territorial del equipo de Eduardo Rivera Pérez.
Castro fue quien planeó, organizó y estructuró la estrategia que funcionó y logró sacar a amplios sectores de clase media a que votaran contra la 4T o a favor del retorno de Eduardo Rivera al ayuntamiento de Puebla, o bajo ambas circunstancias.
Más allá de ser de ser un hombre de confianza del candidato albiazul, Castro funcionó en su papel de estratega electoral por el conocimiento que tiene del municipio luego de que fue regidor en el periodo gubernamental de la capital entre 2014 y 2018, y por haber sido director de Atención Ciudadana del ayuntamiento de Puebla en el año 2013.
No siempre los estrategas electorales brincan a los cargos de dirección partidista o de elección popular, pero en este caso los bonos de castro Martínez se han incrementado debido a que ya fue secretario general del CDE del PAN, lo cual le permitió tener una convivencia con panistas de todas las corrientes y de las diferentes regiones del estado. Y se destacó por tener una relación de cordialidad y dialogo con la mayor parte de las facciones del partido de derecha.
La constante observación negativa que se ha hecho contra Genoveva Huerta es que aunque es una líder opositora con mucho tesón, acabó fracturando al partido por su carácter excluyente, en donde únicamente tenían cabida los grupos que le son afines, que son los remanentes del morenovallismo y sectores relacionados con el ex gobernador José Antonio Gali Fayad y el ex secretario de Gobernación, Fernando Manzanilla Prieto.
Además, se ganó en mucho porque Genoveva Huerta se quedó al margen de las estrategias para atraer votos.
Cuando la dirigente estuvo al frente de un proceso electoral, en 2019, el entonces candidato panista Enrique Cárdenas Sánchez perdió la gubernatura por una diferencia de 174 mil votos en contra del morenista Luis Miguel Barbosa Huerta.
Ahora Marcos Castro hizo ganar a Eduardo Rivera por una diferencia de 128 mil sufragios frente a la morenista Claudia Rivera.
Los números son fríos.
