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Repite Néstor Camarillo en el PRI para garantizar el control del Grupo Oaxaca

Repite Néstor Camarillo en el PRI para garantizar el control del Grupo Oaxaca

El PRI poblano el viernes acabó de perder toda su dignidad con la ratificación de Néstor Camarillo Medina como presidente de esta fuerza política, luego de que el pasado 6 de junio tuvo una de sus peores derrotas electorales, lo que merecía una urgente remoción de sus dirigentes por ser directamente responsables de la debacle. Sin embargo, eso no ocurrió porque hay otro interés más importante en el tricolor, que volver a la competencia comicial, que es evitar que el llamado Grupo Oaxaca –encabezado por José Murad Casab– pierda el control de lo que queda de dicha agrupación y se evite une rebelión de las bases priistas.

La fallida toma de la sede del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI el pasado 29 de junio, que terminó en un violento enfrentamiento generado por un grupo de “halcones” enviados por José Murad Casab, el ex gobernador de Oaxaca, en contra de las huestes de su eterno rival el también ex mandatario oaxaqueño Ulises Ruiz Ramírez, ha prendido “los focos rojos” en el otrora partido oficial.

Se dice que el sainete reciente ha generado una extrema preocupación en el CEN del tricolor por la eventual rebelión de las cada vez más menguadas bases priistas, que ven como irremediablemente el PRI se hunde de manera apresurada y sus dirigentes no hacen  nada para salir a flote, sino por el contrario el partido se ha convertido en un aliado de la derecha, que tanto combatió en las urnas.

No es que Ulises Ruiz sea el líder carismático que tanto necesita el PRI, luego de que quiso tomar el partido para exigir la caída de Alejandro Moreno Cárdenas como dirigente nacional, pero en el CEN priista se tiene claro que la disidencia generada por el ex gobernador oaxaqueño puede ser la mecha para detonar una avalancha de protestas contra la conducción de este instituto político.

Ante ese temor, se decidió una estrategia urgente de garantizar en cada Comité Directivo Estatal del PRI la ratificación de los dirigentes locales que son incondicionales del llamado Grupo Oaxaca, que comanda Alejandro Murad Casab, como una manera de sofocar cualquier intento de cuestionamiento contra la errática conducción del partido.

Y uno de los primeros que fue ratificado, como parte de esa estrategia, fue Néstor Camarillo, pese a los ridículos resultados que el PRI poblano obtuvo el pasado 6 de junio en las urnas de Puebla.

Los pocos triunfos del tricolor, como son los de Xicotepec de Juárez, Zacatlán, Chignahuapan y Huaquechula, que son municipios de poca población y sin un importante desarrollo económico, fue obra de los caciques regionales, no fruto de la acción del CDE del PRI, que donde puso candidatos salidos de las filas priistas –es decir que los abanderados no eran panistas—perdió en todas las plazas.

El tricolor quedó borrado de toda la zona metropolitana de Puebla, del Valle de Tehuacán, así como de las regiones de Huauchinango, Atlixco e Izúcar de Matamoros. Es decir las zonas más importantes.

Se sabe que, en una primera evaluación que se hizo en el CEN del PRI, se consideró que Puebla estaba entre los desastres electorales más pronunciados, por su peso político a nivel nacional. Siendo la quinta entidad que más votos aporta en una contienda presidencial, aquí el tricolor ha perdido dos terceras partes de sus sufragios. No es una catástrofe menor.

Sin contar que la llegada de Néstor Camarillo a la dirección del PRI provocó la peor salida de liderazgos de este partido en repudio a este dirigente, entre los que se encontraban Juan Manuel Vega Rayet, Germán Sierra Sánchez, Adela Cerezo, Héctor Laug, Armando Díaz Arteaga, entre otros. Eran personajes que nunca se le podía imaginar que un día dejaran de ser priistas orgánicos.

Con esos números, había todas las condiciones de buscar un relevo de Néstor Camarillo, que ha llevado al PRI poblano a uno de sus peores derroteros electorales.

Esos malos resultados, esa evaluación negativa, se borraron de un plumazo al día siguiente de que Ulises Ruiz no pudo tomar el PRI al ser echado por golpeadores que llegaron a moler a batazos y con tubos a los militantes tricolores que se quisieron plantar frente al CEN.

Trascendió que al siguiente día del sainete se decidió –en el CEN del PRI– ratificar a los incondicionales, aunque sean los peores dirigentes evaluados.

Por esa razón este viernes estuvo en Puebla el presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, para mandar el mensaje de que el CEN no va a tolerar que nadie alce la mano para pedir cambio de dirigentes. Quien lo haga, el mensaje entre líneas, fue que sería echado de la misma manera en que trataron a la gente de Ulises Ruiz.

Moreno Cárdenas es un incondicional de Alejandro Murat, el líder del llamado Grupo Oaxaca.

A su vez, el secretario de Acción Electoral del CEN del PRI, Javier Casique Zárate, es otro acolito de Murad Casab.

Y Néstor Camarillo llegó al cargo actual por una intermediación de Javier Casique Zárate, quien es oriundo de Oaxaca.

Casique jura que en 2024 va a ser el candidato del PRI a gobernador de Puebla y por esa razón, necesita a Néstor Camarillo al frente del partido.

Y Murad quiere que el candidato presidencial del PRI en 2024 se su hijo Alejandro Murad, actual gobernador de Oaxaca, o en su defecto, Alejandro Moreno Cárdenas.

Es decir, el PRI ya es “el club de Tobi” del Grupo Oaxaca.