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Lo que Biestro y Morena perdieron por su negativa a legislar sobre el aborto

Lo que Biestro y Morena perdieron por su negativa a legislar sobre el aborto

Una vez que ya pasó la tormenta electoral, vale la pena preguntarse: ¿Qué ganó Morena con su negativa a legislar sobre la interrupción legal del embarazo? La respuesta es perdió todo: se sometió a los intereses de la derecha y el clero católico, perdió el voto de importantes sectores progresistas del electorado y al final, en las urnas el Partido de Regeneración Nacional fue arrasado en la zona metropolitana de Puebla, el área de mayor influencia económica, social y política en el estado.

Aunque en realidad el principal damnificado se llama Gabriel Biestro Medinilla, el gran perdedor del actual proceso electoral.

En septiembre de 2019 se retiró la propuesta de reforma que permitía interrumpir el embarazo en las primeras 12 semanas de gestación de manera legal, voluntaria y bajo control sanitario. La justificación fue que únicamente se posponía la discusión un año.

En realidad lo que ocurrió fue que el tema le dio miedo a Gabriel Biestro, en su calidad de presidente del Congreso y coordinador de la fracción parlamentaria de Morena, luego de un fuerte regaño de los jerarcas religiosos de Puebla.

Por esa época, Biestro sentía que estaba en el pináculo del poder político y creía –sin base alguna– que iba a transitar en un camino terso y seguro para ser candidato a la alcaldía de la ciudad de Puebla.

“Ya no pensaba como aspirante, sino como candidato”, dicen quienes lo conocen. Por esa razón decidió eliminar aquellos factores que pusieran en riesgo “su casi triunfo” en las urnas.

Era una actitud megalómana, de alguien que le daba la espalda a las dos propuestas más importantes que Morena, como fuerza opositora al PRIAN, hizo en el proceso electoral de 2018, que eran: desprivatizar el servicio del agua potable e impulsar una agenda de derechos de género, de diversidad sexual e inclusión social sin precedente.

Como presidente del Congreso, Biestro adoptó la actitud de que era más trascendente, relevante, prioritario, cuidar su proyecto personal, que ser congruente con el cambio que la 4T ofreció a la ciudadanía.

Esa actitud la asumió luego de que a mediados de 2019 se presentó la iniciativa para despenalizar el aborto y el arzobispo Víctor Sánchez Espinoza, mandó un mensaje a los diputados de Morena de que la iglesia Católica se oponía rotundamente a la reforma en cuestión y que no permitiría su aprobación.

Algo similar pasó con los principales pastores de las iglesias cristianas de Puebla.

Eso acabó amedrentando a Biestro que creyó que ese regaño clerical ponía en riesgo de carrera política.

Por eso dio marcha atrás, a la promesa de echar abajo el contrato de concesión del servicio de agua potable y la agenda de derechos de género. Sin importar que con eso se le deba la espalda al electorado que votó por Andrés Manuel López Obrador y los candidatos de Morena.

Al final, la actual Legislatura está por concluir su ciclo, sin que los diputados de Morena –que son la mayoría– cumplieran con la agenda de género.

Con el enojo, la decepción, el malestar, de colectivos femenistas, de defensores de derechos humanos y de muchos sectores progresistas de Puebla.

Y Morena no ganó ni un voto con esas actitudes timoratas, pues el partido fue arrasado por 21 puntos en la capital y la mayor parte de la zona metropolitana.

Biestro, no logró ser candidato a edil.Ni tampoco se pudo reelegir como diputado.

No le tocó ni una regiduría de consolación. Se quedó sin nada.

Únicamente contribuyó a la derrota de Morena con su guerra intestina contra la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco.

Biestro y Rivera nunca entendieron que sus desavenencias tenían que ponerles  fin para no dañar a la 4T.

Ahora Biestro es el gran derrotado por todos: por la derecha, por Morena que no lo eligió de candidato, por los electores defraudados por los diputados morenistas.

De pena ajena.