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El Debate por la Alcaldía de Puebla en Dos Autopistas

El Debate por la Alcaldía de Puebla en Dos Autopistas
Escribo estas líneas antes del debate entre los candidatos a la presidencia municipal de Puebla.
Lo que sucederá corre en dos vías:
Retrato hablado 1:
Será más aburrido que pegarle a Dios.
El bostezo será el tono del encuentro.
Nadie se atacará ni con el pétalo de una calumnia.
Un solo rozón no respirará en sus orejas.
Claudia Rivera presumirá que pagó la deuda entera del ayuntamiento gracias al subejercicio en el que incurrió su administración.
(Lo del subejercicio no lo reconocerá).
Según los economistas, se habla de subejercicio cuando un gobierno no gastó lo que tenía autorizado en un ejercicio fiscal.
Hasta enero de 2021, el ayuntamiento tenía en el banco mil 536 millones de pesos para obras que fueron prorrogadas.
La regidora Rosa Márquez —sumisa aliada de quien antes enfrentaba— fue quien reveló el caótico manejo financiero.
“En 2019 —dijo en su momento—, no se gastaron más de mil millones de pesos, y el gobierno de Claudia Rivera decidió transferirlo al ejercicio fiscal de 2020”.
¿A cuanto ascendió el pago de la deuda histórica?
A poco más de 318 millones de pesos.
¿A cómo amaneció el kilo de cinismo?
A una cantidad similar.
El subejercicio es dinero que pudo haber generado la obra pública necesaria pero que no se utilizó por la ineptitud de una administración metida más en una falsa agenda feminista.
Y fue falsa porque Claudia Rivera terminó solapando a su hombre fuerte del ayuntamiento y revictimizando a la víctima de éste en un tema escalofriante: el hostigamiento sexual.
Salvo Eduardo Rivera Santamaría —candidato de un partido que es alcahuete de Claudia—, nadie más le pegará a Eduardo Rivera Pérez, candidato del PRIANAL.
El Candidato Vaporrub, Edgar Yamil Yitani, llamará a limpiar el ambiente polarizado con violeta de genciana.
Rivera Pérez y Rivera Vivanco —“Nosotros los Rivera”— no llegarán a tocarse.
Todo quedará en la reserva de las alusiones personales.
Un debate paria plagado de bostezos.
Retrato hablado 2:
Los Rivera se lanzarán lodo y pastelazos.
El candidato del partido alcahuete incluso le gritará a Rivera —el del PAN— por órdenes del financiero (Gali) de Rivera —la de Morena.
Pese a los grititos histéricos del moderador, los Rivera se acusarán de ser padres —o madres— de los siete pecados capitales.
Rivera Santamaría (¡madre de Dios!) incluso amagará con golpear a Rivera Pérez.
En tanto, el candidato Vaporrub llamará a la prudencia como lo hacían las tías abuelas en los años sesenta.
Al final del debate, Santamaría declinará por Claudia Rivera, como buen acólito de monseñor Gali, quien lo ha venido patrocinando todo este tiempo.
Uno de los dos escenarios veremos.
Apueste usted, querido hipócrita lector.
 
La Abyección en Tiempos de Morena. Con voz gruesa, desde su lugar bajo el templete en el mitin de Morena —realizado en el salón Country: el lugar de los triunfos marinistas—, una señora de la tercera edad no dejó de gritarles a Mario Delgado y a los suyos una palabra que terminó por calarles: “¡Traidores, traidores, traidores!”.
Fue el jueves pasado cuando el dirigente nacional de Morena vio la polarización generada en Puebla por quienes en el mejor estilo priista se quedaron con candidaturas claves.
El grito no dejó de resonar desde que arrancó el mitin.
Delgado, con los ojos saltones, no sabía qué hacer para frenarlos.
Tuvieron que pedirle entonces a la locutora Nay Salvatori que los enfrentará con los suyos.
Vino entonces una escena que transitó de lo ridículo a lo patético.
Y es que la diputada del PES —refugiada en las faldas de Morena— se hincó para rogarles a los furiosos morenistas descontentos:
“¡Les suplico por México que nos unamos esta vez! (…) ¡¿Se puede o no se puede, carajo?¡”.
Era la misma voz desgañitada que en sus tiempos de locutora de radio le dijo a una menor de edad a la que le habló por teléfono en el contexto de una supuesta broma:
“¡Mira, pendeja, tú a mí no me vas a cuestionar! ¡Pinche escuincla babosa! ¡Y ojalá se te quite lo puta!”.
Pero su súplica no frenó a los descontentos.
Tampoco el minuto de silencio que Claudia Rivera pidió en memoria de los caídos por la guerra del covid.
Entre gritos llegaron.
Entre gritos se fueron.
Y ni sus propios gritos en favor de Morena pararon la protesta.
Ufff.
Lo que hay que ver.