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Entre Rosa Luxemburgo y las Mantecadas Tía Rosa

Entre Rosa Luxemburgo y las Mantecadas Tía Rosa
Qué curiosa y nefasta es una zona del feminismo poblano.
(Ésa que está más cerca de las mantecadas Tía Rosa que de los breves ensayos feministas de Rosa Luxemburgo).
Frescos están los tuits de Catalina Pérez Osorio (“Cata”) y otras funcionarias del ayuntamiento de Puebla, alardeando su apoyo y adhesión ilimitada —ignominiosa— a Andrés García Viveros ante la “ola de calumnias” relacionadas con un “falso” acoso sexual.
Ésa fue su vergonzosa respuesta a una columna mía publicada el jueves 10 de diciembre de 2020, dos días después de que la víctima de García Viveros se atreviera a denunciarlo a él y a su protectora y encubridora: Claudia Rivera Vivanco.
Imagino la reacción de las verdaderas feministas al interior del ayuntamiento cuando vieron esos actos de brutal ignominia.
Y es que, en el Palacio Municipal, todos —todas y todes, como les gusta decir— estaban enterados de los hostigamientos sexuales del hombre fuerte de Claudia.
Y varias de esas feministas Tía Rosa los comentaban a la hora de las mantecadas.
Se sonrojaban, sí.
Se horrorizaban.
Pero cuando la presidenta municipal giró la orden, todas corrieron a abrazar al acosador y a subir selfies y tuits que hoy las llenarían de vergüenza.
Quien esto escribe iba en carretera cuando los mensajes de Twitter empezaron a sonar en mi teléfono.
Tuve que hacerme a un lado para ver qué pasaba.
Era la ofensiva feminista de Claudia para lavarle la cara al acosador sexual.
Mujeres que respetaba, tuiteaban, frenéticas, condenando las “calumnias” —mías— y solidarizándose con él.
“Es un honor trabajar al lado de Andrés García Viveros, compañero de lucha y defensor de las MUJERES!!!”, escribió una empleada de Claudia que hoy la acompaña en la aventura reeleccionista.
Y junto a esas palabras aparecía una foto suya con él hoy imputado.
Ambos sonrientes, retadores.
Faltaba más.
Poco faltó para que alguien convirtiera en tendencia el #TodesSomosAndrés.
Ya no estaba para entonces Javier Palou en el ayuntamiento.
No despachaba más en su oficina de la Coordinación Ejecutiva de la Presidencia.
García Viveros —experto, además, en intrigas— había logrado sacarlo del corazón de Claudia y del equipo fundador.
Era un estorbo para sus planes y su cártel administrativo.
Javier era demasiado honesto, demasiado puro, como para admitir los excesos de su contraparte.
En varias ocasiones presentó su renuncia en protesta por el viraje de la administración de Claudia, propiciada, en buena medida, por García Viveros y la omnipresencia del ex gobernador José Antonio Gali Fayad a través de decenas de sus personeros, quienes se fueron adueñando —como la humedad— de las áreas claves: la obra pública, las licitaciones, las adjudicaciones, las áreas administrativas.
Y todo con la feliz anuencia y complicidad de la presidenta municipal.
Javier fue el primero en llevarle el tema del acoso sexual a Claudia Rivera.
Estaba indignado, molesto, muy irritado.
La joven víctima habló con él para pedirle ayuda.
Tras reunirse con la presidenta y exponerle el caso, Javier salió decepcionado de su amiga y compañera de lucha.
Entendió que la línea dura de García Viveros se había impuesto.
Poco después, hizo maletas y salió del Palacio Municipal.
No regresó jamás.
García Viveros, entonces, llegó a su cargo y ensució la oficina.
En una reciente entrevista en el programa Las Intimidades Colectivas, que transmitimos por Facebook, le pregunté a Claudia Rivera sobre Javier Palou.
—Javier Palou, ¿ausencia que te duele?
—¡Ay, Javier es mi compañero de lucha y siempre lo voy a seguir queriendo!
—Pero ya no está en el equipo.
—¿Cómo sabes?
Y guiñó el ojo antes de soltar una carcajada.
Si todo se arreglara con risas y evasivas estos momentos le serían realmente cómodos.
Para su desgracia, no es así.
Claro que Javier es una ausencia que les duele a las verdaderas —pocas— feministas que aún quedan.
Su salida marcó el fin de una época y el arribo total del acosador sexual y el omnipresente Gali.
Marcó, igualmente, otro derrotero: el arribo de Claudia Rivera a la connotación que Rosa Luxemburgo daba a las señoras burguesas que “balarían como corderos dóciles en el campo de la reacción conservadora y clerical si obtenían el derecho al sufragio”.
La candidata dejó de actuar “como leona en la lucha en contra de los ‘privilegios masculinos’”, diría nuevamente Rosa Luxemburgo, para ser abiertamente cómplice de los acosos sexuales, entre otros.
Nota Bene. La vinculación a proceso de Andres García Viveros dejó mudos a periodistas y activistas metidos en la nómina de Claudia Rivero.
Mudos, hasta la ignominia.
Los que menos, reprodujeron un video en el que ésta medio se deslinda del acosador, medio reprueba los posibles delitos y dice abiertamente que le resulta muy sospechosa la acción de la Fiscalía en estos tiempos electorales.
¡Tanto luchar por desterrar la violencia en contra de las mujeres para acabar de cómplices de los abusadores!
¡Qué cerdos, qué marranos, qué cochinos!
***Hay otras pistas de nuevos abusos en contra de las mujeres al interior del ayuntamiento de Puebla que conducen a Gonzalo Castillo Pérez, síndico municipal.
De esta finísima persona se cuentan historias en las que florecen —como nardos y azucenas— tramas de malos tratos, hostigamientos y otras lindezas.
Pronto habrá noticias.