Andrés el Acosador y su Madrina Protectora
Foto: Milenio
La noticia enmudeció a Claudia Rivera Vivanco, candidata a la presidencia municipal de Puebla en modo reelección.
No sólo a ella: también a las feministas que la han venido acompañando en el ayuntamiento de Puebla y a las activistas que andan en campaña.
Algo ha quedado claro: la lucha en contra de los acosadores sexuales es total, siempre y cuando el acosador no sea el hombre fuerte en la administración de Rivera Vivanco.
Cuando éste es el caso, el silencio se impone como una plegaria sospechosa.
Está dicho que nadie debe cuestionar al acosador del ayuntamiento que responde al nombre de Andrés García Viveros, coordinador ejecutivo de la Presidencia hasta las 9 de la noche del martes 24 de mayo, cuando un juez lo imputó en una trama de hostigamiento sexual en contra de una chica (llamémosla X) que fungió en 2019 como secretaria de la mismísima Claudia Rivera.
La Fiscalía General del Estado solicitó la medida cautelar de prisión preventiva justificada, pero la defensa de García Viveros manifiestó que existe un juicio de amparo (el 471/2021, otorgado por el juzgado segundo de distrito), por lo que se le concedió la suspensión del acto reclamado.
En ese sentido, la libertad de García Viveros quedó a disposición del juez de distrito, por lo que ministerio público solicitó diversas medidas cautelares.
La más importante: que a partir de las nueve de la noche de este martes, nuestro personaje debió haber dejado su importante cargo en lo que el proceso que enfrenta en calidad de imputado llegue a su fin.
García Viveros no podrá abandonar el estado en ese periodo, deberá presentarse a firmar cada quince días en el juzgado y tendrá prohibido acercarse a la víctima de hostigamiento sexual o a su domicilio.
Como quien esto escribe lo ha venido publicando desde el 10 de diciembre de 2020, el virtual vicepresidente del ayuntamiento de Puebla —el hombre fuerte de Claudia Rivero— acosó sexualmente a una subordinada suya en distintos momentos hasta que ésta terminó siendo despedida y defenestrara por la mismísima Claudia Rivera
HISTORIA DE X
X comenzó a trabajar en el Ayuntamiento de Puebla el 17 de abril de 2017 y fue adscrita a la Oficina de la Presidencia.
De ahí fue promovida a la Secretaría Particular y, a finales de febrero de 2019, fue designada como asistente personal de Claudia Rivera.
Lo que prometía un meteórico ascenso terminó convertido en una historia de vejaciones y maltratos.
“El trato de la Presidenta Municipal hacia mí, siempre fue de una manera grosera, déspota y humillante: siempre recibí malos tratos por parte de la Presidenta Municipal; cuando tenía oportunidad, ésta me sobajaba, me gritaba y sin importar quien se encontrara presente, en vez de llamarme por mi nombre, me decía ‘inútil’ o ‘eres una vergüenza como mujer’”, asienta X en la denuncia que interpuso —el 8 de diciembre de 2020— en contra de la hoy candidata, García Viveros y “quien resulte imputado” por los delitos de “hostigamiento sexual y los que resulten”.
El 9 de abril de 2019 es una fecha que X tampoco olvida.
En los campos del panteón de La Piedad, un acto que debía organizar el Instituto Municipal del Deporte —en coordinación con Giras y Logística, Comunicación Social y Diseño— resultó todo un fiasco.
En el mejor estilo del exgobernador Rafael Moreno Valle —aunque sin celulares de por medio, pero sí insultos por doquier—, Claudia subió a X su camioneta y comenzó la retahíla.
“Cuando subí comenzó a gritarme y a decirme que iba tener que contratar a un hombre para hacer mi trabajo porque yo como mujer era incapaz, también me dijo que ella a mi edad no ganaba lo que yo estaba ganando, menospreciando mi trabajo. Las vejaciones duraron aproximadamente 20 minutos, todo ese tiempo estuvo gritándome y fue lo que duró el traslado de los campos de La Piedad hacia su domicilio”.
A esa condición de terror laboral se sumó una más:
El acoso y hostigamiento sexual de Andrés García Viveros.
“Empezó a mandarme mensajes inapropiados vía WhatsApp y las ocasiones que tenía que tratar con él en vivo, siempre se dirigía a mí de forma grotesca y asquerosa, es decir, lasciva y haciéndome alusiones sexuales, porque hacía referencia hacia mi persona, mi cuerpo, mi forma de vestir y sonidos desagradables, me mandaba mensajes que iban más allá del tema laboral, es decir, hostigándome no solo personalmente, sino sexualmente pues me pedía que saliéramos a comer, y me mandaba mensajes por WhatsApp…”.
X recurrió a Ángel Soto Limón, secretario particular de la presidenta municipal, en busca de auxilio.
La respuesta que recibió fue que no podía hacer nada, y hasta corría el riesgo de que lo corrieran si intervenía.
El asuntó escaló, y gracias a Javier Palou García, que tomó el asunto para ponerle fin, fue que Claudia Rivera tuvo conocimiento de las andanzas de García Viveros.
Pero las consecuencias fueron peores.
El 29 de enero de 2020, en las oficinas municipales ubicadas en el emblemático inmueble conocido como la ex Cementera, el hoy imputado encaró a la asistente personal para reclamarle y amenazarla.
“Él muy enojado me dijo que por qué yo lo quería manejar como acoso sexual y le dije que porque así había sido y que lo que sucedió era algo grave, que él me había mandado los mensajes y yo tenía la evidencia, a lo cual respondió que ya sabía la presidenta y que lo iba a apoyar, yo le dije que yo no quería problemas solo quería trabajar y el respondió que no debí haberlo rechazado y que me preparara porque lo peor estaba por llegar ”.
¿A qué se refería García Viveros con “lo peor estaba por llegar”?
La misma agraviada lo asienta en su denuncia:
“Mejor no te pongas pendeja (me dijo), ni se te ocurra difundir nada, porque así como soy capaz de hacer cosas buenas, también hago cosas peores; hay mujeres que han desaparecido por eso”.
Severamente angustiada, X tomó valor y decidió llevar ella misma el caso ante la presidenta municipal.
Y nuevamente se topó con la peor cara de Claudia Rivera:
“Me dijo: ‘Ya tengo conocimiento de los mensajes, a mí no me vengas a contar tus cosas que ya lo sé, si tienes problemas arréglalo con él, a mí no me molestes; y ni se te ocurra denunciar o difundir los mensajes porque entonces sí es contra mí y mi gobierno y no vas a salir bien de ésta’”.
La mafiosa intimidación quedó flotando como daga envenenada.
Después sobrevino lo mismo que sufre quien tiene la valentía de denunciar: la revictimización.
X fue cambiada de lugar de trabajo y sometida a otra humillación.
“Me relegaron en un escritorio apartado; a todos se les permite tomar té o café acompañado de galletas, sin embargo, sólo se me permitía tomar agua, sin que me pudiera levantar ni siquiera para ir al baño, además de prohibirles a mis compañeros hablarme”.
Al final, el 3 de junio de 2020 fue despedida de manera fulminante, “y aunque no lo merecía” le “harían el favor” de pagarle dos semanas.
LAS RESPUESTAS FURIOSAS
Una vez que publiqué fragmentos de la denuncia en contra de Claudia Rivera y García Viveros, varias funcionarias del ayuntamiento —todas ellas abiertamente feministas— salieron a las redes sociales a lavarle la cara al acosador y a su jefa.
En la historia reciente de Puebla no se había visto tanta protección femenina a un acosador como el hoy imputado.
Menos aún había constancia de que activistas probadas avalaran con su silencio las bajezas que éste cometió en contra de una mujer.
Algunas de estas feministas llegaron al extremo de tomarse fotografías con el acosador y publicarlas en Twitter.
El mensaje que enviaron fue brutal:
“Heme aquí limpiándole la cara a este hijo de la madre naturaleza”.
Si lo hicieron por órdenes superiores, fue terrible.
Si lo hicieron por convicción, fue igualmente terrible.
Claudia Rivera fue la primera en solapar los constantes acosos de su funcionario favorito, al grado de hacerle la vida imposible —entre gritos y vulgaridades— a la joven víctima.
Tras una temporada de expresiones histéricas, humillaciones y otras lindezas, la presidenta optó por pedirle su renuncia a la joven.
Como ésta no la quiso firmar —pues atentaba contra sus más elementales derechos laborales—, instruyó a los policías que custodian el Palacio Municipal que le impidieran el paso.
¿El fin?
Acusarla de abandono de empleo.
Así siguió esta película:
Bajeza tras bajeza, ufff, lo que incluyó en su momento las más diversas amenazas.
¿Qué quería este par?
Impedir que la víctima hablara para que nadie tuviera noticias del infierno que vivió.
El plan, ya se ve, falló rotundamente.
Por eso —ahí se explica todo— tuvo que idearse otra estrategia:
Ordenarle a mujeres sensatas e inteligentes —con buena fama pública— que minimizaran los hechos, que se hicieran las que no sabían, que se retrataran con Andrés el Acosador…
En otras palabras:
Mujeres impecables limpiándole el rostro.
Eso es lo que han estado haciendo, en demérito —eso creen— de la joven mujer que sufrió un doble acoso: sexual (con García Viveros) y laboral (con la presidenta municipal).
El problema para todos los alevosos protagonistas de esta infame trama es que hay una víctima, y es mujer.
Esa infamia terminó por salpicar a quienes jugaron el lamentable papel de proxenetas.
Las Poquianchis, créame el hipócrita lector, se quedaron cortas.
FINAL CON SORDINA
Lo trascendente de esta trama es que Claudia Rivera —quien se dice defensora de las mujeres—tiene al brazo más importante de su gobierno vinculado a proceso por un delito Sexual en agravio de su ex asistente personal.
En una entrevista reciente, Rivera Vivanco me dijo que no estaba enterada de los hechos que hoy abren un capítulo inédito en la vida pública poblana.
—Pero la víctima dice que protegiste a García Viveros y que la revictimizaste —insistí.
Siguió en la misma actitud: negando los hechos y diciendo que no estaba enterada.
Después de varias horas de un silencio ominoso, por fin la candidata habló.
Empujada por la situación, y sin mencionar de nombre al acosador, se deslindó a medias de éste.
A la feminista le duele lo que está pasando su compañero de ruta: su mejor amigo de la universidad y del INEGI.
Su hombre fuerte, pues.
