Último minuto
Viernes, 25 de Septiembre de 2026
Puebla 13°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

Los abusos de morenovallistas detonaron la violencia de Pahuatlán

Los abusos de morenovallistas detonaron la violencia de Pahuatlán

Pahuatlán ha aportado una cuota de sangre al actual proceso electoral, por los sucesos que ayer dejaron 3 muertos, 2 heridos, daños al palacio municipal y un ambiente de crispación. El origen de esta violencia no se reduce a los hechos de este miércoles, sino tiene sus orígenes en los abusos que instaló, solapó y alentó el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas al dejar que surgiera un férreo cacicazgo en la figura del matrimonio de Arturo Hernández Santos y Guadalupe Ramírez Aparicio.

Por haber surgido como un pueblo mágico en el sexenio morenovallista, en particular Rafael Moreno Valle Rosas siendo el gobernador de Puebla le ponía mucha atención a lo que ocurría en Pahuatlán, a diferencia de otros municipios a los que siempre los ignoró.

Como parte de esa fijación, Moreno Valle decidió que en 2013 el entonces regidor de Gobernación del ayuntamiento de Pahuatlán, Arturo Hernández de los Santos, se convirtiera en el candidato a la alcaldía bajo las siglas del PRD, un partido que se volvió satélite del morenovallismo.

Y luego en la sucesión de 2018, Martha Erika Alonso Hidalgo –en su calidad de nueva líder del morenovallismo—decidió que a Guadalupe Ramírez Aparicio, la esposa del entonces edil Arturo Hernández,  la postularan como candidata a alcalde de Pahuatlán por la coalición del PAN y el PRD, quien al final ganó la elección.

La manera en que ese matrimonio escaló de ocupar una regiduría a repetir dos veces, cada uno de ellos, al frente del ayuntamiento, se hizo siguiendo la ortodoxia del morenovallismo de repartir mucho dinero para comprar votos y luego castigar, reprimir, a los que se oponían.

Arturo Hernández, cuando fue alcalde entre 2014 y 2018, se ciñó al etilo morenovallista de únicamente dirigir los apoyos del ayuntamiento a sus incondicionales. Sin embargo, buscaba guardar un limitado equilibrio entre el centro del municipio, donde hay una población mayoritariamente de mestizos, con las comunidades, barrios e inspectorías que tienen una mayoría de habitantes indígenas de la étnias otomí y náhuatl.

Quien ha sido más radical es Guadalupe Ramírez, quien en el actual gobierno ha tenido un comportamiento faccioso de que el ayuntamiento solamente presta atención a los ciudadanos sumados al PAN y el PRD, ignorando al resto de la población.

En alguna ocasión los alcaldes auxiliares por escrito le pidieron a la edil apoyo uniforme, equitativo, para todas las comunidades del municipio y la presidente municipal, simplemente los ignoró.

Para ella solo merecen atención como autoridad quienes votaron por ella. Los demás son ignorados o reprimidos por la presidencia municipal.

Esa situación ha generado un fuerte malestar social y una profunda división política en el municipio.

En la población hay un hartazgo del cacicazgo del matrimonio de Arturo Hernández Santos y Guadalupe Ramírez Aparicio, que llevan controlando el ayuntamiento, desde diferentes posiciones, casi 11 años. Nada se mueve, si ellos no lo disponen. Sin contar que se dice que su patrimonio inmobiliario creció desmesuradamente.

Y por si fuera poco, ese mismo matrimonio garantizó que la candidatura de la coalición del PAN, el PRI y el PRD, quedara en manos de Enrique Castillo, conocido en el pueblo con el sobrenombre de “Chatarra”, para tuvieran otro trienio más medrando con el ayuntamiento de Pahuatlán.

El modelo de compra de votos, de condicionar los servicios municipales y los apoyos económicos que brinda el ayuntamiento a la población, funcionó bien para frenar en 2018 la ola lopezobradorista en Pahuatlán.

A tal grado que se dice que el propio Rafael Moreno Valle Rosas le habló por teléfono a Arturo Hernández para felicitarlo por el triunfo, y palabras más, palabras menos, le habría dicho:

“Ay, cabrón, tú sí te la sacaste con tú esposa, ni yo pude con mi mujer”, en alusión a que luego de los comicios de 2018 había un fuerte litigio de Morena contra el fraudulento triunfo de Martha Erika Alonso en la elección de gobernador de ese año.

El modelo de control y de represión del matrimonio de Arturo Hernández Santos y Guadalupe Ramírez Aparicio se ha venido agotando, ya que el PAN y el PRD marchan muy abajo en las preferencias electorales.

El problema es que esta dupla de un exedil y la actual presidenta municipal ha dejado polarizado al municipio.

Por un lado, están agrupados los mestizos, los comerciantes y ganaderos, y por otro los indígenas que quieren acabar con el cacicazgo de la pareja Hernández-Ramírez. Esa diferencia se ha venido expresando en constantes amenazas de violencia de un lado y de otro, que ayer ya provocó que la sangre llegara al río.

Hay un candidato independiente, llamado Eduardo Romero, apoyado por el exedil Fidel Castillo, que va a arriba en las encuesta y su campaña electoral se dirige a frenar el cacicazgo de la pareja de Arturo Hernández Santos y Guadalupe Ramírez Aparicio.

Otro candidato fuerte es Benjamín Ramírez, originario de la comunidad de Xolotla, que tiene la peculiaridad de ser un hombre callado, que no le gusta hablar en público, que es poco expresivo, pero atrás de él hay varios grupos de activistas jóvenes que se encargan de hacer proselitismo y actúan de manera radical, a veces muy violenta, contra los otros 8 rivales.

Los grupos de todos los frentes creen que elección se va a ganar confrontando violentamente a los adversarios. Esa es la consecuencia de un cacicazgo que desplazó a la política y dio paso a la confrontación permanente.