Manual de cómo perder una elección
Acción Nacional en Puebla, al parecer, está empeñado en escribir el verdadero manual de cómo perder una elección, la cual, a inicios de año, si bien, no parecía fácil, si arrancaba con cierta ventaja para este partido en la entidad.
2020 cerró como un escenario desastroso para Morena en el estado, sobre todo por el tema de la pandemia, las muertes ocasionadas por la misma, la grave crisis económica, la inseguridad y un creciente rechazo entre las clases medias al gobierno de López Obrador, al cual, algunos hoy se empeñan en volver a colocar en altos niveles de aceptación, lo cual es parcialmente cierto.
Una y otra vez en este espacio hemos demostrado que la popularidad del presidente López se asemeja a la que en su momento han tenido otros mandatarios como el defenestrado, Felipe Calderón; incluso, inferior a lo que en su momento podía presumir el innombrable Carlos Salinas de Gortari.
He leído que la vacuna ya cobró el milagro de volcar la elección a favor de Morena, que el adelanto en la entrega de los programas sociales para los adultos mayores ya también se ve reflejado en las encuestas y que el partido del presidente gana con cualquier personaje que postule, lo cual me parece una verdadera patraña.
Lo cierto es que Acción Nacional en Puebla es el responsable de que hoy exista un terrible desencanto social, mismo que obedece a una percepción social de decepción hacia la política en general y a todos los partidos. La gente no advierte alternativas y mucho menos ve una razón objetiva de voto.
La dirigencia estatal del albiazul, en manos de Genoveva Huerta, se encargó de dinamitar a su marca, de hacerle todo el daño posible con la imposición de candidatos, la designación del grupúsculo con el cual mantiene el control de este instituto político, los escándalos de tipo sexual que envuelven a su asesor “estrella” “Rasputeam” Alcántara, como el mismo se hace llamar, y el pésimo manejo de la situación por designación de candidatos, ya que no ha existido un adecuado manejo de daños.
El resultado, Acción Nacional hoy es un partido que genera desconfianza entre los ciudadanos. El único partido que era visto como una alternativa, hoy francamente luce como una marca sin rumbo, sin dirección, en manos de oportunistas que solo buscan el poder por el poder.
Toda el área conurbada que lucía recuperable para el panismo poblano, e incluso plazas como Tehuacán o San Martín, hoy están de hecho pérdidas para la alianza y solo Puebla capital se mantiene aferrada al clavo ardiente de la popularidad de su candidato, el ex alcalde capitalino, Eduardo Rivera Pérez.
La incapacidad de la dirigencia estatal del albiazul es tal, que ni siquiera ha podido capitalizar a su favor, la terrible división interna que vive Morena en Puebla, producto del proceso de selección del candidato de este partido en la principal ciudad del estado, la capital.
Un cisma de esta magnitud en donde el bando estatal y el municipal se disputan la plaza, ya hubiera sido suficiente para que el albiazul pudiera ampliar su ventaja, a días de que arranque la campaña; pero no ha sido así, lo que evidencia que la dirigencia estatal es incapaz, pero también, pareciera ya haber vendido la elección y bajado las banderas.
Este último factor que comienza a ganar terreno, el de haber vendido la elección hace también que cada día se caiga la confianza ciudadana en la marca panistas y alienta la poca participación de los ciudadanos, lo cual juega a favor del gobierno y de Morena.
Reitero, Acción Nacional en Puebla escribe un manual de cómo perder una elección, la cual, si bien es cierto, no se veía para nada ganada, ahora se prevé puede ser el Waterloo electoral del albiazul en el estado y cuyas consecuencias para este partido finalmente pueden ser funestas.
La derrota panista podría volver a esta fuerza política a una situación marginal en los próximos años, lo más cercano a lo que le ocurrió al PRI, luego de la derrota electoral del 2010, pero con consecuencias aún más funestas para este instituto político.
La extinción panista en Puebla es viable, debido a la crisis interna que vive este instituto político y su presidenta estatal, Genoveva Huerta, parece estar empeñada en pasar la historia como la persona que terminó con el panismo en la entidad.
Lo único que la hace falta para cumplir con su cometido es terminar de hundir la campaña de Eduardo Rivera Pérez y hay evidencias sólidas de que lo va a dejar solo el día de la elección.
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Ricardo Morales Sánchez
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