Censores con Guillotina (o el Ridículo Nuestro de Cada Día)
No sé si fue Octavio Paz o Gabriel Zaid quien dijo que el último stalinista moriría en una universidad pública en México.
El pronóstico casi se cumple, de no ser por la reciente aparición del Comité de Salud Pública del Ayuntamiento de Puebla, creado para guillotinar —metafóricamente hablando— a los enemigos de su revolución.
Ignorantes como son de la historia —salvo Leobardo Rodríguez y Liza Aceves—, los integrantes del Frente Ciudadano contra las Campañas Negras son los modernos Robespierre y Danton que terminarán enviándose a la guillotina, entre ellos, algún día.
Son el ejemplo aldeano de esa frase del revolucionario francés Vergniaud: “la Revolución devora a sus propios
hijos".
Metidos como están en salvar a su jefa —Claudia Rivera Vivanco—, nuestros Robespierre’s tienen en René Sánchez Galindo —analfabeto funcional que cobra como secretario de Gobernación con licencia— a uno de sus líderes más conspicuos.
Este pobre hombre —y no es fake news— a duras penas sabe hablar y escribir.
Eso sí: es lo suficientemente adulador como para mantenerse cerca de Claudia.
(Tampoco esto es tan difícil).
Para ellos, todo entra en la órbita de la nota falsa, aunque esté suficientemente documentada.
Y algo peor:
Son incapaces de señalar a alguien por su nombre.
(El Comité de Salud Pública de la revolución francesa cuando menos daba pelos y señales de sus enemigos).
Tanta generalización ahoga el impulso de acabar con las lacras sociales.
Tendrían que ser más enfáticos y directos, evitando los discursos cantinflescos de Sánchez Galindo, quien, en su pasado oscuro, fue abogado —y muy malito— de una panista-calderonista (¡horror!).
El nombre de su antigua jefa es Miriam Arabian.
Cuando ella fue diputada federal, Sánchez Galindo cobró como su abogado.
Faltaba más: fue más lo que prometió que lo que dio a ganar.
(¿Cómo le hizo nuestro personaje para pasar al lado revolucionario de la historia luego de ser un vibrante colaboracionista del panismo? He ahí un enigma).
Tienen la guillotina lista.
Tienen al verdugo encapuchado.
Usan una mesita como de Tribunal de Pueblo.
Tienen la mirada seria de los jacobinos.
Son tan patéticos como los Comités de Defensa Revolucionaria de San Blas, San Blas.
Son nuestros cómicos de la lengua.
Sólo les faltan sus palmeras.
(Les podría recomendar a algunas).
Ojalá nos duren muchos años para seguir documentando el ridículo público de cada día.
¡Bivan los eroes que nos dieron patria, ornato y onradez!
Elecciones bajo Murciélago. En Madrid, las elecciones extraordinarias del 4 de mayo serán inéditas.
(En México, las elecciones de junio también tendrían que serlo).
Los votantes mayores de 65 años de edad —o que presenten alguna discapacidad— acudirán a votar entre las diez de la mañana y las doce del día.
Y quienes tengan al murciélago volando sobre sus cabezas —con enfermedad activa de covid o sospecha de tenerla— irán entre las 7 y las 8 de la noche.
No estaría nada mal que el INE —como parte de su ritual de despedida de la vida política nacional— contemplara acciones similares, pues de lo contrario las elecciones mexicanas serán equivalentes a un fin de semana en la playa en Semana Santa.
Es decir: un largo túnel de contagios.
Si Colosio no Hubiera Muerto. Su sexenio habría sido un desastre.
De entrada, habría roto con Carlos Salinas de Gortari.
Luego, se habría dedicado a hacer negocios.
Tras la muerte de su mujer, por cáncer, se hubiese llenado de mujeres y celebraciones.
Y antes de que concluyera su mandato, el PRI ya estaría más frito que una mojarra.
Tras entregarle el poder a Fox, se habría retirado a su rancho de Magdalena de Kino, Sonora, a disfrutar la vida, pero la ambición lo habría llevado a asesorar a Peña Nieto en 2012.
Otra vez en el poder, la fiesta lo llevaría de nuevo a las mujeres y el alcohol.
Un 23 de marzo de 2018 sería sorprendido por un infarto fulminante en un hotel de Las Vegas.
Hoy estaríamos recordándolo con enorme pesadumbre.
La pesadumbre de haber tenido un mal, terrible, presidente.
