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Marín confiaba en que a través de Armenta volvería a influir en la política poblana

Marín confiaba en que a través de Armenta volvería a influir en la política poblana

Alejandro Armenta Mier desde hace varias semanas tenía ya una planificación muy avanzada para intentar ganar la alcaldía de la ciudad de Puebla. Entre sus avances se encontraba una robusta estructura de activistas en por lo menos la mitad de las colonias de la capital, varias promesas de importantes aportes económicos para financiar los gastos de actividades proselitistas y ya había decidido quien sería su coordinador de campaña. El problema es que una parte importante de todos esos recursos venían del marinismo. Por eso, primero la detención del ex gobernador Mario Marín Torres, y en segundo lugar, la aprehensión del ex secretario de Gobernación, Valentín Meneses Rojas, derrumbó su proyecto como un castillo de naipes.

En el entorno de Alejandro Armenta Mier para nadie es un secreto que el legislador nunca se cortó el cordón umbilical con Mario Marín Torres y que el exgobernador veía en el senador de Morena, la oportunidad de volver a influir en la política poblana, aunque no fuera desde un gobierno del PRI.

Y en Morena, esa situación se percibió desde que arrancó la campaña electoral de 2018, pues en varias ocasiones el pago de autobuses o de ayudas alimentarias para asistentes a actos públicos se hacían en un inmueble aledaño a la casona de la 2 Sur 3703, en la colonia El Carmen Huexotitla, que era la sede de notaría pública 53, cuyo titular es Mario Marín Torres, quien desde la semana pasada está preso en Cancún, Quintana Roo.

Esa vinculación con el grupo de Marín, incluía que el priista Javier López Zavala –quien en 2010 perdió la gubernatura– ya estaba listo para incorporarse a la eventual campaña de Alejandro Armenta, como coordinador de todo el proyecto político o en la promoción del voto, pues como secretario de Desarrollo Social del marinismo tejió una importante red de comités vecinales en las colonias populares de la capital.

Armenta tenía muchas posibilidades de obtener la candidatura, por encima de los ocho aspirantes que se anotaron a la contienda interna de Morena para elegir el candidato a edil. Había tres factores claves:

Primero: cuando el líder de los senadores morenistas Ricardo Monreal Ávila pactó apoyar la campaña de Mario Delgado para ganar la presidencia nacional de Morena, que fue una ayuda decisiva, convino con el segundo de ellos una serie de candidaturas que incluyó a su hermano David, quien ya es aspirante a la gubernatura de Zacatecas, y la de Alejandro Armenta Mier, para la alcaldía de la ciudad de Puebla.

Segundo: en todas las encuestas Armenta aparecía como el mejor posicionado para contender contra el PAN por la alcaldía de la capital, rebasando a la edil Claudia Rivera Vivanco que enfrenta un fuerte desgaste por el ejercicio del poder y la negativa de amplios sectores del electorado de aceptar la reelección de autoridades locales.

Tercero: el senador había demostrado tener una estructura solida de seguidores en la capital y la zona metropolitana.

Sin embargo, todas esas ventajas competitivas se han venido abajo por la caída de Mario Marín, quien fue detenido luego de estar prófugo de la justicia por un año y 10 meses por el llamado Lydiagate.

Aunque el factor que más incluyó fue la repentina detención de Valentín Meneses, el exvocero y secretario de Gobernación del marinismo. Esta aprehensión vino a demostrar que los escándalos de abuso de poder y corrupción que caracterizaron al gobierno de Marín pueden alcanzar a los que fueron parte de esa administración, en la cual Armenta jugó un papel protagónico.

Sumisión al marinismo

Armenta siempre para guardar las apariencias argumenta que su carrera política inició en el sexenio de Manuel Bartlett y que sirvió por igual en la administración de Melquiades Morales Flores y la de Mario Marín Torres. No obstante, con el marinismo obtuvo sus cargos públicos más importantes –en el ámbito local– y por esa razón nunca, por ningún motivo, ni por accidente, el senador formula la más mínima crítica, en público y en privado, en contra de Mario Marín Torres.

Es ampliamente conocida la sumisión que Armenta ha tenido hacia el exmandatario priista, mejor conocido por la opinión pública nacional como “el góber precioso”.

Un ejemplo de esa relación es lo que pasó a finales de 2009 con la entonces presidente nacional del PRI, la tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel. Esto fue lo que ocurrió:

Marín ya había decidido que el candidato del PRI a la gubernatura sería, contra viento y marea, Javier López Zavala, que no ganaba en ninguna encuesta. Y por ningún motivo dejaría pasar la postulación del ex edil Enrique Doger Guerrero, a quien consideraba su enemigo político, y de la alcalde de la capital en ese momento, Blanca Alcalá Ruiz, a quien no quería como parte de su misoginia.

Ante ese panorama, una muy preocupada Beatriz Paredes pidió audiencia con Marín para externarle que con López Zavala iban camino a la derrota segura.

El gobernador, en tono retador, le dijo que si le demostraba que había alguien mejor, que no fuera ni Alcalá o Doger, él estaba dispuesto a quitar a López Zavala de candidato. De manera sorpresiva la dirigente del PRI le dijo que si había alguien: Alejandro Armenta.

Mario Marín respondió: que si ella ponía el financiamiento para la campaña y el trabajo político, estaba dispuesto a que fuera Armenta, quien era presidente estatal del PRI.

Al salir de la reunión, Paredes buscó a Armenta y le dijo que se preparara para ser el candidato.

A continuación, Armenta fue a ver a Marín para decirle que no aceptaría el proyecto de Beatriz Paredes, que él era leal al marinismo hasta la ignominia. Y lo ha sido.